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Los límites de la obediencia

Yesh Gvul's Peretz Kidron revisa el rechazo selectivo, una invención israelí para resistir a la ocupación dentro del ejército.

El "rechazo selectivo" constituye un cambio significativo respecto a las formas tradicionales de resistencia antimilitarista llevadas a cabo por los pacifistas o los objetores de conciencia que rechazan de plano el servicio militar o la participación en las acciones militares. El rechazo selectivo surgió en Israel a partir de las circunstancias particulares de soldados y reservistas que en principio no se oponían al servicio militar -o incluso a participar en combate cuando éste está justificado como último recurso para resistir una agresión, si se han agotado todos los demás medios- pero que sin embargo objetan, por motivos políticos y/o morales, a una misión o campaña concreta.

Si bien ya se habían dado casos de insumisos anteriormente, el "rechazo selectivo" entró en escena de manera significativa por primera vez durante la invasión de Líbano por parte de Israel en 1982. Cientos de reservistas que fueron llamados a participar en la campaña se negaron a luchar, sobre todo cuando el primer ministro Menahem Begin la definió como "una guerra de elección", es decir, que no era absolutamente esencial para la defensa de Israel. El estallido de la guerra llevó a la creación de Yesh Gvul (Hay una frontera / Hay un límite) que organizó un apoyo activo para los insumisos. Yesh Gvul tuvo constancia de al menos 168 insumisos que fueron encarcelados -algunos varias vecesdurante esa campaña. Pero el rápido crecimiento del movimiento de rechazo selectivo hizo más cautelosos a los mandos militares, y muchos insumisos no fueron castigados, sino que se les trasladó a otros destinos dentro de Israel.

El movimiento de rechazo selectivo se convirtió en un caballo de batalla de la coalición antibélica, ayudando a movilizar a la opinión pública a protestar contra la sangrienta y vana campaña. Además de impulsar la actividad antibélica, los insumisos también ejercieron una presión inesperadamente fuerte sobre los centros de decisión militares y políticos. Sabemos por boca del propio general Moshe Levy, a la sazón jefe del ejército, que el crecimiento del movimiento de rechazo, y "el miedo a que la cifra de insumisos pudiera crecer de cientos a miles y decenas de miles", fue uno de los principales motivos de la recomendación del alto mando militar de suspender la campaña en 1984.

Durante la primera intifada palestina de 1987 se produjo una nueva oleada de rechazos selectivos, en la que cientos de soldados se negaron a tomar parte en la campaña de represión del Pueblo Palestino (de nuevo, la gran mayoría eran reservistas y con muy pocos, jóvenes reclutas que cumplían su servicio obligatorio de 3 años). Una vez más, los insumisos ayudaron a atizar la oposición, que a la larga contribuyó a la decisión del Gobierno israelí de asistir a la conferencia de Madrid, accediendo por primera vez en su historia a sentarse en la misma mesa que una delegación palestina. La intifada actual ha vuelto a impulsar la aparición de nuevos insumisos selectivos. Más de 100 soldados, entre reservistas y jóvenes a la espera de ser reclutados, se han comprometido a negarse a tomar parte en la represión contra el Pueblo Palestino.

Unos 200 insumisos han sido encarcelados hasta la fecha. Han surgido nuevos grupos de insumisos, que por primera vez cuentan entre ellos a un número considerable de jóvenes reclutas. Yesh Gvul mantiene su campaña de repartir octavillas en los centros de transporte del ejército, las universidades y los institutos de bachillerato, en un esfuerzo por educar a los soldados y reservistas para que se nieguen a tomar parte en crímenes de guerra o violaciones de derechos humanos.

Yesh Gvul está convencido de que el rechazo selectivo es un medio muy valioso de oponerse al militarismo, por el paradójico motivo de que la resistencia procede desde dentro del propio ejército, de soldados y oficiales que proclaman su voluntad de cumplir con sus deberes de legítima defensa y que, por lo tanto, no pueden ser despreciados como simples "cobardes" o "haraganes".

La promoción de este tipo de resistencia precisa de un esfuerzo educativo persistente y duradero, para enseñar a los soldados a asumir la responsabilidad -legal, moral y política- de sus actos, aun cuando tales actos sean llevados a cabo en cumplimiento de órdenes. Nuestro objetivo es inducir a los soldados a plantearse las órdenes de sus superiores, y cuando encuentren que tales órdenes sean "flagrantemente ilegales", a negarse, incluso a riesgo de ser castigados.

Esta estrategia descansa sobre un concepto amplio de responsabilidad civil de un ejército que actúa en nuestro nombre. Respetamos las convicciones de aquellos que se niegan a realizar cualquier clase de servicio militar, pero no nos parece que esto constituya un cumplimiento adecuado de tal responsabilidad. Un individuo puede calmar su conciencia diciendo "mis manos están limpias de esta abominación", pero la abominación continuará a menos que actúe para detener las indignas acciones del ejército, ya sea en guerras fuera de sus fronteras o en la opresión de la población local. El rechazo selectivo constituye una acción de este tipo, en el sentido de que ejerce una presión valiosa y muy efectiva desde dentro del propio ejército.

En un giro innovador, el rechazo selectivo aplica los principios de la desobediencia civil noviolenta, propugnada por los pioneros Ghandi y Martín Luther King Jr, a la menos "civil" de todas las formaciones, el ejército. La distinción que se establece entre deberes militares legítimos y no legítimos, es un instrumento de valor para el movimiento antibélico, ayudando a educar a un público sometido a un lavado de cerebro "patriótico" por parte del estamento militar y político. Estamos convencidos de que el modelo israelí de rechazo selectivo, y la campaña educativa y política que le brinda apoyo, se puede y se debería aplicar en todos los ejércitos.