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El conflicto del agua y la energía en Asia central

Sanjar Saidov

Uno de los factores latentes en el proceso de integración entre los países de Asia central es la cuestión del agua y los recursos energéticos de la región. Los antecedentes históricos de la situación actual se remontan a la época de la ex Unión Soviética. En ese tiempo, la región dependía de un sistema unificado de agua, energía y administración socioeconómica a nivel de Unión; la distribución de los recursos importantes, incluyendo el agua y los recursos energéticos, manaba desde el centro, es decir, desde Moscú. El colapso de este sistema centralizado, junto con la independencia nacional obtenida por los países de Asia central, cambió no sólo el estatus socioeconómico sino también la situación geopolítica de la región. Esto evidencia la gran importancia de las fronteras estatales que adquirieron un nuevo significado tras la caída de la URSS. Los sistemas anteriormente unificados ahora poseen un carácter transfronterizo. Los conflictos sobre el agua (los ríos transfronterizos de Amu Daria y Sir Daria) y la energía entre los países de la región son un claro ejemplo de ello. En parte, esto contribuye al aumento de la militarización (sobre todo en las zonas fronterizas) y, en ocasiones, ha provocado enfrentamientos directos entre los estados de Asia central.

Por ejemplo, Tayikistán y Kirguistán por un lado, y Uzbekistán por el otro, siguen en conflicto en torno a la construcción de las plantas hidroeléctricas de Rogunsk y Kimbaratinsk (Kambarata-1). Mientras que Tayikistán pone énfasis en la ubicación de la estación hidroeléctrica y su derecho a construir los proyectos hidroeléctricos para resolver los problemas energéticos del país, Uzbekistán está constantemente confirmando que su posición está en total concordancia con los lineamientos de la ley internacional.

Es por ello que oficialmente Uzbekistán suele referirse a la Convención de la Naciones Unidas sobre la Protección y Utilización de Cursos de Agua Transfronterizos del 17 de marzo de 1992, así como también a la Ley de Usos [No Navegables] de Cursos de Agua Internacionales del 21 de mayo de 1997. La cuestión sobre Rogunsk activó la participación de Uzbekistán en organismos internacionales involucrados en la búsqueda de una solución a los problemas del agua a nivel mundial, tales como el Consejo Mundial del Agua y la Comisión Internacional de Grandes Presas (ICOLD por sus siglas en inglés). Oficialmente, Taskent ha activado también la organización y realización de varias conferencias regionales e internacionales sobre el agua en Uzbekistán.

La actual fase de esta disputa sobre el agua y la energía comenzó en el 2008, y desde entonces Taskent y Dusambé (oficialmente Biskek es menos activo) han estado desplegando importantes esfuerzos diplomáticos para iniciar conversaciones internacionales sobre los problemas de las grandes estaciones hidroeléctricas. Estos esfuerzos diplomáticos han ido acompañados de guerras informativas entre ambos estados vecinos. Los siguientes ejemplos hablan de los intentos de cada estado por atraer el apoyo de una tercera parte para mediar en el conflicto.

Las naciones continúan enfrentadas, mientras que al mismo tiempo, la militarización y los incidentes fronterizos en la región están en aumento. Por ejemplo, en febrero de 2010 hubo incidentes en la frontera de Uzbekistán y Tayikistán, y en diciembre de 2010 los hubo entre Uzbekistán y Kirguistán. Estos hechos sólo exacerbaron las ya difíciles relaciones entre las repúblicas vecinas.

Asimismo, recientemente los presupuestos militares de los países de la región han crecido constantemente. Uzbekistán reserva la mayor parte a defensa, con un presupuesto militar que supera el 10% de su PIB y alcanza cerca de los dos billones de dólares.

