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La guerra lejana en Angola

Hein Moellers

Desde la capital Luanda son apenas dos horas de vuelo hasta Kuito, la metrópolis de la provincia centro-- angolana de Bie. Tan solo un salto en el avión. Sin embargo, al aterrizar uno cree que está en otro mundo. Alrededor se aprecia un paisaje de ruinas que existen desde que en la primavera del 1999 la ciudad fue bobardeada desde el aire durante varias semanas y atacada por fuego de artillería. Donde antes habían casas al estilo colonial portugués, hay hoy cráteres de bomba.

Los niños recitan sus lecciones en las pocas escuelas que funcionan y que curiosamente han sido ahorrados la suerte de ser bombardeadas. Se ven mujeres que sin descanso, cual unos zombies, se arrastan desde los campos de refugiados a los dispensarios médicos, o hacen cola ante los depósitos de víveres que se encuentran en medio camino. Unas mujeres viajas, confusas y acongojadas, cual bebés recién nacidos, llevan cintas en la muñeca con sus nombres, para que no se pierdan. En cuanto a hombres, casi solamente hay uniformados. El único medio de transporte es un jeep de la organización de emergencia WFP (Programa Mundial de la Alimentación) que transita en la carretera hacia el depósito de víveres. Nadie sabe si los alimentos alcanzarán hasta la estación de lluvias porque entonces la pista de aterrizaje se hace intransitable.

La gente de todas las provincias acuden en masa hacia Kuito porque aquí al menos hay un hospital, aquí al menos se presta ayuda de emergencia. Y si no es otra cosa: aquí sencillamente están a salvo de los chantajes de la soldadesca en una guerra sucia en que la población está siendo atacada, "cazada" y expulsada -- sea de un bando, sea del otro, según la mala suerte que les toque.

Entretanto más de 100.000 (cien mil) expulsados vegetan en Kuito: se añadieron tantos habitantes irregulares como esta metrópolis antes contaba de habitantes regulares, cien mil más cien mil.. Hace tiempo que la guerra en Angola ya no se interesa en partidos o programas políticos. Es una ironía amarga que desde aquí arrancaron los cambios fundamentales que revolucionaron el Africa septentrional: en diciembre del 1988 en Nueva York, Angola y África del Sur firmaron un Cese de Fuego. Pronto se retiraron de Angola los soldados tanto de África del Sur como de Cuba, lo que allanó el camino hacia la Independencia de Namibia. En 1990, el régimen de ápartheid revisó su política de la segregación racial, anuló la prohibición de los partidos políticos, poniendo en libertad los presos políticos,. En 1994 siguieren unas elección libres y generales.

Incluso las transiciones no-violentas desde regímenes autocráticos y dictatoriales hacia democráticcos en Sambia (1991) y Malawi (1994), tienen una relación directa con el Cese de Fuego del 1998 que, indudablemente, expresó las modificaciones impuestas por una nueva política global y regional. Análogamente a Angola, también en el otro lado del Continente Africano, en Mozambique (también de habla portuguesa) se iniciaron negociaciones entre los partidos de la guerra civil las que se llevaron a feliz término con elecciones en 1994. Siguió innegablemente después un auge en Mozambique. Sin embargo, en Angola las elecciones del 1992 eran un fracaso. El perdedor, Jonás Savimbi de la UNITA, no reconoció su derrota en las urnas. Es un hecho que ambos bandos, la MPLA en el "Gobierno" y la UNITA en la oposición, dos años más tarde firmaron un tratado de paz en Lusaka, que volvieron a ratificar en 1998. Pero la guerra continua con la misma dureza, los militares mandan, y mientras que las minas antiguas se inutilizan y se dragan, nuevas minas se colocan y se siembran. Cada día mueren 1.000 (un mil) seres humanos por la guerra y por las consecuencias de la guerra -- por explosiones de minas, por el hambre y por el déficit en los cuidados médicos.

