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Tratando el trauma en situaciones de post-conflicto: Burundi y la región de los grandes lagos Africanos

El Diccionario Online Gratuito define trauma como «un evento o situación que causa una gran angustia y trastorno». En Burundi, Rwanda, y la República Democrática del Congo (RDC), los conflictos violentos entre grupos y las guerras civiles que han arrasado estos países de la región de los Grandes Lagos durante los últimos 50 años suponen unos casos muy traumáticos. La Comunidad Internacional señala el número de víctimas para remarcar el impacto de estos conflictos y guerras en los países y su población. Estos casos han sido traumáticos: las víctimas de Burundi, Rwanda y la RDC se estima que alcanzan alrededor de los 7 millones El propósito de este artículo es doble. Por un lado, analizaré la complejidad del trauma post-conflicto en Burundi y la región de los Grandes Lagos. Por el otro, propondré maneras culturalmente relevantes de enderezar los asuntos relacionados con el trauma en la región. Concluiré con una reflexión general sobre cómo fomentar la superación del trauma para trazar un futuro de paz y no-violencia.

Comprender la complejidad del trauma

Manejar los asuntos del trauma post-conflicto en Burundi y la región de los Grandes Lagos necesita una visión más amplia y compleja sobre el trauma en la región. Los supervivientes de los conflictos violentos y las guerras han estado, y están todavía, angustiados por la pérdida de sus seres queridos. Pero eso no es todo. Esta gente está consternada por su propia experiencia y recuerdos, por la pobreza, los desplazamientos y el miedo. A continuación me dispongo a explicar brevemente cómo los elementos que son subestimados acaban constituyendo una situación de trauma. 


Las experiencias como trauma

La gente de Burundi y la región de los Grandes Lagos africanos han sido testigos y han experimentado un sufrimiento imborrable en los últimos 50 años. El mundo debería preguntarse si se les puede considerar del todo como «supervivientes». Muchos no han superado realmente las matanzas, sino que han ido cayendo más lentamente que aquellos a los que mataron con machetes, pistolas y otras armas. Cuando la gente da testimonio de lo que vivieron y relatan el daño emocional que han sufrido en su «supervivencia», se hace evidente que no han sobrevivido del todo pues su trauma es todavía palpable.


Los recuerdos como trauma

Una muy significante ola de luto ha emergido en los últimos años con las viudas y los niños de las víctimas del genocidio de 1972 de los Hutus por parte del gobierno Tutsi y su ejército en Burundi. Cuando estos supervivientes relatan los hechos que rodean la muerte de sus maridos y padres, da la sensación de que 1972 fuera ayer. Su dolor, sus lágrimas y rabia indican que el trauma persigue vivo. Algunas familias han organizado lutos culturales tradicionales para honorar a sus seres queridos, y para superar el atrasado proceso de curación que les fue negado en los años en que tuvieron lugar las atrocidades. Desafortunadamente, estas ceremonias permanecen incompletas ya que las familias afligidas todavía no tienen un lugar para la memoria - un doloroso recordatorio de que sus seres queridos fueron masacrados y depositados en fosas comunes.

La pobreza como trauma

Los conflictos entre grupos en Burundi, Rwanda y la RDC no solo han arrasado con las vidas humanas, sino también con los hogares y el entorno natural, dejando a los supervivientes a merced de la reconstrucción, sobre todo a las mujeres. No hay mayor trauma que el que uno siente cuando es incapaz de mantener a sus propios hijos. Además, montones de mujeres en Burundi y en la región de los Grandes Lagos, muchas veces viudas, viven desesperadamente debilitadas por la pobreza, incapaces de tener cura de la educación de sus hijos huérfanos.

El desplazamiento como trauma

La violencia cíclica entre grupos en Burundi y la región de los Grandes Lagos ha empujado a millones de personas a buscar refugio en otros países. Algunos de estos refugiados han prosperado, según los estándares internacionales, consiguiendo una integración educativa y económica en los países de acogida. La integración suele conllevar que los niños tengan que crecer lejos y desconectados de la extensa familia, con todas las consecuencias psicológicas y de identidad que eso conlleva. Por todo esto, los desplazamientos deberían de ser incluidos dentro del tratamiento del trauma. 


