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Resistencia a la guerra en Israel: una visión general

Sergeiy Sandler

La sociedad israelí está tremendamente militarizada. No es raro encontrarse con que los niños realicen un desfile militar en la fiesta de fin de año en la guardería. Probablemente, no mucho tiempo después, algunas de sus asignaturas obligatorias las impartirán reclutas vestidos con uniforme militar. Así mismo, el director del colegio de secundaria fácilmente puede ser un oficial militar retirado de grado medio. Por otro lado, los oficiales de rango superior reciben puestos de gestión en el sector público o privado de la economía. Y los generales, si quieren hacer una carrera política, pueden llegar a ministros y, más adelante, asumir con total naturalidad el puesto de Presidente del Gobierno.

En una sociedad militarizada como la israelí, el servicio militar obligatorio se convierte en un instrumento esencial de poder político y en una materia importante de la agenda política. Las desigualdades sociales son reproducidas, reforzadas y a menudo generadas por la política de reclutamiento del ejército. Así, las personas que forman la minoría palestina entre la ciudadanía israelí no son llamadas a filas. Posteriormente esto se utiliza como una excusa para discriminarlas, oficialmente o no, en todas las esferas de la vida. Por ejemplo, cuando alguien busca a un trabajador "con el servicio militar terminado", en realidad puede estar buscando a alguien que no sea árabe. Sin embargo, algunos pequeños grupos entre la minoría palestina (sobre todo la comunidad religiosa drusa) son llamados a filas siguiendo la máxima "divide y vencerás". Dentro de la mayoría étnica judía, los militares refuerzan la desigualdad social entre los géneros y entre las clases sociales. La mayoría de las mujeres judías son reclutadas pero permanecen en el ejército durante un periodo más corto que el servicio militar y se las atribuyen funciones consideradas poco importantes por los militares.

Esto es una prueba del estatus social de las mujeres y de su marginación en el ámbito público (por ejemplo, menos del 10% de los miembros del Parlamento son mujeres). Así, las opiniones de los generales en el ámbito público son consideradas como opiniones autorizadas, mientras que las de las mujeres son calificadas como irrelevantes. A los varones judíos de clase baja, a diferencia de otros varones judíos, se les suele asignar funciones técnicas y de logística para que más adelante -al igual que ocurre en el caso de las mujeres y los soldados drusos- no puedan conseguir considerables ventajas sociales derivadas de su servicio militar.

En la misma línea, eximen del servicio militar a todas las religiosas judías así como a aquellos drusos o varones judíos que se dedican a estudios religiosos. En el caso de los varones judíos de clase alta, este tema se ha convertido en uno de los debates públicos más candentes de la década pasada.

Lo que queremos mostrar con esta breve introducción es que en Israel los militares tienen mucho poder político, que sus políticas raramente se cuestionan públicamente y que el servicio militar es una cuestión de gran relevancia política. En estas condiciones, cualquier tipo de resistencia a la guerra es de vital importancia. De hecho, no ha sido una sorpresa que, desde que comenzó la Segunda Intifada en el 2000, se ha silenciado en gran medida la oposición radical a las políticas israelíes y a los crímenes en los territorios ocupados. Sin embargo, los grupos de resistentes a la guerra se las han apañado para ser noticia en varias ocasiones y tener cabida en la agenda política.

Como ya mencionamos anteriormente, las formas que adquiere la política de reclutamiento dividen la sociedad israelí. Por ello, el movimiento de resistencia a la guerra en Israel está formado por una gran diversidad social y política. Para entender este movimiento puede ser útil una descripción general de esta diversidad. Para comenzar podemos señalar que existen diversos tipos de rechazo al servicio militar obligatorio basados en diferentes motivaciones ideológicas. Los motivos de algunas de las personas que objetan se basan específicamente en el conflicto palestino-israelí y en la ocupación de los territorios palestinos. Otras -pacifistas y anarquistas, por ejemplo-, en cambio, se basan en motivaciones morales y políticas más amplias. Pero esto no significa que podamos dibujar una línea divisoria clara entre estos dos grupos ya que a menudo las diferencias se deben a lo que se da importancia en un momento u otro dentro de la postura global de la persona. Así, algunas personas rechazan cualquier tipo de servicio militar, mientras que otras sólo se niegan a actuar en los Territorios Ocupados.

