Image linked to donate page Image linked to Countering the Militarisation of Youth website (external link) Image linked to webshop

Inicio de sesión

Interface language

Diaspora link
Facebook link link
Twitter link
 

Antecedentes de la objeción de conciencia en Colombia

En Colombia se empezó a hablar de la objeción de conciencia en el año 1988 mediante un grupo de personas (intelectuales, académicos, filósofos, abogados y representantes de iglesias, entre otros) que, con el ánimo de discernir sobre el tema, reclamaba el porqué del servicio militar obligatorio para jóvenes.

En 1991, aprovechando el cambio de la constitución política colombiana, durante la Asamblea Nacional Constituyente, el Colectivo por la Objeción de Conciencia y el programa Objetores por la Paz de la Iglesia Menonita, se movilizaron y desarrollaron una campaña para que el tema de la objeción de conciencia fuera incluido en las mesas de trabajo. Durante todo este año se hicieron diversas acciones como marchas, ruedas de prensa, movilización de colegios y un plebiscito de 6.000 firmas que se entregaron a la secretaria de la Asamblea Nacional Constituyente. Gracias a esta movilización, se logró que la Constituyente debatiera el tema y se abrió un espacio explícito en la nueva constitución política encaminado a garantizar la libertad de conciencia de la población colombiana (artículo 18).

Por la misma época, nació también la Red Juvenil de Medellín, una organización comunitaria que reivindica los derechos juveniles, entre otros la objeción de conciencia, desde la noviolencia y la desobediencia civil.

En 1994 ocurrió un hecho significativo: al presentar su declaración pública como objetor de conciencia, el joven Luis Gabriel Caldas León fue encarcelado y sometido a la clandestinidad hasta que Amnistía Internacional lo acogió como preso de conciencia y efectuó acciones frente al gobierno, hecho que tuvo incidencia internacional.

También en este año, Colombia participó en el primer Encuentro Latinoamericano de Objetores de Conciencia en Paraguay, y fue sede del 9º Encuentro Internacional de Objetores de Conciencia, que contó con la participación de todos los continentes, evento que logró llamar la atención de los medios y ampliar la trascendencia del mismo.

En el año 2000 se creó la Acción Colectiva por la Objeción de Conciencia en Colombia, una convergencia de varias organizaciones de Bogotá, que estaban interesadas en fortalecer su trabajo entorno a la objeción de conciencia.

Entre los años 2002 y 2004 se desarrolló la campaña 'Juventudes desde la Noviolencia Activa Resistiendo a la Guerra', una campaña promovida por varios procesos juveniles de distintas regiones del país entorno a la noviolencia, la objeción de conciencia, el antimilitarismo y la resistencia civil. Fue uno de los primeros pasos hacia la conformación de un espacio de articulación a nivel nacional alrededor de la objeción de conciencia, que luego, en septiembre del 2005, se convirtió en la Asamblea Nacional de Objetores y Objetoras de Conciencia.

Durante los últimos años se han desarrollado 4 asambleas nacionales, también se realizó un seminario-taller en el cual se abordaron alternativas jurídicas para jóvenes objetores de conciencia y, en julio del 2006 en la ciudad de Bogotá, se realizó un encuentro internacional de solidaridad por la objeción de conciencia en Colombia con la presencia de varios delegados internacionales de movimientos de objeción de conciencia y resistencia a la guerra, donde nació la iniciativa de consolidar una red internacional de apoyo al proceso de objeción de conciencia en Colombia.

Como, a diferencia de otros países, la objeción de conciencia en Colombia se ha desenvuelto en medio de una confrontación armada entre el estado, grupos insurgentes y grupos paramilitares, con múltiples causas y factores que inciden, el derecho a objetar por conciencia se ha referido no sólo al servicio en el ejército estatal, sino también y de manera integral, al servicio coactivo en todos los demás grupos armados, a todas las expresiones del militarismo en la vida cotidiana (como el machismo y autoritarismo), y a los sistemas y modelos, como el modelo económico neoliberal, que lo sustentan.