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Resistencia civil y movimientos de "poder popular": más allá del cambio de regimen

Por Stellan Vinthagen

Sudáfrica en solidaridad con PalestinaSudáfrica en solidaridad con Palestina

Hoy en día podemos constatar cómo algunos movimientos populares no armados son capaces de derrocar regímenes autoritarios que han controlado sus países durante décadas. Gracias a las manifestaciones multitudinarias, la desobediencia civil, la no-cooperación, las huelgas y los boicots, han caído alrede

dor de 30 dictaduras a lo largo de las últimas décadas. Más recientemente, hemos visto cómo algunos regímenes autoritarios fuertemente afianzados, caían en el marco de la "Primavera Árabe", en Egipto y en Túnez y, anterio

rmente, también se produjeron transiciones de régimen radicales en América Latina, Europa del Este, África Occidental, Sudáfrica, Irán, Indonesia, Filipinas, etc. Todos estos ejemplos nos llevan al "poder popular" o a la revolución no violenta en la que Gandhi jugó un papel clave para el desarrollo de las luchas en Sudáfrica e India. No obstante, también resulta evidente hoy en día que estos cambios de régimen también implican una serie de problemas y retos, que queremos abordar en nuestro grupo de trabajo.

También es obvia la dificultad de conseguir una sociedad realmente diferente y mucho más justa que la anterior tras la caída del régimen. Quizás el mejor ejemplo de esto sea la reciente victoria (con un 96% de apoyo) del líder militar Al-Sisi en Egipto, durante unas elecciones marcadas por las dificultades para encontrar votantes. Pero esto es sólo un ejemplo entre muchos. El reciente segundo cambio de régimen en Ucrania también ilustra bien el problema. El nuevo gobierno que asumió el poder tras la Revolución Naranja se volvió no sólo menos democrático y más corrupto que el anterior, sino que, además, la antigua élite dirigente ha vuelto al poder tras una victoria electoral y ahora con la "segunda revolución naranja" el país parece estar violentamente dividido entre una Rusia orientada hacia el Este y una UE orientada hacia Occidente. Estos trágicos acontecimientos también suponen un riesgo de que se desencadene una segunda Guerra Fría. Asimismo, incluso la primera revolución no-violenta reconocida como tal, la liberación de India de la dominación colonial de Gran Bretaña, dio lugar a acontecimientos devastadores. India se unió al club de las armas nucleares, el Congreso (el poder que estaba detrás de la liberación) se convirtió en una especie de sistema dinástico y de corrupción endémica, se produjo una industrialización centralizada a gran escala, se mantuvo el sistema de castas y se aceptó la pobreza permanente. El resultado dista mucho de aquello por lo que Gandhi había luchado; tal y como demuestra, por ejemplo, el desempoderamiento de las pequeñas aldeas rurales que Gandhi consideraba la base de una futura república descentralizada de pueblos.

En Kirguizistán, la élite tradicional parece haber conservado el poder, habiendo cambiado solamente a los miembros del gobierno. En Europa del Este se ha conseguido tener más libertad política pero se ha perdido la seguridad social imperante en la era comunista y ahora los movimientos neofascistas y de extrema derecha están obteniendo más apoyo popular. En Sudáfrica, la caída del régimen racista del apartheid fue, efectivamente, todo un éxito. La revolución política consiguió dar lugar a una sociedad diferente con sufragio universal, aumentaron las garantías de la libertad de prensa y del Estado de derecho. Sin embargo, las desigualdades económicas y sociales son, en muchos aspectos, incluso peores que las anteriores. El ANC se convirtió en un partido neoliberal y abierto al mercado y la mayoría negra y pobre, aquellos que formaron la columna vertebral de la lucha contra el apartheid, aún están esperando el cambio.

Así pues, uno de los problemas fundamentales que encontramos en estos cambios de régimen es la dificultad de transformar la sociedad, especialmente la ausencia de cambios democráticos reales, de un desarrollo económico equitativo y de una verdadera justicia.

