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Vivir es resistir

Carta de Ossi, Vicepresidente de la IRG

Soy Ossi. Como la mayoría de vosotros/as sabeis, estuve en la cárcel debido a mi objeción de conciencia al servicio militar en Turquía.

Durante los dos años que estuve en las prisiones, cuarteles y oficinas de reclutamiento, mi situación legal no ha mejorado mucho. Todavía "pertenezco al ejército", lo que significa que en realidad soy un desertor y puedo ser encarcelado de nuevo en cualquier momento. Por otra parte, a los militares no les gusta encarcelarme, porque ello continuaría la confrontación - sin vencer mi voluntad.

Mucha gente me pregunta si vale la pena pasar por todo eso. ¿No es esta acción un simple martirio? En vez de usar argumentos políticos, me gustaría contestar con una historia simple tomada de mi vida diaria en prisión.

Cuando llegué por primera vez a la prisión militar en Eskisehir en Noviembre 1997, me pusieron en una habitación con 12 personas. Yo era el único que no llevaba uniforme (lo rechacé y les recordé a las autoridades de la prisión mi huelga de hambre en la Prisión Militar de Mamak, Ankara). Mis compañeros de habitación estaban prevenidos acerca de mí. Después de dos días de conocernos, todo fue silencio conmigo.

Después de un tiempo, yo me di cuenta que el vacío contra mí era responsabilidad sobre todo del líder de la habitación. Él habia estado ya dos años en la cárcel por matar a alguien (por razones económicas). Llamémoslo "Ahmet". Para mí fue muy difícil vivir con ese stress social. Yo estaba acostumbrado a resistir las autoridades, pero ¿cómo puedes vivir en una habitación pequeña llena de gente que no quiere compartir contigo ni una simple palabra?

En un mes me soltaron. Sin embargo, pronto volví. Esta vez mis compañeros de habitación estaban sorprendidos, porque vieron que mi estancia allí no era coincidencia. Ellos se dieron cuenta de que yo era serio acerca de la objeción de conciencia y que yo había elegido estar allí.

Ahmet tenía dificultades en aceptarlo y empezó a discutirlo conmigo. Después de un tiempo llegamos al punto de vivir pacificamente juntos. Aunque nuestros pensamientos estaban en conflicto, empezó a respetarme, hasta llegar a un especie de amistad. Observando mi conducta en prisión, Ahmet trataba de entender mejor mis principios. Entonces empezamos a discutir, de una manera más relajada, ética, religión, antroplogía, historia, nacionalismo, psicología y todo eso. Él leía los libros que me traían mis amigos y un día uno de esos libros actuó como una explosión dentro de él.

Después de casi dos años de conocernos, su proceso de cambio se aceleró. Entonces paso a paso la vida en prisión empezó a cambiar. Ahmet era responsable de la comunidad de 12 hombres, pero no quiso continuar en esa posición. Por otro lado cada uno estaba acostumbrado a vivir con esa estricta jerarquía. Ahmet no se podía retirar porque nosotros sabíamos que la situación se volvería peor. Nosotros - todos juntos - paulatinamente tratamos de crear una atmósfera más humana y democrática. Esto fue difícil, porque la gente que está acostumbrada a ser gobernada interpreta esto como una señal de debilidad. Pero lo más importante para mí es haber conocido a Ahmet, haber observado el proceso por el que pasó. Tener un ejemplo real de como alguien puede cambiar. Cuando finalmente me soltaron, él había estado en prisión por 4 años y le quedaban 13 para salir. Ahora trato de no perder contacto.

Naturalmente esta historia no es toda la respuesta y yo no decidí ser objetor de conciencia para conocer a alguien como Ahmet - pero esta experiencia y muchas otras me han enseñado una y otra vez que vale la pena insistir en ser tú mismo y seguir tu voluntad. No he tenido el sentimiento de que he estado tiempo en prisión sin propósito. Por el contrario, esos años me han dejado claro: vivir es resistir.

Me gustaría finalizar con unas pocas palabras para los/las activistas de la IRG y Amnistía Internacional, los/las cuales me han demostrado su solidaridad a lo largo de estos años. Nunca recibí vuestras cartas, pero cuando era claro que el ejército estaba interrumpiendo mi correspondencia, mi grupo, la Asociación de Resistentes a la Guerra Izmir, empezó a guardarla. En justo tres meses, más de 2.500 cartas llegaron a Izmir. Aunque no las pude leer, mis amigos/as me contaron de ellas. Después de salir de prisión, una de las primeras cosas que hice fue mirar toda esa montaña de cartas. ¡Nunca terminé! Así que, muchísimas gracias por estar conmigo.
Un saludo de Ossi (Osman Murat Ulke), Vicepresidente de la IRG