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El silenciamiento de la voz de la resistencia femenina en Siria

Anna Kaminski de CodePink

Tras los atentados del 11 de septiembre, todas las miradas se han girado hacia Oriente Medio. Ya sea Egipto, Bahréin o Palestina, los estadounidenses son inundados a diario con noticias sobre la crisis en el mundo árabe. Mientras los medios informan ampliamente sobre los acontecimientos que ocurren en Oriente Medio, la visión occidental sobre este tema es bastante limitada. Tanto el discurso político como los medios han contribuido a caracterizar Oriente Medio como un lugar inherentemente violento. Ya sean las palabras poco acertadas del Presidente Obama, que de manera regular propaga una visión orientalista a través de su lenguaje, la retórica de las noticias las 24 horas o la perspectiva orientalista y racista manipulada por la industria del entretenimiento popular, la campaña de difamación contra el cada vez más mítico Oriente Medio y contra el Islam no sólo parece que esté ganando terreno sino también parece haberse puesto de moda.

Desafortunadamente la caracterización de Oriente Medio como un lugar violento no se limita solamente a la época post 11 de septiembre, si no que tiene sus raíces en siglos de prejuicios y estereotipos sobre los hombres árabes. Esto ha dado lugar a que se crea que los hombres árabes son agresores fundamentalistas. Por lo general las mujeres se han quedado fuera de esta historia. Su inclusión, a menudo, sólo refuerza la opinión de que los hombres árabes son de alguna manera inherentemente violentos u opresivos y que las mujeres son víctimas del patriarcado, impotentes y espectadoras pasivas, no sólo de la guerra, sino también en lo que respecta a los logros culturales.

Además de todo esto, existe un número limitado de expertos que se centren en estudiar a las mujeres árabes que han aportado contribuciones importantes al panorama cultural y político del mundo árabe. En lugar de centrarse en los logros de las mujeres árabes, lo común es la condenación académica de las normas de género y del patriarcado en Oriente Medio. Esto es cierto no sólo de los académicos, sino también de los periodistas, los activistas de derechos humanos y los políticos que saben poco sobre el paisaje cultural del mundo árabe. Mientras que el enfoque universalista de los derechos humanos puede ser eficaz para llamar la atención sobre las graves violaciones que se dan en naciones como Arabia Saudita y Bahréin, el discurso que rodea a los derechos de la mujer en el mundo árabe ha carecido, por lo general, de reconocimiento de las mujeres árabes que participan o lideran los movimientos por la igualdad y la paz. Los discursos públicos y académicos han fracasado a menudo a la hora de incluir relatos de mujeres disidentes, pensadoras y artistas que han participado activamente en países como Siria.

Si bien es parcialmente cierto que ha habido menos mujeres escritoras, artistas e intelectuales, es importante señalar que las historias de las mujeres y los artefactos culturales son simplemente difíciles de encontrar. También es importante comprender que las historias de logros de mujeres árabes han sido suprimidas y falseadas en occidente por la imagen del agresor masculino. Esto no siempre ha sido hecho deliberadamente, sino que ha sido más bien el resultado de la investigación histórica y cultural que casi siempre gira en torno a la guerra. La imagen del hombre agresor ha jugado a favor de los líderes estatales como Bashar Al-Assad, que utilizaba estereotipos orientalistas en su beneficio, reforzando el tropo visual del ‘rebelde’ macho agresivo. Este tropo visual ha ayudado a occidente aún más a la hora de justificar su participación.

Las mujeres suelen estar infrarrepresentadas tanto en el ámbito académico como en los diálogos públicos sobre la resistencia en Oriente Medio. El discurso que rodea el conflicto sirio en occidente, se ha centrado poco en los artistas y disidentes intelectuales que están liderando el movimiento de resistencia contra Assad tanto desde Siria como en la diáspora de refugiados en el Reino Unido, Líbano y Jordania. Mientras que el diálogo ha sido productivo a la hora de mostrar un aspecto clave de la resistencia no armada, también se ha visto dominado por narrativas masculinas de la guerra. Por lo tanto, el imaginario televisado de la post-guerra, también ha sido definido y forjado por los hombres.

A comienzos de la revolución en 2011 las mujeres se involucraron mucho en la resistencia contra el Estado como parte del movimiento llamado ‘Libertad y Dignidad’ que tenía como objetivo infundir temas feministas al movimiento de resistencia principal contra el régimen de Al-Assad. Este compromiso surge de la larga historia de participación de las mujeres en Siria. Las mujeres activistas no sólo se han comprometido con la sociedad civil y el sistema político, sino que muchas también han participado activamente en organizaciones clandestinas como el Partido de Acción Comunista y participaron en la expresión creativa que se enfrentó a la violencia sistémica y que criticó al Estado. Hoy más que nunca es importante acabar con el silenciamiento de las voces de resistencia femenina armada tanto dentro de Siria como en la diáspora de refugiados que han dado lugar a colectivos de artistas sirias en ciudades de todo el mundo.