Otro problema relacionado con éste es la falta de una unidad amplia de los nuevos regímenes; en los que encontramos unas divisiones estructurales aún más fuertes tras los procesos de transición. En Egipto, los revolucionarios que destituyeron al militarizado régimen de Mubarak, celebraron el año pasado el golpe de estado contra el recién elegido régimen de los Hermanos Musulmanes. La oposición contra los Hermanos Musulmanes fue tan generalizada que las fuerzas armadas simplemente se limitaron a confirmar un movimiento revolucionario no armado que ya estaba teniendo lugar. Hoy, miles de musulmanes se encuentran en prisión y cientos de ellos fueron asesinados por las fuerzas armadas en manifestaciones contra el acceso al poder del ejército. De igual modo, Tailandia está profundamente dividida entre las Camisas Rojas y las Camisas Amarillas que, cada uno por su lado, contribuyen a hacer que la sociedad sea cada vez más ingobernable. La sociedad venezolana parece estar adquiriendo unos tientes similares, con un régimen elegido por la mayoría con amplio apoyo popular, pero con una fuerte oposición minoritaria que utiliza la resistencia no armada como herramienta principal. El resultado de todo esto es una sociedad cada vez más dividida y un país menos gobernable. No obstante, en Tailandia el problema es más grave, ya que el ejército y los tribunales están del lado de las camisas amarillas (y contra las rojas), a pesar de que todas las elecciones se salden con la victoria por mayoría de los partidos rojos.

Quizás no todas estas situaciones debieran entenderse de la misma manera, puesto que los contextos son diferentes y, por tanto, también diferentes son los retos con los que se enfrentan estas sociedades. No obstante, lo importante aquí es que si el activismo no-violento fue en algún momento la articulación de "los buenos" para luchar contra "los malvados" gobernantes y sus élites, la situación de hoy en día es mucho más compleja y contradictoria. Es necesario reflexionar y trabajar sobre cómo los movimientos de resistencia no armados se relacionan con la construcción de una sociedad diferente y más justa.

Parece evidente que existe la necesidad de revisitar y analizar, con un ojo más crítico, la manera en la que estos movimientos dirigen sus luchas. ¿Cuál es el papel del contexto o del tipo de grupos implicados, cómo se organizan, cuáles son sus estrategias o cómo se financian? Para aquellos que estamos interesados en la verdadera liberación humana, el problema es grave. Tenemos que reconocer que el derrocamiento de un dictador no es suficiente, es simplemente un paso más de todos los que hay que dar en el camino.

Un problema clave es el papel de la comunidad internacional. El FMI y el Banco Mundial entran en el terreno antes de que se haya estabilizado la situación después de la caída del régimen. Ofrecer préstamos y apoyo, pero con unas condiciones que hacen que el nuevo régimen sea presa del orden financiero internacional actual. Esto no es nada fácil de gestinoar. Un régimen, por solidario que sea, también tiene que pagar los sueldos de sus empleados públicos y el dinero tiene que salir de algún lado...

Asimismo, el "Estado profundo" es difícil de erradicar. Detrás de cada régimen derrocado, hay una estructura de élites sociales, políticas y económicas que ha ido evolucionando a lo largo de la historia. Estas élites pueden influenciar las dinámicas, especialmente en una situación de desunión y tensiones dentro de la oposición. El sistema judicial, militar y estatal, junto con el sector de los negocios, pueden transformar la revolución y modelarla de acuerdo a sus intereses.

Lo que necesitamos es un movimiento de liberación no armado que dirija el "cambio profundo" de la sociedad, en lugar de (solamente) arreglar rápidamente la situación con un cambio de régimen. Pero, ¿qué implicaciones tiene esto y cómo se puede realizar?