En lo que se refiere a características sociales, las personas que objetan son también un grupo muy variado. Algunas son adolescentes que rechazan el reclutamiento, mientras que otras tienen entre 20 y 40 años, y se niegan a incorporarse a la reserva. Muchas provienen de familias de clase media, pero también objetan miembros de familias de clase baja, donde destaca un grupo de inmigrantes de la antigua URSS. Algunas pro-vienen de una familia tradicionalmente de izquierdas pero muchas otras pertenecen a familias con un rechazo manifiesto por parte de sus padres y parientes. En ocasiones ocurre que los padres, inicialmente hostiles ante la postura de su hijo o hija, acaban apoyando activamente la causa.

Un grupo importante dentro del movimiento de objeción es el grupo de mujeres. Las mujeres judías son llamadas a filas. Y esto convierte a Israel en el único estado en el que el servicio militar es obligatorio para las mujeres. Así mismo, hay un gran movimiento de mujeres de rechazo al mismo, el único de este tipo en el mundo. La legislación israelí es también anómala en la medida que sólo reconoce la objeción de conciencia para las mujeres y no para los varones. Esto hace que las objetoras se conviertan en un grupo aparte.

Otro grupo interesante es el de los objetores drusos. Como hemos mencionado antes, los varones drusos -a diferencia de otros palestinos ciudadanos israelíes- son llamados a filas. Desde 1956, cuando el Gobierno israelí tomó la decisión de reclutar a los varones drusos, existe un movimiento de resistencia. En términos generales, los objetores drusos se niegan a participar en una guerra étnica contra su propia gente. Por ello, a menudo han pasado más tiempo en prisión que los demás objetores.

Desde que comenzó la Segunda Intifada en septiembre de 2000, el número de personas que han objetado ha aumentado tremendamente. De un goteo de casos se ha pasado a miles. Hasta el momento unos doscientos objetores han sido encarcelados, algunos de ellos repetidamente (hasta ocho veces seguidas). En los últimos años, dos grupos de objetores -the Letter of the High School Seniors (la Carta de los Estudiantes de Secundaria) y Courage to Refuse (Coraje para Rechazar)- han hecho declaraciones colectivas sobre la objeción de conciencia que han generado un intenso debate en la sociedad israelí y en los principales medios de comunicación. Dentro de la izquierda radical israelí, entre quienes se oponen la ocupación de Palestina y a las acciones del ejército israelí en los Territorios Ocupados, el movimiento de objeción de conciencia ha asumido un papel principal y destacado.

Pero de alguna manera, este movimiento político de objetores y objetoras declarados es solamente la punta del iceberg. Según las estadísticas sobre reclutamiento, durante la década pasada ha habido un claro incremento en el número de personas que no se alistan o que se licencian prematuramente, siendo generalmente ellas mismas quienes promueven la irregularidad en el proceso. Esto se conoce como "objeción gris". Algunas de estas personas son licenciadas oficialmente por motivos de salud, de salud mental en la mayoría de los casos. Otras pasan su tiempo en prisión hasta que son licenciadas por motivos de "incompatibilidad". En la misma línea, muchas mujeres consiguen ser declaradas exentas alegando ser religiosas judías, a menudo sin serlo. Así, las personas que se suman a este tipo de objeción, junto a la minoría palestina (que no es llamada a filas a pesar de que según la ley debería hacerse), suponen entre el 55 y el 57 % de la ciudadanía israelí dentro de ese rango de edad.

Resulta complicado determinar los diversos motivos que se esconden tras la objeción gris. Algunas personas se basan en motivos ideológicos y políticos, pero prefieren elegir la forma más sencilla de librarse del ejército sin hacer públicas sus motivaciones. Otras evitan cumplir el servicio militar porque su familia necesita sus ingresos para seguir adelante. Otras, en cambio, desean estudiar o hacer una carrera y consideran el servicio militar una pérdida de tiempo. Muchas otras simplemente opinan que nos las apetece ir al ejército. Este rechazo a cumplir el servicio militar tiene una gran importancia política independientemente de los motivos que estas personas tengan. En la tan militarizada sociedad israelí, no ir al ejército significa rechazarlo, significa rechazar el continuo proceso de militarización en Israel y la estructura de poder que éste genera. Así y de diversas maneras, el variopinto movimiento israelí de objeción de conciencia tiene un papel fundamental en el trabajo de resistencia a la guerra que se lleva a cabo en una de las zonas en guerra más caldeadas del Planeta.