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Liberación y el saqueo de tierra africana

Por Matt Meyer

A pesar de décadas de resistencia civil anti-colonial en África, un pernicioso movimiento de expropiación de tierras sin precedentes desde la conquistas del siglo IXX está adelantándose en el continente a pasos agigantados. A bajo perfil, significativamente más de 50.585,705 hectáreas de tierra desde el año 2010 -más del doble del tamaño de Gran Bretaña- han sido vendidas a inversionistas o gobiernos extranjeros. China e India lideran la lista de compradores, junto con Goldman Sachs y JP Morgan empresas líderes multinacionales saqueadoras. Los países más afectados por recientes ventas incluyen a la República Democrática del Congo, Eritrea y Etiopia. En un informe de Oxfam Internacional, se reportó que en algunos casos, la tierra ha sido vendida por menos de 40 centavos de dólar por media hectárea.

La preocupación por esta peligrosa tendencia ha empezado a llevar a la acción noviolenta al ámbito regional y de base. Dentro de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África y la Unión Africana, se realizó una reunión de jefes de estado en julio de 2009, en Sirte, Libia, bajo el liderazgo de Muammar Gaddafi, donde se propuso un marco para las políticas de tierra en todo el continente. "Una reforma y políticas integrales de tierra para la gente" escribieron, se debe desarrollar y poner en práctica, para que "todos los beneficios políticos, sociales, económicos y medio-ambientales" vayan a "la mayoría de los/as Africanos/as". El problema es que a nivel gubernamental, presidentes y primeros ministros, dirigen sistemas económicos muy diferentes, y han mostrando una similar falta de voluntad para implementar políticas en bienestar de la gente.

Como Michael Taylor, director del Programa de la Coalición Internacional de la Tierra, escribió en su prefacio a "La lucha por tierra en África" (The Struggle for Land in Africa), la nueva regulación, repartida y “cercada” tiene que convertirse "en un vehículo menos para la concentración de la propiedad de la tierra y ser una oportunidad para quienes usan la tierra - mujeres, familias, pastores, inquilinos y sin tierra". La naturaleza histórica de liberalización económica, como lo dijeron Ousseina Alidou, Silvia Federici, y otras/os - rara vez permite ese tipo de progreso social. "Globalización" y la adquisición de tierra de forma globalizada en África, como la asistencia extrajera con sus ataduras y el colonialismo, se han convertido en malas palabras para el continente.

Incluso en el país que muchos han denominado con la mejor ley de tierras de África y con una de las tradiciones más fuertes de un gobierno centrado en la gente, las limitaciones por parte de la dirección estatal en la reforma han sido sorprendentes. La Ley de Tierra de Mozambique de 1997, que trato de equilibrar la necesidad de inversión, con el uso tradicional de pastores de la tierra, y la tradición socialista de control estatal de la tierra, ha tenido una implementación irregular. Aún cuando grandes áreas de tierra siguen siendo controladas por comunidades locales, el proceso de concentración y expropiación de tierra, ha sido cauteloso y descrito como "todavía no irreversible".

A las autoridades internacionales a menudo les ha ido mal y a veces hasta peor - a veces debido a sus propias negligencias. Las infames prácticas divisorias de la Misión de la ONU en el Congo, llevo al investigador Thierry Vircoulon a generalizar correctamente (en otra contribución a La Lucha por la Tierra) que personeros de paz siempre tienen que estar al tanto de las complejidades y tensiones con respecto al asunto de la tierra en cualquier situación de conflicto. En el ensayo con el muy acertado título: "Cuando Grupos Armados tienen una Política de Tierra y los Equipos de Paz No" Vircoulon argumenta que un punto vital es que la tenencia de tierra para "ciudadanos promedio" es un sinónimo del aseguramiento de una paz duradera.

A pesar de que todavía un nivel de organización a gran escala no ha sido parte de la agenda de grupos de base en el Congo, el activista Jacques Depelchin de la Alianza Otabenga expresa que "existen signos de revueltas de personas comunes contra muchas décadas de opresión y despojo" Depelchin sugiere que una nueva ola de conciencia revolucionaria está en el horizonte y reflexiona que tomará tiempo para que la verdadera justicia emerja. A pesar que no escribe explícitamente sobre soluciones noviolentas, sus preguntas van al corazón de la dinámica que está bajo la mayor violencia en el continente. "Cuándo entenderán los ricos," Depelchin se pregunta:

Si los crímenes contra la humanidad fueron cometido en origen de sus riquezas ...Cuándo empezará un diálogo justo y verdadero entre ricos y pobres que aborden el cómo lidiar con la jerarquía dictada por los ricos? Solo así, la sanación de los crímenes contra la humanidad podrá comenzar.

En Mali, país de África occidental, una extraordinaria serie de reuniones y diálogos culminaron en un encuentro internacional de campesinos, pastores y pueblos indígenas, efectuada el 19 de noviembre de 2011, donde se formó la Alianza Global Contra la expropiación de la Tierra. La resolución final del encuentro ofreció un interesante desafío al rol mismo del Estado - nación, al puntualizar que el gobierno pos-independencia de Mali solo ha existido desde 1960. ¿Entonces - se preguntaron - cómo un estado de poco más de 50 años de existencia puede proclamar soberanía y poder legítimo sobre comunidades locales que han vivido en la misma tierra por muchas generaciones? "Claramente estos Estados naciones de cosecha reciente y de tendencia problemática" -dijo la escritora de Pambazuka.org, Abena Ampofoa Asare-, "ignoran las consecuencias políticas de la expropiación de tierra."

Otra iniciativa de base y con un amplio potencial regional e internacional es la campaña Paren/Detengan la Expropiación de Tierra en África (Stop Africa Land Grab). Fundada por el empresario Nigeriano, Dr. Emeka Akaezuwa, el movimiento de base está movido por su gran preocupación a lo largo de la diáspora africana. Sus métodos han incluido una campaña de petición oponiéndose al desarrollo de una "tragedia de proporciones épicas," como también esfuerzos de educación y concientización. Siguiendo un camino similar, el ex director de TransÁfrica, y columnista de Black Commentator, Bill Fletcher Jr, quien ha clamado por una re-conceptualización del "trabajo africano global" como un enfoque de los nuevos esfuerzos para el cambio. Al igual que los organizadores de Mali, Fletcher recomienda que el acaparamiento de Tierra es sintomático de un momento económico caracterizado por la re-estructuración del capitalismo alejándose de centros de lucha basados en la nación. Los movimientos de liberación nacional, mentalmente en el pasado, tienen que dar paso a un Pan Africanismo del siglo XXI, comprometido no sólo con la unificación continental, sino con la justicia económica para todos/as.

El nuevo acaparamiento de la tierra en África, no es nada menos que una re-colonización directa de la tierra contra gente que ya ha sufrido robos, explotación, y opresión, sin precedentes. Un nuevo movimiento se está construyendo, Fletcher correctamente demanda, para que este movimiento pueda lograr una liberación exitosa, tiene que "no sólo abordar asuntos de raza, género, y clase, sino tiene que estar centrado en las necesidades y luchas de los/as trabajadores/as."