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Mover el dinero

Jo Ram

En octubre del 2015, el partido conservador del Reino Unido (conocido como los tories) propuso cambios en la normativa sobre las políticas de adquisición y los fondos de pensiones del sector público para evitar que el gobierno local fuera capaz de desinvertir y boicotear. Los tories han señalado a las campañas antiarmamentistas y de boicot, desinversión y sanciones (BDS), alegando que estas socavaron la política exterior del gobierno del Reino Unido.

En el comunicado de prensa original, no se mencionó la prohibición de la desinversión en combustibles fósiles. Sin embargo, el anuncio se hizo menos de un mes después de que los ambientalistas publicaran un mapa y una base de datos en Internet con información detallada de las inversiones de los fondos de pensiones de autoridad nacional del Reino Unido, donde se incluyeron los montos invertidos en las 200 empresas más importantes de la industria de los combustibles fósiles. La base de datos llamó mucho la atención, pues hasta el momento inspiró 46 campañas populares en contra de la energía fósil y fue citada por el fondo de pensiones del organismo ambiental del Reino Unido como un factor que motivó la decisión de desinvertir tomada recientemente.

An action calling for divestment in the USA.An action calling for divestment in the USA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la actualidad, la desinversión es una herramienta importante para el movimiento ambientalista, que protegeremos a toda costa. La ola actual de campañas de desinversión en combustibles fósiles comenzó hace algunos años en los campus de las universidades estadounidenses y se ha establecido con firmeza en el Reino Unido. Es una táctica que ha revitalizado al movimiento ambientalista y sumado a muchas personas nuevas al activismo. En el día de movilización anual “Show the Love” que tuvo lugar en febrero del 2015, se llevaron a cabo más de 50 acciones en todo el Reino Unido centradas en universidades, bancos, fondos de pensiones, ayuntamientos y más.

Por supuesto, los activistas que luchan contra la energía fósil no son los primeros en usar la desinversión como método para lograr el cambio social. Nos sumamos a una amplia tradición que incluye al movimiento de BDS dirigido por los palestinos y a los movimientos antitabaco, antiapartheid y antimilitaristas. Incluso dentro del activismo ambiental hay una herencia de campañas culturales en favor de la desinversión. Muchos de estos movimientos siguen usando este método con el propósito de deslegitimar a las corporaciones y los regímenes opresivos y coloniales, y quitarles la “licencia social para operar”.

A pesar de no participar activamente en los movimientos de Palestina y los movimientos antimilitaristas, siento que tengo una conexión con las distintas luchas a partir del uso compartido de una herramienta poderosa. Muchos dentro del movimiento ambientalista sintieron que toda prohibición —incluso aunque no estuviera referida directamente al movimiento ambiental— podría sentar un precedente peligroso y socavar el poder popular y las democracias locales. Por eso, en respuesta a esta situación, los activistas de los movimientos de BDS, los movimientos antimilitaristas y ambientalistas aunamos esfuerzos para contrarrestar las propuestas de los tories. También nos estamos oponiendo en conjunto a los cambios en la normativa relativa a la adquisición pública y el boicot, aunque hoy en día esta última no es una herramienta tan utilizada dentro del movimiento ambientalista como la desinversión.

Para las audiencias que terminaron el 19 de febrero, armamos una petición en Internet entre varias organizaciones que fue firmada por más de 20.000 personas. Luego, publicamos una carta abierta a los concejales locales para que firmen en oposición a estas políticas y, en la actualidad, estamos creando una estrategia para iniciar acciones legales en el futuro. Los vínculos entre el clima y los movimientos antimilitaristas ya existen: varios individuos extraordinarios adoptan medidas directas en cuestiones climáticas y antimilitaristas. La campaña “Arms to Renewables” de la organización Campaign Against the Arms Trade y el día de acción “Wind not Weapons” en DSEI (la feria de armas más grande del mundo) son algunos ejemplos inspiradores del año 2015 donde se ve el trabajo reciente realizado entre varios movimientos. Tal vez, el fortalecimiento de los vínculos ha sido la consecuencia inesperada de las propuestas alarmantes de los tories.

La solidaridad y el trabajo en conjunto entre los movimientos son importantes porque la lucha de los activistas ambientalistas y antimilitaristas están indefectiblemente interrelacionadas. Aunque en términos técnicos el cambio climático se produce por la concentración excesiva de los gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera de la tierra y la degradación análoga del entorno natural de nuestro planeta y su capacidad de autorreparación, en realidad es más que nada producto de la sociedad mundial que se organiza en torno de los principios de explotación de un complejo militar-industrial.

