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Okinawa: Isla militarizada

Por Dr. Masami Kawamura

Okinawa, la prefectura más meridional de Japón consiste en unas 160 islas con una población de aproximadamente 1.4 millones de habitantes, es conocida como kichi no shima, o islas de bases militares. Mientras supone solo 0.6% de la superficie de Japón, el 74% de las bases militares estadounidenses en el Japón se concentran en esa prefectura. Actualmente, se está produciendo la militarización adicional de Okinawa, a la que la gente de Okinawa se esta oponiendo fuertemente. Con un breve trasfondo de la militarización de Okinawa, me gustaría resaltar dos sucesos recientes: la construcción del aeropuerto militar estadounidense en el área Henoko/Oura Bay y la construcción de seis helipuertos en Takae, en el Bosque de Yanbaru.

Precedentes

Durante la fase final de la Segunda Guerra Mundial, Okinawa se convirtió en un campo de batalla feroz. La Batalla de Okinawa mató a miles de sus habitantes y destruyó el medio ambiente del cual su gente vivía y dependía. Después de la guerra, Okinawa se situó bajo una ocupación militar del gobierno de los Estados Unidos durante los 27 años siguientes. En la década de los 50, cuando la Guerra Fría se intensificaba, empezó la construcción de la base militar estadounidense en Okinawa. Con “bayonetas y excavadoras”, el gobierno militar estadounidense confiscó las tierras de los habitantes de Okinawa y las convirtió en bases militares y campos de entrenamiento. Desde entonces, los entrenamientos y las operaciones del ejército estadounidense han estado amenazando y violando la seguridad y los derechos humanos de los habitantes de Okinawa y también degradando su medio-ambiente, incluso después de que Okinawa haya sido reincorporada a Japón en 1972.

En 1995, la violación de una chica de Okinawa por parte de un soldado estadounidense indignó la gente en Okinawa, y parecía que Okinawa iría hacia la desmilitarización. En muchas partes de Okinawa se hicieron protestas en contra de las bases militares estadounidenses, y se convocó un referéndum prefectural para hacer un llamado a la reducción de la presencia del ejército estadounidense en Okinawa. Como reacción a la situación que estuvo al punto de estallar, los gobiernos de Japón y de Estados Unidos establecieron el Comite Especial de Acción en Okinawa (SACO, por sus sílabas en inglés), para “reducir la carga”.

El SACO propuso varios planes, incluyendo la devolución de la Estación Aérea del Cuerpo de Marines de Futenma en el área densamente poblado de Ginowan y la devolución de la parte más grande del Área de Entrenamiento Norte en el bosque de Yanbaru. Esos planes, sin embargo, conllevaban condiciones que, efectivamente, llevarían a la militarización y destrucción medioambiental adicional.

La construcción de la base militar estadounidense en la Bahía de Henoko/Oura – hábitat de la especie en peligro de extinción dugongo

En 1996, el Reporte Final de SADO propuso el traslado de la Estación Aérea del Cuerpo de Marines de Futenma de la poblada area de Ciudad de Ginowan a la parte norte de la Isla de Okinawa. En 1997 Henoko, en la ciudad de Nago, fue anunciada como el lugar de reubicación.

Henoko y su adyacente Bahía de Oura son unos de las áreas más ricas en cuanto a la biodiversidad en Okinawa. El dugongo de Okinawa, una especie en peligro, los excepcionales corales azules y muchas otras especies poco comunes habitan en el área. Además, la vida de las comunidades locales está estrechamente conectada con su medio ambiente. La construcción y uso de esta base hubiera tenido impactos tremendos sobre el medio ambiente y las comunidades.

El plan de construcción, pues, se enfrentó de inmediato con la oposición local muy fuerte. Desde entonces, la gente de Okinawa ha estado oponiéndose vehemente al plan, organizado marchas de protesta, peticiones y sentadas. En este momento, el gobernador de Okinawa Hirokazu Nakaima y los alcaldes de todos los municipios en Okinawa están en contra de este plan, y de cualquier otro en el que el sitio de reubicación estuviera dentro de la prefectura.

