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El miedo, señal de que estamos vivos

Roberta Bacic

Cuando me pidieron que escribiera sobre este asunto, crucial en la resistencia contra la dictadura en Chile, no pensé que fuera difícil compartir parte de la experiencia. La experiencia de vivir con miedo y hablar sobre cómo administrábamos este miedo en el ámbito personal y social. Pero no ha sido nada fácil. Mi experiencia de miedo ha vuelto a resurgir y he tenido que volver a enfrentarme a él.

El hecho de que Pinochet estuviera en Londres y se le permitiera regresar a Chile para acabar sus días en la más absoluta impunidad sin ser llevado a juicio ha sido el detonante de una serie de procesos internos y ha estimulado una necesidad de evaluar la forma con la que nos enfrentamos al miedo durante la dictadura. Mis reflexiones han sido sobre cómo lo afrontaría ahora. Voy a intentar compartir con vosotros esto que sigue estando presente.

El miedo es una EMOCIÓN que funciona como instinto de supervivencia. Nos permite ser conscientes de que estamos en PELIGRO. Por esta razón, debemos examinar nuestros miedos para hacerles frente y ocuparnos de ellos. Hacerlo debidamente puede aportarnos una experiencia muy enriquecedora. Fracasar en el intento, en cambio, puede desalentarnos. No podemos esperar vencer ni superar el temor. Pero sí desarrollar la habilidad de no caer en el pánico, de vivir con nuestro miedo y utilizarlo de modo constructivo para acercarnos al cumplimiento de nuestros objetivos. En mi caso, se trataba de detener la dictadura y luchar por una sociedad más justa.

En las ocasiones en las que he compartido esta experiencia con grupos de derechos humanos y de acción con los que he colaborado, recordaba un pasaje de una historia que puede resultar útil para comprender lo que intento expresar con palabras:

- Y al chico le temblaron las rodillas cuando se percató de que se había perdido en el bosque. Así que se dijo a sí mismo en voz alta:

- ¡Vete, miedo!

Las piernas le siguieron temblando, y
gritó:

-¡Vete, miedo! ¡Déjame!

Y entonces siguieron temblándole las
piernas, pero tan sólo por el frío.

(De La piedra arde, por Eduardo Galeano. Gráficas Ortega. S.A. Salamanca, España, 1983.)

*En circunstancias en las que nos encontramos al límite y percibimos riesgo, es muy posible que aflore el miedo como respuesta, y debemos combatirlo. ¿A qué tipo de circunstancias me refiero? A aquellas en las que vivimos con inseguridad y angustia, sensaciones que pueden fundirse, como sucedió durante la dictadura en mi país o en situaciones de guerra: miedo a ser arrestado, denunciado, torturado, atrapado en una reunión ilegal, traicionado, etc. El miedo puede manifestarse como una respuesta a lo desconocido (consecuencias de un arresto) o a lo conocido (una amenaza telefónica concreta).

Miedo: componentes y consecuencias.

  • El miedo, como mecanismo, puede actuar como impulso para protegernos a nosotros mismos o a otros, o como una inhibición. Por lo tanto, el miedo no es necesariamente negativo, sino que actúa como un mecanismo de defensa que nos permite tomar precauciones para abordar situaciones peligrosas o amenazadoras. Sin embargo, también puede llevarnos a la parálisis, la obsesión y los sentimientos de culpa. Crea un estado general de alerta, la sensación de que siempre nos encontramos al límite o bajo presión por lo que pueda suceder.
  • Nos hace sentir vulnerables y desprotegidos; que pueden hacernos daño.
  • Podemos sentirnos impotentes, incapaces de actuar ante circunstancias difíciles, o que lo que nos ocurre no depende de nuestros actos, sino que escapa a nuestro control.
  • Incluso podemos sentir una noción de la realidad deformada. Es posible perder la noción de dónde radica el temor, o si éste existe; o puede aparecérsenos de manera confusa, de modo que incluso no seamos capaces de percibir lo que ocurre a nuestro alrededor o en nuestro interior.
  • a mejor manera de tratarlo es afrontarlo en situaciones extremas. Para nosotros resultó de gran ayuda compartir con miembros de un grupo el miedo y distintos métodos de abordarlo. Estos son algunos de los recursos que nos parecieron de utilidad:
  • Tener una actitud activa ante el miedo. Si no hacemos nada para enfrentarnos a la angustia que crea, aumentará y seguramente consumirá nuestras energías cuando intentemos controlarlo. Hay dos maneras posibles de luchar contra la angustia. Una consiste en hacerlo directamente, lo que significa abordar las situaciones que la causan. Si no podemos eliminarla, entonces podremos hacer algo en su contra, como tomar precauciones, etc. La otra sería afrontar las consecuencias, intentando mantener el control de la situación y evitar comportamientos impulsivos. Por ejemplo, si tenemos que aceptar que la policía puede detenernos en el transcurso de una manifestación, podemos tratar de dominar el miedo decidiendo de antemano el comportamiento que tendremos ante los agentes de policía si éstos nos hacen frente. Si este método no funciona, podemos intentar imaginar y prepararnos para lo que podemos hacer si nos torturan tras el posible arresto.
  • Dar solución a nuestros miedos. Implica abordarlos de distintas maneras y siguiendo varios pasos:
    1. Reconocer el miedo, es decir: tener conciencia de que uno teme y que podemos expresar lo que sentimos y pensamos acerca de ello.
    2. Analizar el miedo, para valorar riesgos y posibles consecuencias.
    3. Compartirlos con otras personas para superar la baja autoestima por sentir temor.
    4. Dividir el miedo en sus componentes. Un ejemplo sería decidir dentro de un grupo cómo actuar si la policía arrestara a algunos pero no a todos los participantes de una protesta, o cómo abordar la violencia dirigida a activistas.
  • Evitar posturas rígidas frente al miedo. Con mucha frecuencia, tendemos a negar que existe o intentamos esconderlo y a veces actuamos como si no existiera. Ninguna de esas opciones nos ayuda demasiado a avanzar en nuestras acciones o a tratar la existencia del miedo.
  • Compartir los sentimientos y las emociones que surgen del miedo ayudará a comprender el profundo compromiso que tenemos con nuestras luchas, así como las motivaciones que los individuos tienen para unirse a nosotros.
  • En último lugar, pero no por ello menos importante, debemos mencionar la necesidad de fomentar la solidaridad. El sentimiento de pertenecer a un grupo, de vivir y sobrevivir en situaciones extremas, no de manera aislada sino como miembro de un grupo u órgano, es un recurso fundamental para nuestra lucha. Nos sentimos corresponsables de nuestros avances y nuestros fracasos.

En último lugar, me gustaría añadir que organizábamos talleres sobre este asunto que resultaron increíblemente útiles. Uno de los recursos clave ha sido el libro Salud mental: La comunidad como apoyo, escrito por Carlos Martín Beristain y Francesc Riera tras su experiencia de trabajo en El Salvador y Guatemala durante una intensa represión.

Roberta Bacic forma parte del personal de War Resisters' International.

Traducido por Carlos García Vico.

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