Gandhi propuso un "programa constructivo" e insistió en que era más importante la liberación que la resistencia, pero pocos fueron los que le entendieron o le apoyaron en esto dentro del movimiento anticolonial indio. ¿Es esto lo que necesitamos?

Otr@s sugieren que un movimiento de resistencia no violenta, para cumplir sus objetivos, pasa por tener una estrategia más sofisticada y diversa, con más formación y preparación. Pero lo cierto es que pocos son los movimientos que tienen un conocimiento poco más que rudimentario sobre teoría y estrategia de la no violencia. Son pragmáticos y buscan un poco lo que tienen más a mano. Además, es muy difícil llevar a cabo cursos de formación en situaciones de represión. Las estrategias van evolucionando con las experiencias vividas de lo que funciona y lo que no. Por otro lado, ¿quién va a ser capaz de convencer a una población oprimida de que no han de tener prisa ni gastar todas sus energías en derrocar a ese régimen que tanto odian? ¿Quién va a poder convencerles de que tienen que trabajar para construir la sociedad en la que quieren vivir y desarrollar nuevas instituciones antes de estar list@s para resistir?

A veces ocurre que los movimientos de oposición se ven sorprendidos por esa victoria tan añorada que se les presenta repentinamente. De repente, esa fuerza está ahí, la gente sale a la calle, aumenta la presión y cae el régimen. ¡La revolución está aquí! Pero luego comienzan las dificultades (otra vez). ¿Qué tipo de sociedad quiere la gente y cómo vamos a construirla? ¿Cómo formar alianzas de gobierno y gestionar las tensiones, los diferentes intereses y aspiraciones?

Dicho esto, no resulta sorprendente  que después de un tiempo marcado por las luchas internas y las fracciones entre los grupos de la oposición, el debilitamiento de la situación económica, la inseguridad política y las presiones internacionales, los pueblos empiecen a añorar la existencia de líderes poderosos capaces de generar estabilidad y progreso. Esto es lo que ha ocurrido en Egipto, donde se ha elegido al general del golpe militar en unas elecciones libres y en donde se está extendiendo la apatía política. No resulta sorprendente que llegue un momento en el que la gente se canse de protestas y procesos de negociación interminables.

Los retos:

El reto principal es encontrar maneras que nos permitan construir una sociedad sostenible después de un cambio de régimen que sea (por lo menos más) justa, desarrollada y segura para el ser humano y sus derechos:

  • Gestionar las divisiones después de un cambio de régimen (las élites tradicionales, los diferentes grupos sociales/étnicos y anteriores tensiones, etc.)

  • Encontrar los recursos y la financiación necesarios para hacer funcionar el país tras el cambio de régimen, sin tener que convertirse en un rehén del FMI y el Banco Mundial (muy pocos países han conseguido resistirse al poder de estas instituciones financiaras y a sus presiones de "liberalización")

  • Evitar una contrarrevolución, una vuelta a la situación política anterior o el miedo a (más) cambios en la sociedad

  • Crear más alianzas dentro y fuera de la comunidad para estabilizar la revolución y obtener el apoyo necesario (Cuba, por ejemplo, tuvo que establecer vínculos con una serie de países y actores para poder sobrevivir cuando los EE.UU. y algunos gobiernos de derechas de América Latina decidieron apoyar el aislamiento y el embargo)

  • Condenar los delitos y a los delincuentes del régimen anterior y/o reconciliar la sociedad (seguramente haya un límite en el número de procedimientos penales que una sociedad puede asumir antes de que se desaten nuevas tensiones o aumente el riesgo de una guerra civil. Muchos países tienden a evitar el castigo, sin reforzar el Estado de Derecho y dejando impunes a las élites y criminales del régimen anterior, o incluso haciéndoles un hueco en la nueva alianza de gobierno)

