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El militarismo y la justicia medioambiental

Por Shin Soo Yeon, Green Korea United

Corea del Sur, junto a Estados Unidos, está llevando a cabo maniobras militares conjuntas a gran escala como la Operación Key Resolve/Foal Egle (entre el 7 de marzo y el 30 de abril de 2016). Durante la operación, EEUU movilizó portaviones nucleares, submarinos nucleares, bombarderos estratégicos y otros activos militares. Las maniobras de este año incluyeron un gran número de tropas de EEUU y de la República de Corea, con un total de 17.000 tropas americanas y 300.000 coreanas.

Por su naturaleza, estas maniobras son estratégicamente agresivas y tienen como objetivo preparar un ataque preventivo contra Corea del Norte, atacando a su liderazgo a la vez que se simulan planes para la captura directa de su capital, Pyongyang.

Los medios de comunicación consideran la magnitud de estas maniobras como una clara señal de aviso por parte de los EEUU como respuesta a la cuarta prueba nuclear y al lanzamiento del cohete de largo alcance realizados por Corea del Norte. Sin embargo, estas maniobras militares agresivas no pueden considerarse como el camino hacia la nueva etapa en las relaciones entre Corea del Norte y del Sur. Cada vez que se lleva a cabo una maniobra militar de envergadura, se crea un círculo vicioso que lo único que consigue es aumentar la crisis y el riesgo de un conflicto militar entre las dos Coreas. Los activistas por la paz gritan ante la Embajada de EEUU en Seúl consignas como “Dejad de tocar los tambores de guerra. No a las maniobras militares”. Estos activistas también realizan protestas y marchas para acabar con las maniobras.

La base militar causa una amplia gama de problemas medioambientales

Hay que resaltar de manera urgente los problemas medioambientales causados por las actividades militares. A consecuencia del militarismo, los ciudadanos de Corea están amenazados por problemas medioambientales que se manifiestan en distintas formas. Desde la contaminación acústica – causada por el constante despegue y aterrizaje de los aviones de guerra y por los campos de tiro; hasta la contaminación del suelo y de las aguas subterráneas por los vertidos de petróleo; pasando por la contaminación del agua por la descarga de aguas residuales y la contaminación por metales pesados a causa de los disparos de munición real. Los casos de daños medioambientales en zonas residenciales, incluyendo el accidente de Ohgyeok, han sido extensos y generalizados.

La superficie de Corea es pequeña y la mayoría de los terrenos utilizados con fines residenciales están próximos a instalaciones militares. El año pasado se dieron varios casos de balas perdidas que entraban por las ventanas o tejados de los hogares de los residentes de la zona de Pocheon. En zonas como Pyeongtaek y Daegu, donde hay una gran concentración de bases militares estadounidenses, los niveles de contaminación del suelo a causa del petróleo y metales pesados son muy altos. El desarrollo de zonas próximas a antiguas bases militares estadounidenses para convertirlas en parques, colegios e instalaciones industriales, a menudo ha conllevado el descubrimiento de más contaminación. En 2014 los ciudadanos de Chuncheon sospechaban y desconfiaban de los esfuerzos del gobierno para asegurar la limpieza de contaminantes en los alrededores de las instalaciones militares estadounidenses así que decidieron crear un equipo de monitorización de la radiación. Por aquel entonces, cuando Camp Page (antigua base militar estadounidense ahora utilizada por la República de Corea como base de la aviación) estaba siendo reutilizada en Chuncheon, el nivel de contaminación por petróleo fue considerado muy alto, con los niveles de contaminación por hidrocarburos totales de petróleo (TPH, en inglés) 100 veces por encima del nivel admisible. En 2011 un soldado estadounidense retirado dijo haber sido testigo de un accidente con una ojiva nuclear en el silo nuclear de Camp Page al sur de Chuncheon. Esto supondría una descarga nuclear.

Exención militar

La falta de acceso a la información es la principal causa de la desconfianza y preocupación de los ciudadanos respecto a la contaminación medioambiental. La información sobre la contaminación medioambiental dentro de las instalaciones militares es considerada secreto estatal y es muy difícil de conseguir, más aún cuando se trata de las instalaciones de las Fuerzas de Estados Unidos en Corea (USFK, en sus siglas en inglés).