La oposición de Okinawa al plan de construcción también ganó mucho apoyo internacional. Las recomendaciones y las resoluciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) exigieron que los gobiernos de Japón y de Estados Unidos trabajaran juntos para completar la Evaluación de Impacto Ambiental, y para que crearan un plan de acciones apropiado para la conservación de dugongo. En el “pleito de dugongo” en 2008, la corte federal estadounidense falló que el Departamento de Defensa de Estados Unidos había violado la Ley Nacional para la Conservación Histórica, que protege la vida y la cultura de los pueblos indígenas.
Los gobiernos de Japón y de Estados Unidos aún siguen con su plan a la fuerza, y el plan de construcción se encuentra ahora en su fase crucial y definitiva. En mes de marzo de este año, el gobierno japones envió su petición al Gobernador de Okinawa, Hirokazu Nakaima, en la que reclama las aguas de las bahías Henoko y Oura para la construcción de la base. Se espera que el Gobernador Nakaima tome una decisión sobre la solicitud en diciembre de este año o en enero del año que viene.

La gente de Okinawa se está involucrando en las campañas para ayudar al Gobernador Nakaima a mantener su actitud actual sobre el plan de construcción de la base y a decir “no” a la solicitud de reclamación (vease el artículo de Jon Mitchell sobre la campaña de postales “Campaña para prevenir otra Batalla de Okinawa http://www.japanfocus.org/events/view/186). Adicionalmente, durante la vista pública de los documentos de la solicitud del gobierno, el gobierno prefectural de Okinawa recibió 3576 cartas, incluyendo algunas de otros países, en las que se expresaban la oposición al plan de construción.

Construccción de helipuerto militar de EEUU en Takae

El Reporte Final de SACO en 1996 también propuso la devolución de la parte más grande del Área de Entrenamiento Norte de la Isla de Okinawa, con la construcción de nuevos helipuertos en el resto del Área de Entrenamiento Norte, como condición para su devolución. Sin embargo, en 1999, el área de Takae, una comunidad pequeña de 160 personas, fue declarada el sitio de construcción.
La población local, las ONG, cientificos, expertos y organizaciones internacionales, incluyendo la UICN, empezaron a exigir al gobierno japonés que reconsiderara su plan de construcción.
El bosque Yanbaru es una de las áreas más ricas en biodiversidad en Japón. Es hogar de más de 1000 especies de plantas superiores y de 5000 especies de animales, incluyendo muchas especies autóctonas y endémicas como por ejemplo el pájaro carpintero de Okinawa y el rascón de Okinawa que están en peligro de extinción. Sin embargo, el 30% del bosque está siendo utilizado como área del entrenamiento militar del ejército estadounidense, y ya existen sus 22 helipuertos en este área de entrenamiento. La construcción y el uso de estos nuevos helipuertos seguramente crearían un peligro considerable y causarían un impacto adicional al Bosque de Yanbaru y la comunidad Takae.

Se debería destacar que el gobierno de Japón también viola los derechos humanos de los residentes de Takae y de la gente que los apoya. El gobierno puso el Pleito estratégico contra la participación pública de personas que llevaban a cabo protestas pacificas. La corte del distrito de Naha ordenó el 14 de marzo de 2012 a uno de los demandantes que parara su protesta de sentada, y así aprobó partes de los argumentos del gobierno de Japón. “La Sociedad de Residentes de Takae en Contra de Helipuertos”, un grupo de residentes de Takae y sus abogados, apelaron la corte superior el 27 de marzo de 2012.

La apelación fue declinada el 25 de junio de 2013. A pesar de la injusta decisión judicial, los residentes de Takae y sus partidarios siguen luchando y apelaron a la Corte Suprema el 5 de julio, exigiendo justicia para su derecho de vivir en paz y ejercer su libertad de expresión.

Conclusión

Las acciones de la gente de Okinawa para salvar Henoko y Takae no son sólo de oposición a las bases estadounidenses y de protección del medio-ambiente. Los habitantes de Okinawa exigieron a los gobiernos de Estados Unidos y de Japón a no privarlos de su derecho a dejar lo que ellos llaman La Isla de la Paz, con sus tesoros de biodiversidad, a las futuras generaciones, en vez de dejarles un legado de islas militarizadas.

Masami Kawamura es Director de Politica y Justicia Medioambiental, Red Ciudadana para la Biodiversidad en Okinawa