  • ¿Cómo evitar que el florecimiento de la oposición contra un régimen represivo no se convierta en un caos de diferentes estrategias de diferentes grupos, o incluso en una situación de guerra civil? (Tanto los grupos internos como externos podrían querer aprovecharse de la situación de crisis y apertura existente, como ocurrió en la guerra civil de Siria)

La temática de trabajo 

El reto de los movimientos de lucha no violentos y antimilitaristas es encontrar maneras no sólo de resistir y oponerse a los actores violentos y a la estructura existente, sino de reflexionar acerca de lo que se puede hacer para evitar una situación mucho más complicada en el futuro, cuando haya caído el régimen actual y las élites existentes movilicen sus fuerzas por miedo o venganza, intentando combatir la inseguridad imperante en la nueva situación.

Se trata, sobre todo, de tener presente que el derrocamiento del régimen dirigente no es suficiente. Este régimen no está sólo, sus raíces y fuerzas institucionales no van a desaparecer de la noche a la mañana por el simple hecho de que su líder (actual) sea asesinado, encarcelado o haya huido a un país extranjero. Hay una razón detrás de la manera en que se configuran y mantienen unas determinadas fuerzas sociales, económicas, militares, judiciales y políticas, a pesar de las tensiones internas y las discrepancias de intereses. En una nueva situación, con la (posible) reticencia a aceptar un cambio de régimen (violento o no violento), se diseña un nuevo territorio que controlar y proteger, nuevas alianzas potenciales y una serie de intereses por los que se ha de velar. Estas élites siempre han tenido contactos internacionales y estos flujos de recursos no van a desaparecer por el simple hecho de que se derroque a un dictador. En resumidas cuentas, lo que ocurre es que algunas de estas élites van a ver en el cambio una ocasión de aliarse con nuevas fuerzas (como ocurrió con las élites del sector de los negocios, el FMI/BM y la "comunidad internacional” en la nueva Sudáfrica cuando el ANC tomó el poder), mientras otras van a buscar maneras alternativas de restaurar una versión reconstruida del régimen tradicional (como ha ocurrido en Tailandia en repetidas ocasiones), o la afluencia de grupos de resistencia violentos y oportunistas que utilizarán la apertura revolucionaria con fines lucrativos (como en Siria).

Obviamente, el problema viene, en parte, de la dificultad de gobernar tras una revolución; pero también (y ésta es la problemática de nuestro grupo de trabajo) de cómo dirigir la resistencia desde la oposición. ¿Existen diferencias en la manera en que se puede y debe llevar a cabo la resistencia para prevenir o reducir el riesgo de nuevas catástrofes tras el cambio de gobierno?

En ese sentido, el grupo temático trabaja en la cuestión de cómo ejercer la resistencia. Se trata de encontrar las oportunidades que nos permiten ir más allá de la simple resistencia, si es posible dirigirla de manera que también contribuya a la construcción de la solidaridad y las alianzas necesarias para después del cambio.

Gobernar un país/comunidad tiene unos retos particulares: pagar debidamente los salarios de aquell@s que trabajan para el gobierno, gestionar situaciones de conflicto (de una forma diferente y más justa), encargarse de indemnizar por crímenes y violaciones anteriores, establecer (nuevas) alianzas con otros Estados y sectores financieros, mantener el imperio de la ley, el orden público y la seguridad, frenar a aquell@s que intentan aprovecharse del vacío de poder y pretenden llevar a cabo actividades delictivas, etc.

Entre los grupos que quizás hayan llevado su revolución de forma diferente, encontramos el MST y los Zapatistas. Ambos casos surgen de la tradición autonomista latinoamericana, la tendencia política que se niega a tomar el poder estatal y que intenta crear sociedades menos dependientes, regenerando sus propios recursos, y construir una sociedad diferente independientemente del régimen que controle formalmente el país. De alguna manera, esto supone el rechazo de la noción misma de cambio de régimen. Pero, ¿dónde están aquell@s que han dirigido su transición de forma diferente e inspiradora? ¿Cuba? India no, desde luego. ¿Quizás haya cosas que aprender de Sudáfrica? En lo que se refiere a revolución política, consiguieron consolidar la democracia liberal de forma rápida, increíblemente rápida. No obstante, en otros aspectos ¿quizás hayan fracasado, o acaso...?

