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¿No hay elección respecto a los drones?

Noticias de los Especuladores de la Guerra, nº 45, Febrero de 2015

Chris Cole

El 5 de enero, formé parte de un pequeño grupo de cuatro personas que entró en la base aérea de la RAF en Waddington, la sede de las fuerzas drone del Reino Unido. Los pilotos de la RAF empezaron a operar los drones armados estadounidenses Predator en Iraq justo hace diez años, antes de que el Reino Unido adquiriese sus propios drones Reaper en 2007 para su uso en Afganistán. Desde entonces, los pilotos del Reino Unido han lanzado cientos de ataques con drones en Afganistán antes de volver a Iraq en noviembre de 2014. Junto con EEUU e Israel, el Reino Unido es un defensor clave de la idea de la guerra “sin riesgos”.

Los cuatro cortamos y atravesamos la valla perimetral y entonces nos dirigimos hacia el hangar que alberga las Centrales de Control Terrestre en medio de la base, antes de que nos detuvieran 20 minutos después. Igual que les ha pasado antes a otras personas que han entrado a este hogar de la guerra drone, nos mantuvieron incomunicados mientras registraban nuestras casa (quién sabe lo que buscan allí). Después de más de doce horas, nos acusaron de un delito de daños y allanamiento grave antes de ponernos en libertad y dar comienzo al largo proceso judicial.

Mucha gente podría preguntarse qué sentido tiene una acción directa de tan pequeña escala, que apenas interfiere el suave funcionamiento de la base, por no hablar de la guerra. ¿Qué sentido tiene tener que pasar por todo el proceso de tribunales, multas, fianzas e incluso cárcel?  ¿Para qué sirve y de qué forma ayuda al creciente número de víctimas por el uso militar de los drones? ¿No sería mejor abordar cuidadosamente y con credibilidad a los que toman las decisiones y al público respecto a este asunto más que pasar el tiempo atascando los tribunales?

Pues para mí la respuesta es “no”. No me malinterpreten, creo que hacer campañas en todas sus variadas formas es muy importante. Por ejemplo, he dado charlas en innumerables actividades públicas sobre los drones por todo el Reino Unido durante los últimos cinco años, y también me he dirigido a la prensa y a los medios más veces de las que puede recordar. También he escrito miles de palabras en circulares, revistas, resúmenes y en sitios web, y me he reunido con muchos diputados y diputadas, lores y oficiales militares al respecto. He participado en más vigilas, protestas y manifestaciones de las que acierto a recordar, pero creo que también es crucial implicarse en la acción directa noviolenta.

Para mí, la acción directa noviolenta (así como el testimonio de la prisión y los juicios que la acompañan) significa ayudar a hacer visible las elecciones que estamos haciendo o están haciendo en nuestro nombre, y articular el hecho de que existe una alternativa. Un ejemplo clásico de esta confrontación directa noviolenta sería la negativa de Rosa Parks a abandonar su plaza en el autobús a un hombre blanco en 1955. Esa confrontación directa con el poder de un racismo institucional en una situación concreta produjo una más amplia circunstancia de elección (el boicot de los autobuses de Montgomery) en la que la gente tuvo que elegir si ponerse del lado del poder (un poder que insistía en que no había elección, así son las cosas y así serán siempre) o protestar contra el racism y ponerse del lado de la igualdad y la vida.

De manera parecida hoy el poder nos dice que no hay elección respecto a la amenaza de Saddam, Gaddafi, los Talibán, Bin Laden, Al Qaeda, ISIS (sea quien sea la más reciente amenaza del mal), más que el creciente uso de los drones armados. La única manera realista de tener paz y seguridad, dicen, es mediante las armas, los drones y la disuasión nuclear. ”Así son las cosas y así serán siempre” es el titular, y se lo he oído decir desde a escolares en la clase, directores ejecutivos en la reunión de administración y políticos en las comisiones parlamentarias. El poder ha conseguido convencernos de que la fuerza armada es nuestra salvación, que debemos confiar en el drone.

Pero por supuesto, esto es absurdo. Como hemos visto claramente en los últimos veinte años de guerra en Iraq, Libia, Paquistán y Afganistán, la fuerza armada no trae la paz ni la seguridad, sino de hecho lo contrario. La realidad es que solamente enfrentándonos a las causas raíz de la injusticia en todo el mundo (como la situación en Palestina, por ejemplo) abordaremos realmente algunos de los factores de inseguridad en el mundo. En vez de abocar recursos en maneras más letales de matarnos, necesitamos abordar la desigualdad mundial dedicando recursos a lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y ayudar a lograr derechos económicos y políticos para todo el mundo. Quizás lo más importante de todo es que necesitamos educar a nuestros conciudadanos para que entiendan que nuestra seguridad depende del bienestar mundial y la seguridad común más que de los estrechos intereses propios y de la prosperidad nacional.

Así que voy a volver a los tribunales con mis amigos y amigas en unas pocas semanas. La gente cínica puede decir desde luego que es una pérdida de tiempo. Nuestra acción en la base de la RAF en Waddington no acabo con los drones de guerra ni por supuesto los detuvo. Pero para mí, la mentira de que ‘así son las cosas y así serán siempre’ (la pretension de que esto es normal y no hay alternativas) ha sido puesta al descubierto. Diputados y diputadas, gente del público, guardias de seguridad, funcionarios judiciales, viandantes, amistades, vecindario y la gente que lea este artículo, todo el mundo sabrá que existe una alternativa: de un lado apoyar las actuales guerras con drones, el camino de la violencia, los intereses nacional, el militarismo, la injusticia, o por el contrario, apoyar la comunidad, la justicia y el bien común.