El 17 de marzo de 2010, en una conferencia de prensa acerca de los resultados de la visita oficial del presidente de Kazajistán a Uzbekistán, los mandatarios de ambos países hablaron en contra de la construcción de las plantas hidroeléctricas de Rogunsk en Tayikistán y de Kambarata-1 en Kirguistán sin consultar la opinión de expertos internacionales. Al mismo tiempo, los partidos aseguran que, en caso de obtener una conclusión positiva de los expertos acerca de dichos proyectos Kazajistán y Uzbekistán podría conformar un consorcio para la construcción de estas grandes centrales energéticas.1

En la sesión de la Asamblea General de la ONU acerca del Decenio Internacional para la Acción “El agua, fuente de vida” 2005-2015, las delegaciones uzbeka y tayika mantuvieron posturas contrarias en torno al problema del Mar de Aral. Durante su visita a Dusambé en enero de 2010, Pierre Morel (Representante Especial de la Unión Europea sobre los países de Asia central) anunció la voluntad de Bruselas de destinar 60 millones de dólares para que Tayikistán construyese un número de estaciones hidroeléctricas pequeñas en vez de una sola grande. 2 El momento crucial en esta guerra diplomática vino el 25 de marzo de 2010, cuando el Banco Mundial declaró su intención de realizar una evaluación experta e independiente de la justificación, los riesgos ecológicos y sociales y los beneficios esperados de la planta hidroeléctrica de Rogunsk. En su declaración, el Banco Mundial enfatizó que su participación en el proyecto de construcción de la planta hidroeléctrica dependía de la confirmación de la conveniencia y viabilidad técnica, económica, ecológica y social del proyecto, así como de las consultas realizadas adecuadamente con los estados interesados en la cuenca del Mar de Aral.

A pesar de ello, la disputa del agua y la energía sigue sin resolver. Ni Biskek ni Dusambé están dispuestos a bajar sus proyectos de construcción de las plantas hidroeléctricas de Kambaratinsk y Rogunsk, aunque los gobiernos de estos países han acordado atender a la opinión experta internacional, gracias a la cual han llegado a acuerdos parciales con la posición de Taskent. A su vez, a Taskent también se le ha conminado a bajar un poco el tono de la discusión, tras lo cual efectuó una nueva declaración donde señaló que nadie pretendió negar los derechos de Tayikistán y Kirguistán a construir las plantas hidroeléctricas, pero que dichas instalaciones deben ser construidas únicamente en caso de existir una conclusión positiva de la opinión experta independiente e internacional.

A nuestro parecer, la solución efectiva y pacífica a las disputas sobre el agua y la energía en la región de Asia central debieran incluir los siguientes elementos

  1. Las disputas entre los estados no deben convertirse en conflictos armados. En el último tiempo, los incidentes armados en las zonas fronterizas de Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán se han vuelto más frecuentes, y el ritmo de militarización se ha acelerado notablemente entre los países de Asia central, lo cual indica que las posibilidades de una salida pacífica al conflicto se han reducido.

  2. Todas las partes en disputa deben unirse en una comisión común de conciliación establecida bajo el auspicio de una organización multilateral con autoridad en la materia. Esta comisión debe tener la potestad para desarrollar un modo mutuamente aceptable de resolver los conflictos sobre el agua y la energía en la región. Estimamos apropiada la demanda de Uzbekistán sobre la necesidad de convocar la opinión experta internacional e independiente acerca de los proyectos hídricos que se han planificado en los ríos transfronterizos de la región. No obstante, tampoco podemos negar la necesidad objetiva de recursos energéticos por parte de los pueblos de Tayikistán y Kirguistán;

  3. Los intereses mutuamente beneficiosos entre los países de Asia central, la diplomacia y el respeto al derecho internacional, así como los derechos de los demás, deben ser las directrices para resolver los problemas acumulados.

Si no seguimos las condiciones señaladas, el conflicto de intereses que se ha desarrollado podría destruir la frágil situación socioeconómica y política de Asia central y podría llevar a la desintegración de la región.

Traducción al inglés: Justin Hoffman

Traducción al español: César Pérez Guarda

Sanjar Saidov es politólogo e historiador empleada actualmente en la Universidad Estatal Urgench, Uzbekistán. Él tiene una relación de larga data a las cuestiones de la seguridad energética, la reforma de las fuerzas armadas y las democracias diversificadas. Su investigación más reciente se centra en el surgimiento y desarrollo de la sociedad civil en Uzbekistán.