 

 

Trabajando sobre el tema

¿Cuál es el papel del programa constructivo? Para Gandhi, se trataba del aspecto más importante de la lucha. Construir tus propias organizaciones e instituciones, desarrollar las capacidades para dirigir escuelas, producir medios, desarrollar la actividad económica, tomar decisiones políticas o incluso gestionar el tratamiento de residuos en la comunidad. Sin embargo, pocas personas dentro del movimiento de liberación indio entendieron o apreciaron estos esfuerzos. La mayoría pensaban que todo esto podría llevarse a cabo fácilmente una vez se hubiese expulsado a los británicos y el poder estuviese en manos de un gobierno interno debidamente elegido. Pero, ¿realmente fue así? ¿Fue más fácil o más difícil? ¿Qué modelos de desarrollo y gobernanza fueron desarrollados y mantenidos? ¿Qué tipo de liderazgo había a nivel nacional, estatal y local? En las conversaciones de nuestro grupo, ilustramos estos problemas con ejemplos actuales de los retos y posibilidades de Papúa Occidental.

¿Qué otros casos de luchas actuales o situaciones post-cambio de régimen encontramos en el mundo de las que podamos aprender?

Cuestiones y problemas a abordar:

  • ¿Qué alianzas es importante establecer para crear una oposición fuerte?

  • ¿Coinciden estas con el tipo de alianzas necesarias para gobernar y desarrollar el país tras un cambio de régimen?

  • ¿Se pueden forjar alianzas de manera que puedan servir para ambos propósitos?

  • ¿Qué tipo de estrategias de resistencia son necesarias para combatir con éxito un régimen represivo y autoritario?

  • ¿Son las mismas estrategias que las necesarias para gobernar y desarrollar la sociedad, de manera que esta sea más justa, democrática y basada en los derechos?

  • ¿Se podrían adaptar las maneras y formas de resistencia a las necesidades de gobernanza y desarrollo ya existentes durante la lucha?

  • ¿Qué tipos de modelos de alianzas, regímenes, gobernanza y desarrollo se establecen y evolucionan en el movimiento de oposición? ¿Se pueden perfeccionar, probar y modelar de alguna manera durante la lucha?

  • ¿Deberían ser las mismas personas y grupos que consiguieron derrocar el régimen las que gobiernen tras la revolución?

  • ¿Qué lecciones podemos aprender de las situaciones actuales de cambio de régimen, retos y posibilidades?

  • ¿Es mejor llegar a una resolución negociada, donde los dirigentes del régimen y la oposición pactan un proceso de transición, para conseguir crear una sociedad más justa, democrática y de derechos? ¿O acaso resulta aún más difícil (puesto que las élites seguirán presentes en la transición, velando por sus intereses y definiendo las condiciones del cambio)?

  • Hasta ahora, ha habido entre 30 y 50 cambios de régimen liderados por movimientos populares no armados. Parece haber una tendencia a reducir el riesgo de guerra civil y a aumentar las posibilidades de que se instaure una democracia liberal si la lucha adquiere un carácter no violento. Pero, ¿qué podemos aprender de las diferencias en el resultado?

Nuestro grupo temático empezará realizando un inventario de experiencias y conocimiento de todos sus participantes, para luego trabajar el tema a través de una presentación del problema y comentar y evaluar las experiencias en los diferentes contextos. Un ejemplo recurrente será la lucha de Papúa Occidental. Nuestro objetivo es desarrollar una serie de recomendaciones y puntos a considerar para los movimientos, así como plantear ideas de proyectos que podrían ayudarnos a encontrar posibles soluciones.