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La intervención militar y las alianzas militares

 

Jan van Criekinge and Emanuel Matondo

Si echamos un vistazo a la historia de África, desde la llegada de los comerciantes de esclavos tanto de occidente como del mundo árabe, las potencias extranjeras armadas han llevado a cabo expediciones militares por todo el continente en busca de negros para exportar como esclavos. Estas potencias armadas, que por lo general actuaban bajo las órdenes de familias reales o nobles de imperios occidentales y orientales, competían militarmente en África luchando por la caza del “oro negro”: hombres, mujeres y niños negros. La mayoría de estos comerciantes de esclavos, sus empleadores y los patrocinadores de las sociedades reales en los EEUU, en Portugal, España, Suecia, Francia (Europa), Brasil o el mundo árabe, se enriquecieron, industrializaron sus países y construyeron ciudades modernas gracias a este comercio atroz. Algunos de los comandantes que dirigieron estas expediciones militares homicidas para ganar el control de África en el siglo XIX, en la actualidad siguen siendo considerados héroes en sus países de origen. Un ejemplo de estas infames figuras de asesinatos en masa es Henry MortonStanley, adorado por la realeza europea y las sociedades nobles de las Américas.

En 1885 los antiguos comerciantes de esclavos tanto de oriente como de occidente se comprometieron a unir sus fuerzas en lugar de luchar por África unos contra otros y convocaron la “Conferencia Berlín-Congo” en Alemania, con el fin de crear alianzas militares más allá de las líneas coloniales tras haber realizado una partición arbitraria del continente negro sin haber tenido en cuenta las sociedades y regiones tradicionales y socioculturales ya existentes. La regresión real de África comenzó con la ratificación de la “Ley General de la Conferencia de Congo de Berlín” el 26 de febrero de 1885 por parte de representantes del Presidente de EEUU y de los imperios europeo y otomano. Tras abolir el comercio de esclavos, estas superpotencias acordaron garantizar el libre acceso a las tierras y aguas de África con el fin de hacerse con el control de los recursos en este continente para “el desarrollo del comercio y de las civilizaciones de ciertas regiones” del continente negro, y “para asegurar a todo el mundo las ventajas de la libre navegación a lo largo de los dos principales ríos africanos que desembocan en el océano Atlántico”. Con la brutal división de África prometieron “aumentar el bienestar moral y material de las poblaciones indígenas.” Pero con la llegada de sus ejércitos coloniales al continente, comenzó el apocalipsis para los africanos. Los supuestos civilizados de Europa y sus aliados se manifestaron como los pueblos más bárbaros, como los enemigos de la humanidad. Con el objetivo de ampliar su sistema o fortalecer su poder formaron/establecieron alianzas con líderes tradicionales locales corruptos y con pequeños grupos étnicos. Crearon sociedades segregadas por toda África divididas entre los “líderes tradicionales militarmente aliados de la zona y sus grupos étnicos” y las poblaciones hostiles que se resistieron a las potencias extranjeras, saqueadores y asesinos. Al mismo tiempo las potencias coloniales crearon en plenas sociedades africanas una especie de “élite intelectual” local en distintas ciudades que pudiesen obtener conocimientos escolares y que más tarde se convirtieron en “personas asimiladas”; mientras que a las poblaciones rurales se les prohibía el acceso a la educación y luego se les llamó “pueblos indígenas” o “los brutos”. Esta es la línea de conflicto diseñada por los antiguos comerciantes de esclavos y más tarde por las potencias militares coloniales, que está haciendo sufrir al continente africano desde entonces.

A mediados de los años 50 África se adentró en un proceso de independencia. Como reacción a la resistencia permanente de las poblaciones rurales, las “élites intelectuales locales” o las llamadas “personas asimiladas” tomaron la iniciativa de las luchas de liberación de África durante siglos y en su mayoría, sin armas. En la mayor parte de los casos, algunas de esas “personas asimiladas” recurrieron a otras potencias militares como China, Cuba y la antigua Unión Soviética Oriental como aliados. Era el comienzo de la Guerra Fría en África, con las potencias coloniales occidentales intentando mantener el control total de los recursos naturales del continente negro y con los soviéticos intentando extender allí su imperio comunista. Ambas potencias imperiales luchaban por conseguir la influencia sobre África y su liderazgo. El sueño de la independencia de África no llegó a realizarse y se convirtió en una pesadilla para la mayoría de sus gentes con innumerables guerras civiles, un aumento de los crímenes de genocidio, crímenes contra la humanidad, hambruna permanente y pobreza extrema.

Tras el fracaso de la independencia y el intento de las potencias extranjeras para desestabilizar los distintos países africanos, la mayoría de los líderes africanos rediseñaron sus políticas y crearon nuevas alianzas militares. Entre estos nuevos aliados había antiguas potencias coloniales además de potencias nuevas como China, Brasil, India, Japón, Corea del Sur, Israel, Pakistán, Irán, Emiratos Árabes y Turquía. En esta constelación, la corrupción de la élite se convirtió en un medio de influenciar a los líderes políticos locales desde el exterior con el fin de defender los intereses de estas potencias extranjeras. Los líderes que trataron de resistir el poder militar establecido en África fueron asesinados brutalmente. Aún recordamos el caso de Emery Patrice Lumumba (líder de la independencia de Congo y el primer Primer Ministro electo de la República Democrática del Congo que fue depuesto tras solamente 12 semanas en el poder y más tarde ejecutado por un pelotón de fusilamiento). Algunas de estas potencias extranjeras/ son muy hostiles a los demás cuando compiten por los recursos naturales u otras cuestiones fuera de África, pero comparten intereses en un solo país. Continúan existiendo muchas alianzas militares creadas en el pasado, y otras están en camino. Echando un vistazo a las alianzas militares que existen en toda África nos encontramos con acuerdos y cooperación destinados a ganar influencia en el continente y que también permiten a las potencias extranjeras el acceso libre a las materias primas o tierras raras por un bajo coste. A través de la militarización de los países africanos, estas potencias extranjeras instigan la violencia y libran guerras con el fin de mantener el statu quo. Es una continuación del espíritu de la Conferencia de Berlín-Congo de 1885, situando al saqueo en el centro de la política.