Samar Yazbek, autora de Una mujer en el fuego cruzado: Diarios de la Revolución Siria (A Woman in the Crossfire: Diaries of the Syrian Revolution) y Miriam Cooke, autora de Siria Disidente: Oficializando las artes de oposición (Dissident Syria: Making Oppositional Arts Official) son dos de los pocos expertos que están trabajando para mostrar el papel de las mujeres en Siria en la actualidad. Ambas quieren demostrar que las voces de las mujeres han existido bajo el intento de silenciarlas y se esfuerzan por dar a conocer a las mujeres involucradas en el conflicto a través del uso de protestas creativas y sus esfuerzos de movilizar y mejorar las condiciones en ciudades como Homs y Alepo. Yazbek, que se incorporó al Ejército Libre Sirio en 2011 y 2012, hace referencia a esto cuando se habla del papel de las mujeres en la revolución siria, “La idea de un levantamiento llevaba años gestándose… nos movilizamos a través de Facebook, a través del arte y la escritura.” En una entrevista personal con la artista siria Hala Abo Saeed, reiteró este sentimiento. “El arte es uno de los medios de cambio más fuertes. Es una herramienta eficaz para desafiar y cuestionar el régimen político. En consecuencia, el régimen sirio ha reprimido a muchos artistas e intelectuales.”

El trabajo de Hala incluye retratos de mujeres embrujadas que llegan al público y expresan su angustia y muestran el efecto de la guerra sobre el individuo. Su más reciente exposición en solitario en Jada, una galería de Amman fundada por un grupo de artistas y disidentes sirios en la diáspora, ofrece no sólo un retrato de lo que es la guerra, sino más bien, de lo que ésta hace.

Arte de resistencia

El trabajo de Hala y el de otras artistas como ella es sólo una pequeña parte de lo que las mujeres están haciendo tanto para resolver problemas humanitarios a nivel local como para llamar la atención sobre la enorme devastación social e infraestructural en Siria. Aunque las acciones de las mujeres han existido bajo el silenciamiento, las mujeres han continuado activas y comprometidas con las soluciones y la noviolencia.

Esta participación de las mujeres ha dado lugar a iniciativas como el Centro de Documentación de Violaciones (Violations Dcoumentation Center) y la Red de Mujeres que Trabajan por la Paz (Women Waging Peace Network), que trabajaron directamente con The Day After Project para desarrollar un plan para la reconstrucción de Siria tras la guerra. Por otra parte, el Foro Sirio de Mujeres para la Paz desarrolló la Carta de las Mujeres Sirias para la Paz, que establecía una hoja de ruta para el final de la guerra. Esta hoja de ruta se presentó en Ginebra II en enero de 2014. Otra iniciativa del Foro de Mujeres para la Paz es el proyecto de los ‘Muros de la Paz’, que hace que las mujeres participen pintando murales en las paredes de los cementerios para que sirva de recordatorio de que la vida continuará tras esta guerra.

Es de vital importancia que las voces de las mujeres sean legitimadas a través de la atención de los medios occidentales. Con demasiada frecuencia en occidente se caracteriza a las mujeres árabes, si es que se las menciona, como las víctimas sin voz en un mundo desgarrado por hombres agresores, tiranos y terroristas. Si se cambian las historias para que incluyan más voces femeninas, esto no sólo modificaría el panorama social y político de la post-guerra, sino que también podría ayudar a alcanzar antes esa post-guerra. Esto requiere ante todo tratar el tema de los estereotipos de las mujeres árabes. Requiere que los activistas, los expertos y los periodistas vayan más allá de las historias de la guerra que se centran en la batalla y se centren más en las mujeres que se dedican a la resistencia noviolenta. Mientras que la narrativa de la guerra ha sido formada por la imagen del “hombre árabe agresor”, las mujeres se encuentran al frente del movimiento por la paz. Las mujeres han llamado la atención sobre las graves violaciones de los derechos humanos, y también han trabajado de manera creativa para desarrollar soluciones tangibles y crear una hoja de ruta para la paz. Sus esfuerzos no sólo merecen ser reconocidos, sino que ese reconocimiento podría hacer avanzar el proceso de paz.