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Venezuela: Armamentismo a paso de vencedores

En un período de apenas 10 años, comprendidos entre 1998 y 2007, Venezuela subió del lugar 56 al puesto 24 en el ranking mundial de mayores compradores de armamento convencional. Estos datos fueron recientemente difundidos por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), cuya base de datos acerca de la transferencia de armas en el planeta se ha convertido en una referencia para monitorear los procesos de militarización global. Sólo para el año 2007, según el SIPRI, Venezuela fue el mayor comprador de equipo bélico de América latina – por ejemplo, 40 lugares más arriba de Colombia-, ocupando el noveno lugar a nivel mundial y gastando sólo 4 millones de dólares menos que Israel, para un total de 887 millones de dólares.

Desde el año 1998 el país latinoamericano es gobernado por el presidente Hugo Chávez, contando para su carrera armamentista con la mayor bonanza económica vivida por la nación en las últimas 3 décadas, producto de los altos precios del petróleo –su principal rubro de exportación- y una agresiva política neoliberal de recaudación de impuestos. A pesar de las múltiples evidencias en contra –Estados Unidos representa su principal socio comercial-, el gasto en armas es justificado por la actualización de la infraestructura castrense ante una presunta e inminente “invasión imperialista”. Paradójicamente, el 96% de los aparatos de guerra adquiridos provienen de Rusia, cuyas transacciones son promocionadas por el gobierno bolivariano como “rompiendo el bloqueo impuesto por el imperialismo contra Venezuela”.

En la última década, Venezuela ha gastado en armas convencionales la suma de 1.708 millones de dólares. A esta cifra habría que sumarle las compras de lanchas de guerra (66 unidades por 300 millones de dólares), los fusiles de asalto AK-103 (100.000 unidades por 54 millones de dólares) y diversos contratos de transferencia tecnológica. Estimaciones de la propia industria rusa de armamentos han revelado que el total de transacciones armamentistas con el país caribeño asciende a los 4.000 millones de dólares. Sin embargo en octubre del 2007 Serguéi Ladiguin, representante de la empresa Rosoboronexport, afirmó que las expectativas de la industria eran que las compras venezolanas duplicaran o triplicaran la cifra. Ladiguin precisó que los dos países preparaban nuevos contratos de suministro de buques, aviones de guerra y helicópteros de combate, así como de diversos tipos de armamento para el Ejército de Tierra. Los otros países a los que Venezuela compra armamento son China y España.

Entre los equipos obtenidos por el gobierno de Hugo Chávez se encuentran aviones de combate SU-30MK y MIG-29, helicópteros Mi-17, Mi35 y Mi-36 así como fragatas y aviones de transporte de tropas. Rosoboronexport, la exportadora estatal rusa, anunció la próxima instalación de tres fábricas militares: una de fusiles, otra de municiones y la última para reparación de helicópteros.

Esta carrera armamentista es parte de un creciente proceso de militarización experimentado por la sociedad venezolana, el cual incluye el uso de militares activos en diferentes niveles de los poderes públicos y la incorporación de civiles como miembros de la llamada “reserva” para la ejecución de labores de seguridad, defensa e inteligencia.