El miedo como trauma

Hay un dicho en Kirundi que dice «Ingoma Yagukanze Irahuma Ugahunga», traducido como «el sonido del tambor que te traumatizó te hace huir». Los años de conflictos y violencia erosionaron la confianza entre grupos y entre personas en Burundi y en la región de los Grandes Lagos africanos. El fenómeno de algunos vecinos matando a otros vecinos, viudas traicionando a sus maridos vendiéndolos a matones, y muchos otros ejemplos de traiciones interpersonales han causado que los supervivientes vivan caminando de puntillas. A pesar de que la gente está ilusionada por compartir sus historias de sufrimiento y trauma en Burundi, encuentran difícil el poder confiar en el otro. La situación es peor en Rwanda donde el pueblo tiene prohibido admitir el grupo étnico al que pertenecen, forzados a adoptar el discurso impuesto desde el gobierno de «somos todos rwandeses». Tratar con los traumas post-conflicto debe de encarar el legado del miedo en Burundi y en la región. 


Sanando traumas de forma culturalmente relevante

La sabiduría de Burundi dice que «Uwushaka Gukira Ingwara Arayirata», que significa que cualquier enfermedad debe de ser expuesta con tal de poder curarla. Este refrán sugiere que el trauma debe de formar parte del discurso público en Burundi y la región de los Grandes Lagos africanos para que los esfuerzos de sanación del trauma post-conflicto sean efectivos. ¿Cómo se puede hacer esto en culturas reservadas? Una manera sería motivar a los ciudadanos, de cualquier edad y género, a que apropiadamente dialoguen en grupos. Estos grupos estarían organizados con gran sensibilidad y con distintos temas como la etnicidad, donde el diálogo entre los miembros de un mismo grupo serviría de precedente para el diálogo entre miembros de grupos distintos, maximizando así sentimientos de seguridad y confianza. En estos grupos, los padres y las madres serían instruidos en cómo mantener diálogos similares dentro de sus propias familias.  Sanar los traumas requiere una redirección de la pobreza. Hay pobreza descontrolada causada por años de conflictos destructivos y guerras, y también pobreza causada por los líderes políticos de los países emergentes, más preocupados de sus beneficios materiales que del bienestar de la población. En Burundi, estos líderes políticos están acumulando riqueza y propiedades - a veces de aldeanos desesperados - mientras su pueblo se queda cada vez más desamparado. La división entre los que tienen y los que no tienen nada está creciendo más profundamente, exacerbando el trauma post-conflicto. Además, la era post-conflicto es un momento para la verdad por parte de los nuevos líderes políticos de Burundi, Rwanda y la RDC. Asumiendo y esperando que ellos están comprometidos con su pueblo y con la sanación del trauma de «sus naciones», ellos deberían reflejar y actuar de acuerdo con esta importante pregunta: estamos utilizando nuestro recién adquirido poder político para expandir al máximo el bien común o nuestro propio beneficio económico? Fomentar la cura de traumas de forma culturalmente relevante significa reconocer que el pasado no es realmente el pasado, y que el silencio - especialmente el silencio forzado - no ayuda para nada a superar el trauma. Burundi, Rwanda y la RDC deben reconocer y admitir sus respectivas historias de conflictos intergrupales, desde las prácticas tradicionales pre-coloniales hasta las políticas de división del colonialismo, pasando por los fracasos post-independencia de unir y otorgar poderes al pueblo. El pasado contiene verdades que deben de ser explicadas antes de que se pueda  negociar y divisar un futuro de paz y no violencia. 


Conclusión Los conflictos violentos entre grupos y las guerras han causado daños y trastornos incalculables entre toda la población de Burundi, Rwanda y la RDC, a través de los grupos étnicos y los estratos sociales. Sanar el trauma debe empezarse con el reconocimiento de nuestras derrotas compartidas, de nuestros recuerdos dolorosos y de nuestra incertidumbre sobre el futuro. Este reconocimiento nos llevará definitivamente a la validación de nuestra humanidad compartida. Nunca nuestros valores compartidos Ubuntu habían sido tan relevantes. Para curarnos del trauma causado por el conflicto y la guerra debemos sanarnos juntos.

Elavie Ndura

Traducción: David Fontana Farreras