El año pasado ocurrieron dos incidentes. Uno de ellos fue en la base de las USFK de Pyeongtaek en relación a la importación y ensayos con muestras de ántrax. Cuando salió a la luz que muestras de ántrax (conocido por ser utilizado en la construcción de armas de destrucción masiva) habían sido importadas, probadas y utilizadas en entrenamientos, un gran número de activistas crearon una gran red; en una semana 8.500 personas reclamaron la imputación de los responsables de estas acciones. También se entregó al Departamento de Defensa una petición con 10.500 firmas para que se investiguen las distintas alegaciones. Otra petición posterior para una entrevista fue denegada. No sólo los envíos consiguieron llegar hasta la base de las USFK de Pyeongtaek sino que también ha sido revelado que se han llevado a cabo experimentos con muestras de ántrax y de la bacteria de la peste en la base militar estadounidense de Yongsan en Seúl.

Sin embargo, según el gobierno de Corea del Sur, las muestras han sido eliminadas de manera segura. Debido a los altos riesgos asociados con estas sustancias, el ejército estadounidense suele llevar a cabo estos experimentos en zonas desérticas. Es increíble que este tipo de experimentos se hayan llevado a cabo en una zona densamente poblada y que nadie haya asumido la responsabilidad por tales acciones. El gobierno también informó de que dará a conocer los resultados de una investigación sobre la contaminación interna en la base de Yongsan en una disposición privada. Lo que está en juego es encontrar resultados o información objetiva sobre la investigación medioambiental sin embargo, debido a la naturaleza sensible de las negociaciones sobre la devolución de las bases militares, el gobierno dice estar preocupado sobre la divulgación pública de sus conclusiones ya que podría poner en peligro el proceso. En la actualidad se está interponiendo una demanda judicial contra el gobierno exigiendo la divulgación completa de sus conclusiones.

¿Quién paga la limpieza del medioambiente?

No sólo los humanos se llevan la peor parte de los costes que conlleva operar una base militar. Los residentes de Gangjeong y los activistas por la paz llevan nueve años de lucha contra la construcción de la base naval de Jeju a lo largo de una costa virgen que es el hogar de especies en peligro de extinción y colonias de corales blandos que componen un “monumento natural”. La armada recibió autorización para proceder con las obras a condición de que las colonias de corales blandos que componen el “monumento natural” fuesen protegidas. Sin embargo, los resultados del seguimiento continuado llevado a cabo por los residentes y los grupos medioambientales a lo largo de los años han mostrado que el hábitat de los corales blandos ha sufrido importantes daños y deterioro. La alianza EEUU-ROK lleva a cabo maniobras militares conjuntas bajo el pretexto de seguridad nacional. La tensión que se respira en la península es muy evidente y el ruido de sables no ha disminuido, mientras que tanto el gobierno como los principales medios de comunicación consideran la promoción del militarismo y el avivamiento de la carrera armamentística la única solución. Al público se le niega el acceso a la información y aun así los contribuyentes son los que pagan la factura por los daños medioambientales causados por el militarismo. ¿Acaso es esto justo o apropiado? ¿Conseguirá el dinero restablecer el daño medioambiental causado?

Bryan Farrell, en su estudio sobre los “costes medioambientales del militarismo” ha llegado a la conclusión de que el mayor asalto individual al medioambiente en todo el mundo proviene de las Fuerzas Armadas de EEUU. La actividad militar está sembrando acres de uranio empobrecido y otras sustancias tóxicas en ecosistemas de todo el planeta. Además, la política de seguridad medioambiental del instituto nacional de investigación dice que “…aunque no existen pruebas precisas basadas en una investigación concreta, no hay casi ninguna duda sobre el papel que juega la militarización como factor importante en la contribución al calentamiento global y la destrucción de la capa de ozono…”i (afirmación basada en datos históricos). Es más, cuando se observan las estimaciones nacionales e internacionales de consumo de petróleo por los ejércitos, tanto durante periodos de guerra como en épocas de paz, no hay ninguna duda de que el militarismo es justificadamente considerado como el factor principal del cambio climático.

Constituye un escándalo la afirmación hecha por los gobiernos por un lado para promover y trabajar por la paz, mientras se destruyen los ecosistemas y por otro preparándose para una guerra sin fin, desperdiciando valiosos recursos mientras se arrasa el planeta vertiendo desechos. Si continuamos siendo meros observadores pasivos somos también cómplices de posponer la "justicia ambiental" y la "justicia climática". Ha llegado el momento de que los movimientos por la paz y ambientales trabajen juntos en solidaridad si queremos que se haga verdadera "justicia".

i Bae Jae Jin, Military role in promoting environmental security policy, 2014