En Angola, donde el proceso de los cambios profundos en el Sur del Africa arrancó, la paz sigue siendo llejano; en Angola continua una guerra que había comenzado como una lucha de liberación en 1991 y que desembocó en una guerra entre rivales en la liberación, rivales con sus respectivos apoyos por sus aliados respectivos en el Este y en el Oeste, pero esta guerra anacrónica no ha terminado como ha terminada la confrontación Este-Oeste. El patrón fundamental de la polarización social, política y económica, desarrollado entre 1975 y 1990, prevalece hasta hoy en Angola: MPLA contra UNITA; Ciudad contra Zonas rurales; industria del petróleo y de los diamantes con su interés en exportar contra la industria agraria y la economía rural de subsistencia para el mercado interno; por un lado los élites que se enriquecen por negocios turbios contra una población empobrecida que utiliza una multiplicidad de estrategias para sobrevivir.

Con la continuación de la guerra surgió al primer plano más y más un solo tema: repartir el botín o apropiárselo del todo, he aquí el juego final en la guerra angolana. Los intereses de los élites políticos de ambos lados en continuar con sus "deals" súmamente lucrativos mientras tanto llegó a ser el impedimiento individual más decisivo a la Paz y a la Reconciliación Nacional.

De los beneficios se financia también la guerra que incluso da a comer a sus amos. El "Gobierno" angolano gasta cada día un millón de dólares estadounidenses para la Guerra; de lo que gasta la UNITA no se conocen cifras pero se puee suponer que es más o menos lo mismo. Mientras que el "Gobierno" se financia por el petróleo, la UNITA se financia por los diamantes provenientes de la región norestina del país. Todo ello pasa a la vista y paciencia de la Comunidad Internacional que no manifiesta voluntad política de "secar" el charco llamado Guerra impidiendo el ingreso de armas, pero ni el Embargo de Armas pronunciado en 1993 contra la UNITA se implementa porque no hay controles efectivos del tráfico. Hoy como ayer la UNITA recibe cuantiosos suministros de armas provenientes de Sudáfrica, la República Democrática del Congo, Sambia, Togo y Burkina Faso.

El otro bando, que es el el "Gobierno", tampoco tiene problemas de pertrechos y suministros. Sus mencionados negociados de armas no son, por cierto, ilegales, pero burlan y violan el espíritu del Acuerdo de Lusaka, resultando en que disminuya la confianza general en el Proceso de Paz. Las armas de las tropas del "Gobierno" provienen de Bielorusia, Brasil, Bulgaria, la China, Israel, Ucraína y Sudáfrica.

Incluso Rusia, uno de los poderes mediadores de la llamada Troika, mina cualquier posición fidedigna al traficar grandes cantidades de armas incluso pesadas al "Gobierno" Angolano; la Federación Rusa escaló el primer rango entre los traficantes que suministran armas. En febrero de este año las autoridades españolas de control en las Islas Canarias apresaron a un barco carguero ucrainiano con 636 toneladas de armas -- desde grenadas hasta equipo de reconocimiento -- que viajaban a Angola, pero en el conocimiento figuraban "piezas de automóviles". Las armas las había pedido la empresa estatal angolana Simportex a la empresa estatal ucrainiana Rosvooruzheni (que hace poco fue rebautizada Rosoboroneksport).

Portugal, que también es miembro de la Troika, ha firmado un pacto militar con (el "Gobierno" de) Angola. Únicamente los EE.UU., que son el tercer socio de la Troika, no mantienen relaciones militares formales con Angola.

Además, existen compras encubiertas de armas que el "Gobierno" financia mediante la venta de petroleo.

Cuando en 1996 cayó el precio del petróleo, se ajudicaron concesiones de perforación de aproximadamente $870 miliones de US-dolares a las multinacionales petroleras BP, Exxon, y Elf. Hay que saber que solamente los grandes entre las empresas multinacionales son técnica y financieramente capaces de operar los proyectos de agua profunda, por su alto costo. Según informó el ministro de relaciones exteriores angolano, los ingresos de las concesiones estaban "destinados para la guerra". Angola y Eslovquia en abril del 2000 firmaron un Pacto de trueque: Armas en cambio a Petróleo. Entra las compras eran seis bombarderos SU-- 22 y una cantidad desconocida de tanques T-- 72.