La clase política (es decir, el estado, los militares y sus amigos del sector corporativo) no solo están involucrados en el cambio climático por la cantidad de gases de efecto invernadero que emiten a la atmósfera, sino también porque son los creadores y los custodios de las estructuras violentas que protegen de manera sistemática los intereses de la élite mundial a expensas de la mayoría de los pueblos del planeta. La concentración excesiva de los gases de efecto invernadero y la degradación ambiental son simplemente un subproducto de esta explotación estructural. La clase política queda impune por los delitos contra el medioambiente y la humanidad aprovechándose de la ansiedad general que está presente en las sociedades capitalistas e industriomilitares. Este punto se menciona en el libro The Secure and the Dispossessed, que pone de manifiesto los mitos ocultos detrás de los relatos dominantes de “seguridad energética”, “seguridad hídrica”, “seguridad alimentaria” y “seguridad de los recursos”. Las luces no están por apagarse, pero ese relato le permite a la clase política justificar la fracturación hidráulica, la privatización del agua, la agricultura industrial modificada genéticamente, la militarización de las fronteras y otras políticas similares en nombre de la defensa del ambiente, aunque esas políticas engendren inseguridad, temor e impulsen el cambio climático.

En verdad, lo que se necesita para defender al medioambiente es la democracia, la justicia, la solidaridad, la consolidación de la paz y la generosidad. La descarbonización del sistema energético y económico es —obviamente— fundamental, pero no es suficiente para la cruzada por un mundo con baja emisión de carbono. La democracia es vital porque el control corporativo de los recursos ha sido un impulsor clave del cambio climático; la justicia es esencial porque distintas comunidades de todo el mundo se han visto afectadas de manera diferente; la solidaridad es primordial porque las luchas están interrelacionadas; y la consolidación de la paz y la generosidad son elementales porque la violencia fomenta la inseguridad, que a su vez causa y exacerba los delitos contra el ambiente y la humanidad. Me alientan las palabras del libro de Rebecca Solnit A Paradise Built in Hell, una investigación de las comunidades afectadas por desastres que revela que, mientras que el estado siempre responde con temor —”pánico de élite”— y acciones militares, la gente común y corriente responde a los desastres, entre ellos los fenómenos meteorológicos extremos, con determinación y compañerismo.

Las acciones eficaces en favor del ambiente son aquellas soluciones que abordan las causas fundamentales de la injusticia y anulan los relatos dominantes de “seguridad”. Hay un componente marcado en el movimiento de desinversión contra la energía fósil que incorpora la justicia y la democracia: los activistas son partidarios de que los fondos desviados se reinviertan en la economía local de manera tal que genere beneficios sociales y ambientales y que la gente común pueda participar de manera significativa en la toma de decisiones relativas a la reinversión. En su versión más transformadora, el proceso de desinversión y reinversión propone transferir la riqueza a las energías comunitarias renovables, la creación de viviendas asequibles de buena calidad, la educación gratuita, las guarderías infantiles gratuitas, el acceso universal a la atención sanitaria, un sistema energético justo y equitativo, un sistema decente de bienestar social para que nadie viva con ansiedad y otros fines sociales. Los activistas están trabajando para asistir mediante la desinversión y la reinversión a las comunidades afectadas en el hemisferio sur y, más cerca de casa, las campañas de justicia ambiental están generando soluciones positivas, democráticas y de baja emisión de carbono para la reinversión; por ejemplo: la campaña “Switched on London”, que es un llamamiento a las autoridades del Gran Londres para que establezcan una empresa de suministro de energía que esté 100% en manos de la gente.

La respuesta a los ataques recientes de los tories contra la desinversión y el boicot ha demostrado que muchos activistas ambientales y antimilitaristas comparten una misma idea y tienen un sentido de compañerismo. Ahora, nuestra labor es seguir en esta dirección de todas las formas posibles. Al hacerlo, unimos eficazmente los puntos entre la crisis climática y el complejo militar-industrial, y reconocemos que nuestras luchas —y soluciones— están interrelacionadas.

Jo Ram es cofundadora de Community Reinvest y activista climática: www.communityreinvest.org.uk

Traducción al español: Mayra Cavilla