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Salen del closet

En tiempos de golpe de estado parlamentario afloran los machos de florero, todo se vuelve heroico y varonil; entre golpeados y golpeadores, nadie quiere ser el marica de la historia, todxs somos hombres según lo que se impone como conflicto oficial. Mucha bandera, mucho himno, mucho grito y mucha orden, todo muy marcial. Por suerte la resistencia es rara y se resiste a tan hierática masculinidad y militarismo, de derechas a izquierdas, y prefiere el humor, el abandono, la risa, el descuido, la no colaboración, el dar el culo antes que dar por culo, la cosquilla y el desarme. Resistimos y nos negamos a ser héroe o heroína, a menos que venga en jeringuilla

En nuestro Paraguay post golpe, la situación térmico política ha hecho que en una temporada fría, repentinos golpes de calor hayan hecho a muchos salir del closet. Si la idea de “salir del closet” habla de verdades, de poder, de relaciones y al mismo tiempo habla de imposturas, de ocultamientos, de disfraces y de como presentarse en la dinámica de las redes y construcciones sociales, ese término “salir del closet” debería ser aplicable también a los contextos no queer, kuirzándolos.

Nuestra sociedad paraguaya, jerarquizada y jerarquizante, dominada y dominizante, estigmatizada y estigmatizante, como todas juega a la perfección terminada, obligándose por ello a mantener lo errático y erróneo, lo desviado, lo imperfecto, lo anormal, lo abyecto, en las tinieblas del closet, medio a la fuerza, medio a la buena. Lo que se oculta es lo que escapa de manera irremediable a la normalidad del consenso forzoso de lo tolerablemente admisible para todos. Esa normalidad es estadística, propositiva y simbólica. La normalidad se estable a partir de consensuar un “justo medio” simbólico que sería lo ideal de cada contexto histórico, político, social, genérico. Un juego de influencias permite expandir, a partir de ese justo medio ideal los bordes de la normalidad incluyente. Así, las negociaciones simbólicas permiten en ciertos momentos incluir lo que en otros se ha excluido.

La llegada de Fernando Lugo al poder ejecutivo de Paraguay permitió renegociar los bordes e incluso el justo medio simbólico de la normalidad paraguaya. Cierta escena LGTBI alcanzó no sólo visibilidad, sino el grado de “objeto de deseo” político por parte de los partidos, especialmente por los de la izquierda [1]. Esta normalidad heterocéntrica y familiocéntrica se nucleó en torno a la idea de “tolerancia” y a la de “aceptación”. Los bordes se ampliaron por la izquierda y por abajo, más o menos a la altura de los genitales, siempre y cuándo no se fuese muy escandaloso con ese tema. Esos mismos bordes se redujeron por la derecha y por arriba: La iglesia puede opinar todo lo que quiera, pero de volver a ganarse la influencia sobre el ejecutivo.

Retrotraer esa normalidad al escenario anterior, con un “justo medio” más reaccionario y conservador formó parte de la agenda de lucha de las organizaciones fundamentalistas cristianas, especialmente las católicas. Marchas provida, antiabortista, lobby parlamentario contra propuestas de leyes de salud sexual y reproductiva, entrenamiento de activistas provida por sus pares yanquis, manifestaciones anti LGTBI fueron parte del abanico de esfuerzos de la derecha fundamentalista para volver al momento anterior.

Para compensar los bordes retrotraídos para el conservadurismo por la izquierda y abajo, el ejecutivo estableció una fuerte agenda militarista que fortaleció a la derecha por el medio y los pies: entrenamiento policial y militar en manos de los ejércitos y contraguerrilla yanqui y colombiana, operativos militares de larga duración en la zona norte del país, histeria anti secuestros y anti guerrillera fomentada desde el ministerio del interior y amplificada por los medios masivos (invasivos) de comunicación, en manos de la derecha ellos también. Campesinos presos injustificadamente, criminalización de los movimientos sociales y campesinos, miedo, tortura terror, abuso y corrupción se instalaron en la zona norte del Paraguay de la mano de la policía y las fuerzas armadas. En el resto del país, la participación izquierdista en el gobierno permitió desmovilizar de modo amable a los movimientos sociales.

En el transcurso del último año, aspectos fundamentales de este escenario cambiaron: algunos movimientos sociales, viejos y nuevos, recuperaron la voz y la acción y salieron a la calle a movilizarse sin esperar que el gobierno gestionase por ellos la solución a sus problemas. El ministerio del interior fue cedido a un ministro progresista y que cierta afinidad tenía con los derechos humanos. Desde ahí en manos, la derecha dura impulsó una vuelta radical al escenario anterior. La matanza de Curuguaty vino a facilitarles el camino: primero Lugo puso a un derechista y recalcitrante anti izquierdista como ministro del interior, dándose una suerte de autogolpe y luego, para cerrar el círculo, el parlamento destituyó al presidente, instalando al provida y antiLGTBI vicepresidente a cargo del ejecutivo.

Este escenario, de golpes apenas disfrazados, de solución a la fuerza de los problemas políticos, de reestructuración del cuadro político del país hacia la derecha, ha permitido que el justo medio de la normalización y los bordes de inclusión sean modificados... hacia la derecha. Las semanas posteriores al golpe hemos visto como Salen del closet, los derechistas.

El golpe de estado parlamentario del 22 de junio de 2012 y sus consecuencias han permitido un desplazamiento de la normalidad simbólica social y lo que esta permite. Debido a eso han aflorado los discursos xenófobos, homófobos, transfobos, lesbófobos... toda la gama y en todo el espectro de la discusión política, demostrando como los cambios en la normalidad simbólica impuesta afectan a todo mundo relacionado a ese cambio. Al discurso agresivo e intolerante de la derecha, le responde un discurso preferentemente intolerante y agresivo de la izquierda. Al patriotismo y machismo de la derecha, la izquierda se presenta más patriota y masculina. En el mundo gay esto da pie a puestas en escenas muy complejas: se puede ser “puto” , pero desde la lógica de una resistencia encarnada en lo masculino hétero.

Salen del closet, entonces, los fascismos personales, los microfascismos, los fascismos de vecindario puestos que encuentran un correlato en el gran fascismo que el nuevo gobierno, vergonzosamente, muestra como imagen en construcción. Por ejemplo, para la fiesta nacional del 15 de agosto ya se anuncia un desfile “patriótico” por un Paraguay libre, soberano e independiente, que se hará forzando a lxs alumnxs de los colegios y sus profes a asistir. El concepto soberano es una palabra clave en la disputa semántica que la derecha va ganando, ese concepto esconde xenofobia, militarismo, machismo, heroísmo guerrerista, referencia al martirologio paraguayo y la derecha la ha impuesto a la izquierda, quien ha creado una variante del concepto para definir que habría una soberanía que no esconde esos términos, una buena soberanía.

Salen del closet los fascistas y los fascismos, salen del closet los abusadores y los abusos, prima la prepotencia, la altanería, la discriminación, la persecución. El contexto golpista permite y justifica esa salida fascista y machista del closet.

Pelao Carvallo
en resistencia
Asunción del Paraguay
17072012

[1] Una muestra patética fue cierta alianza entre operadores de un partido de izquierda (pmas) y defenestrados, por transfóbicos, liderillos gays de la comunidad local. Esa alianza volvió a empoderar a esos liderillos transfóbicos y de la mano de la disponibilidad de gestión que ofrecía estar en el poder ejecutivo, terminó por quebrar a la comunidad LGTBI paraguaya... y hoy tenemos que hay diferentes días del orgullo, diferentes manifestaciones, según en que lado de la izquierda se está.