Estos tráficos con armas constituyen solamente una prueba más por la falta de interés de la Comunidad Internacional en verdaderamente resolver el conflicto en Angola. La tragedia de este hermoso país no solo es una acusación dirigida a la clase política de Angola a la que pertenecen víctimas y victimarios, sino también dirigida a las autoridades y agencias internacionales que son los responables por crear la Paz y por imponer los Derechos Humanos. Alex Vines, el experto británico en asuntos angolanos, tilda de "pantomima grotesca" el proceso de pacificación de Naciones Unidas. Según él, a partir del Pacto de Lusaka, "Angola" equivale a una pieza teatral sobre la guerra, pero a la vez, afirma, "Angola" ofrece el escenario a grandes espectáculos de "paz" que alternan entre tragedia y farsa. Por su falta de recursos personales y financieras, las NN.UU. no estaban capaces de controlar u orientar el proceso hacia una tregua o un armisticio. !Todo lo contrario!

En lugar de un desarme general, siguen ingresando a Angola grandes cantidades de la nueva generación de armas. En lugar de realmente quitar las armas a los soldados y acantonar a los desarmados en campos vigilados, los únicos jóvenes que se pueden tildar de "desarmados" resultaron unos "soldados" auxiliares reclutados a la fuerza, los incapaces para el combate y los ex-- soldados dados de baja y declarados inútiles. En lugar de desmovilizar el ejército progresivamente, paso a paso, los militares se reorganizaron, nuevos grupos de combate se formaron y se contrataron nuevas tropas mercenarias privadas -- en ambos lados.

En lugar de implementar el proyecto de subordinar todo el territorio angolano a la autoridad suprema de un gobierno de transición en Luanda que debía también nombrar e incluir políticos y generales de UNITA, Angola permanece hasta hoy partida en Dos Naciones de las cuales una obedece a los comandos del cuartel general militar de UNITA, la otra al "Gobierno". Peor es que en regiones apartadas y marginales las decisiones no dependen ni del "Gobierno" en Luanda ni del cuartel general de UNITA sino de los individuos armados que en este momento pasan por allí, por (mala) suerte y por azar. Peor es que no existe la libre circulación para personas y mercancías, que es y sería la condición previa para que la angolana llana y el angolano sencillo puedan dedicarse al comercio, puedan regresar a su casa o puedan buscar trabajo. Siguen existiendo bloqueos armados de las calles y rutas que impiden que el pueblo angolano sea libre para elegir. El bandolerismo, muy extendido, obliga a la gente a la inmovilidad. Ni hablar de combates militares, de escaramuzas, de campos de minas que traen la muerte.

Las maneras para quitarle la base a la Guerra, para terminarlo de una vez y para siempre, serían

  • el voto democrático,
  • un tratado de paz,
  • una fuerte presencia de las Naciones Unidas,
  • sanciones,
  • un ocasional apriete del torniquete por el Pentágono o el Ministerio de Relaciones Exteriores de EE.UU. o el Fondo Monetario Internacional IMF u otras agencias en Washington.

Lastimosamente, los esfuerzos en este sentido hasta ahora no dieron resultado. La ineptitud de la Comunidad Internacional se revela sobre todo en su falta de monitoreo de las violaciones de los Derechos Humanos. Dice Vines que las Naciones Unidas a propósito mantienen inefectivo su departamento de DD.HH para no poner en peligro el llamado "proceso de paz". Para Vines esto es solamente otro capítulo más de la "pieza teatral llamada Angola" (tragedia y comedia) que le obliga concluir que la falta de una espina dorsal en las Nacio-- nes Unidas tiene la culpa por el clima predominate del desacato a y menosprecio por los derechos fundamentales del ciudadano. Al empeoramiento de los DD.HH. contribuye, además, que está ampliamente difundida una "cultura de la IMPUNIDAD".

