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'Definiendo simbólicamente el espacio: la "malla de la vida" de Cacarica'

A finales de los años 90, los afrocolombianos que vivían en Bajo Atrato fueron desplazados a la fuerza por los grupos militares y paramilitares, que tenían el doble objetivo de establecer el control militar y explotar el territorio. La población desplazada vivió inicialmente en refugios, pero con el apoyo de organizaciones locales e internacionales, empezaron una campaña de retorno a sus tierras. Reagrupándose, formaron CAVIDA, Comunidades de Autodeterminación, Vida y Dignidad, y vivieron juntos en dos asentamientos.

CAVIDA nutrió un prolongado proceso de resistencia. Uno de sus objetivos fue impedir el acceso de militares y paramilitares a los asentamientos. La comunidad levantó una valla rodeándola, con pequeños postes de madera y tres únicas tiras de alambre de espino de poco más de un metro de altura. La llamaron "malla de la vida". Parece un frágil obstáculo enmedio de un conflicto armado en la jungla con cientos de soldados rodeándolos. Pero la valla, a pesar de su debilidad estructural, se convirtió en un punto de referencia para el ejército, que frecuentemente se refería a ella diciendo que cuando se le ordenara hacerlo, entraría y la retiraría. Todo ello desde fuera de la valla.

La valla se percibía como una realidad y como un problema, no un detalle insignificante. El control del acceso que proporcionaba era simbólico, pero representativo de un espacio de resistencia que había adquirido la comunidad. La valla adquirió significado al ser reconocida por los que estaban al otro lado de ella, y a cambio, alimentó la noción de un espacio comunal, para los que estaban a un lado y al otro de la valla.

La gente siguió siendo el blanco de presiones y ataques, y se mantuvo el riesgo de nuevos desplazamientos. Sin embargo, como una táctica dentro de una ambiciosa estrategia, la malla de la vida ofreció un símbolo del espacio seguro por el que la comunidad había estado luchando.

(de "People Power", editado por Howard Clark, capítulo escrito por Luís Enrique Eguren)