Entre las antiguas alianzas que existen en África, deberíamos considerar la coalición entre EEUU y Bélgica sobre la República Democrática del Congo que data de los años 40, del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cuando los americanos se asociaron con la antigua potencia colonial para obtener libre acceso al uranio para producir la primera bomba atómica que más tarde se lanzaría, en mayo de 1945, sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Desde entonces los americanos han mantenido el ojo echado a esta reserva de uranio en la República Democrática del Congo, y de esta alianza militar entre EEUU y Bélgica surgió la estrecha colaboración entre la CIA, el servicio secreto belga y Mobutu Sese Seko quien tomó el poder en 1961 tras haber participado en el asesinato de Patrice Lumumba. Mobutu Sese Seko entró a formar parte de la historia moderna de África como un infame dictador represivo que se mantuvo en el poder durante 36 años y que creó otras alianzas militares estratégicas con Alemania, Israel, China, el régimen del Apartheid en Sudáfrica, Francia y el Reino Unido entre otros. Para muchas de estas potencias extranjeras, el dictador Mobutu era una especie de testaferro en la política de desestabilización de la región centroafricana y la garantía para obtener acceso libre a las materias primas como el cobalto, el cobre, los diamantes y el oro. Países como Alemania, EEUU, Bélgica, Francia e Israel suministraron armas y entrenamiento militar al dictador, algo que Mobutu utilizó a lo largo de los años para llevar a cabo los juegos de guerra contra países vecinos como Angola o para apoyar el antiguo régimen Hutu en Ruanda. Con la aparición de extremistas en este régimen Hutu, y con el apoyo de algunos países occidentales, el mundo presenció en 1994 otra tragedia humana con el genocidio de cientos de miles de personas de poblaciones Tutsi y de Hutu moderados. El régimen Hutu fue derrocado y las fuerzas armadas lideradas por los Tutsi se hicieron con el poder. Unos años más tarde, en 1997, el régimen del dictador Mobutu Sese Seko también se derrumbó tras el avance de una nueva alianza militar entre el gobierno liderado por los Tutsi y la resistencia congoleña en el exilio, una alianza que desembocó en caos y que ha estado afectando a la región centroafricana desde entonces. Desde ese momento, muchos países africanos han formado alianzas militares en la lucha por la República Democrática del Congo, un país que vive en riesgo permanente de división, con el presidente de Ruanda actuando como testaferro de las potencias extranjeras orientales y occidentales.

De todas las alianzas militares creadas en los últimos 20 o 30 años en África, AFRICOM (Mando África de Estados Unidos) es la más importante e incluye operaciones especiales, ataques encubiertos con aviones no tripulados y “programas de cooperación en seguridad”, así como una estrecha colaboración con la mayoría de los países del continente. AFRICOM fue creada en 2007 por el presidente estadounidense George W. Bush y afirma desempeñar un papel geoestratégico para promover la seguridad además de encargase de 53 países africanos, excepto Egipto con quien EEUU mantiene una colaboración militar especial desde hace más de tres décadas. AFRICOM tiene su sede en la ciudad alemana de Suttgart-Moehringen, y ha establecido distintos mandos militares subordinados que operan desde varias ciudades, a saber el “Ejército de EEUU África” desde Böblingen y Ramstein (ambas en Alemania) y desde Vicenza (Italia). Es importante mencionar que Alemania e Italia juegan un papel clave en muchas de las operaciones especiales de EEUU y en las guerras encubiertas en África. En 2011, AFRICOM desde su Mando subordinado en Vicenza (Italia), tomó la iniciativa de las acciones militares llevadas a cabo por una coalición entre Francia y el Reino Unido contra el dictador Muammar al-Kaddafi en Libia, quien después fue asesinado brutalmente con el apoyo de los servicios secretos de Alemania a sus aliados occidentales.

En el terreno francés de “Camp Lemonnier” en Yibuti, África oriental, el Mando estadounidense de AFRICOM estableció su mayor base militar del continente africano y desde allí el ejército de EEUU ejecuta todas sus operaciones especiales y suministra material a sus fuerzas armadas en la guerra contra el terrorismo en Somalia, Yemen y el Océano Índico. AFRICOM mantiene además fuertes alianzas con los siguientes países con pequeñas bases militares en Niamey (Níger) apoyando a tropas francesas y alemanas en Mali, en Arba Minch (Etiopía) para acciones con aviones no tripulados (drones) en Somalia, en Victoria (Seychelles) para una guerra de drones en África oriental y en Entebbe (Uganda) para drones y operaciones especiales en Sudán del Sur, la República Centroafricana y la región oriental de la República Democrática del Congo. La colaboración entre EEUU y Uganda también permitió que los EEUU estableciesen su centro de la Agencia de Seguridad Nacional y una pequeña unidad de su Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) que opera en todo el continente desde este país. Además de éstas, existen muchas otras alianzas militares, pero es mejor centrarse sólo en unas pocas. La mayoría de dichas alianzas se basan en el suministro de armas o equipamientos bélicos así como de plantas de fabricación para la producción local de pequeñas armas y munición, entrenamientos militares permanentes y conocimientos bélicos. Algunas de estas potencias extranjeras están impulsando sus economías a través del tráfico de armas y de drogas en África.