La sobria conclusión de Vines es la siguiente: " Parece que, a pesar de múltiples cambios, combinados con sanciones de las NNUU contra UNITA, en última instancia ninguno de los dos bandos se deja impresionar por presiones provenientes de las NN.UU. u de otra "Autoridad internacional". La Guerra en Angola ya ha traspasado las fronteras de este país africano, y esto hace mucho. Desde agosto del 1998 se estacionan tropas angolanas en la República Democrática del Congo (ex-- Zaire) para acudir en socorro del amigo y jefe de estado Kabila. En la vecina república del Congo (Brazzaville), mediante un golpe militar de estado, llevaron al Poder un régimen hóstil a UNITA. Mediante estas intervenciones trataron de ganar el control sobre las vías de reabastecimiento y avituallamiento del enemigo UNITA.

Desde diciembre del 1999 hasta mayo del 2000 el Norte de Namibia era la zona en que las tropas angolanas se desplegaron y concentraron contra la UNITA -- con el consentimiento del gobierno de Namibia. La UNITA hizo ataques de represalia contra asentamientos y bases del ejército namibiano. Se incendiaron cabañas y muchos habitantes de las aldeas norteñas huyeron hacia el Sur, cruzando la frontera de Botswana: de ello la vida comercial, que recién después de la Independencia había comenzado a florecer, llegó a paralizarse nuevamente, y las escuelas cerraron. Debido a los combates unas 7.000 personas huyeron del Sur de Angola hacia Namibia Central. Las tropas namibianas intervinieron en combates incluso en territorio angolés.

Ni el país vecino de Sambia logró mantenerse neutral en el conflicto intraangolano. Más de 180.000 angolanas y angolanos lograron refugiarse en Sambia. " Muchas de ellas llegan mutiladas de las minas, algunas incluso ciegos. Entre ellas muchas mujeres y ancianos que ya no están en condiciones de atenderse a sí mismas."estas son las palabras del Ministro de Relaciones Exteriores de Sambia después de inspeccionar las regiones fronterizas. Las tropas de la UNITA rastrean las zonas contiguas a la frontera en busca de refugiados jóvenes en la edad de pelear.

Las luchas en Angola, al igual que las luchas en el Congo, inquietan porque caracterizan el aumento paulatino de la militarización en el Sur del Africa. En el peor de los casos, esta evolución negativa podría convertir en sueños e ilusiones todas las conferencias en que se discuten una futura comunidad del desarrollo regional y una integración regional. En Angola los combates siguen con la misma dureza, alternando entre la guerra convencional, la táctica de guerillas y verdaderas guerras de trincheras. Cada par de meses los reclutas nuevos reciben su orden de incorporarse a las filaspor radio. De una población de doce millones, más o menos cuatro millones de personas día tras día son directamente implicados en los actos bélicos.

Por ahora llegan a casi dos millones las personas que en su mismo país vegetan de refugiados. Miles y miles de Angolanos han huido cruzando las fronteras hacia los países vecinos.

De las Grandes Potencias apenas se puede esperar que reducen la intervención, que cedan, que busquen compromisos: son demasiado grandes sus beneficios que sacan de una guerra que ellos mismos sostienen y mantienen viva. Al igual que en muchos otros países, así también en Angola las esperanzas de la Población se dirigen hacia las organizaciones de la Sociedad Civil, y estas se manifiestan de modo más y más "audible". Las esperanzas se dirigen a las iglesias, los sindicatos y los medios independientes, pensando que ellos van a apoyar a los que sufren, que ellos van a resolver los conflictos. Y, en realidad, las iglesias, los sindicatos y los medios independientes podrían desempeñar este papel positivo, pero sería más fácil para ellos si la comunidad internacional al menos tomara nota de su existencia.

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