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La objeción de conciencia de las mujeres como estrategia de lucha contra el militarismo

Muchas mujeres han trabajado activamentente por la paz, tanto en movimientos de mujeres como en movimientos mixtos. Sin embargo, no se ha prestado especial atención a las mujeres que han optado por la objeción de conciencia como protesta contra el militarismo. La Internacional de Resistentes a la Guerra (IRG) publicó Mujer y objeción de conciencia para hacer que se escuchasen las voces de aquellas mujeres que se declaran objetoras de conciencia. La mayoría de los artículos que se encuentran en esta publicación han sido escritos por mujeres procedentes de diferentes partes del mundo que han declarado públicamente su condición de objetoras de conciencia. El conjunto de textos responden a una gran variedad, tanto geográfica como temporal, desde experiencias anteriores a la Segunda Guerra Mundial en Suecia o durante la misma en Inglaterra, hasta Turquía, Corea, Israel, Eritrea, Colombia, Paraguay y EE.UU. en la actualidad. Por otro lado, los temas recogidos por las mujeres en este libro también son muy variados.

Resistencia con trasfondo feminista

La mayoría de las mujeres que han participado en esta publicación reclaman que se analice la objeción de conciencia desde una perspectiva más amplia. Para ellas, el militarismo va en contra de los valores feministas y choca con los intereses de las mujeres como miembros de la sociedad. Idan Halili fue la primera mujer en Israel que se opuso públicamente a ello alegando razones de tipo feminista, lo cual resultó en una sentencia de cárcel. Idan defendía que el movimiento feminista va en contra de los métodos violentos para la resolución de problemas. El sistema militar perjudica a las mujeres tanto dentro del ejército como en la sociedad en general. Asimismo, afirma que el alistamiento significa la aceptación como parte de un sistema basado en relaciones de poder y control que supone la exclusión sistemática de las mujeres de la vida pública y construye su lugar en la sociedad como personas de segunda, por detrás de los hombres. No le interesa servir en el ejército “como un hombre”, pues no quiere alcanzar un tipo de igualdad que refuerza los privilegios del hombre.

Los argumentos de las otras escritoras van en la misma línea, aunque sus historias y situaciones sean diferentes. Todas ellas relacionan la cultura del ejército con la estructura de poderes jerárquica patriarcal actual. Por otro lado, se oponen radicalmente al militarismo, destacando el daño que éste causa a las mujeres y a la sociedad en general. En Turquía, Ferda Ülker describe la opinión tradicional de las mujeres sobre el militarismo como madres, hermanas, esposas y novias de los soldados. Hilal Demir, también de Turquía, añade que existe el riesgo de que las mujeres se “masculinicen”, al pasar por alto la perspectiva de género dentro del movimiento mixto de la objeción de conciencia. Este aspecto ha de ser analizado teniendo en cuenta el contexto turco, en el que la sociedad está muy militarizada y las mujeres se ven marginadas. De igual manera, en Paraguay y Colombia también hay mujeres que se declaran objetoras de conciencia, pues consideran a las fuerzas armadas como promotoras de una cultura violenta. El ejército mantiene las estructuras de injusticia, abuso de los derechos humanos y explotación de recursos que tienen como consecuencia la pobreza de la mayoría de las personas.

Reclutamiento y feminismo radical

Las historias de las mujeres demuestran por qué el reclutamiento de mujeres es incompatible con el feminismo radical. Las aportaciones procedentes de Israel abordan la cuestión con el caso de Alice Miller, la primera mujer soldado que exigió la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el ejército al aspirar al puesto de piloto de combate. Miller defendía que el acceso a los puestos de combate más importantes, que suele ser una condición previa para aspirar a otros puestos de alto rango en el ejército, permitiría a las mujeres alcanzar posiciones sociales de influencia y, a su vez, contribuiría a reducir su opresión. Las historias de Ruta Yosef-Tudla y Bisrat Habte Micael de Eritrea desmienten que el servicio militar aumente el grado de liberación de las mujeres, a pesar de que éstas se alisten en el ejército en nombre de la igualdad de género.

En esta antología las mujeres también reconocen los abusos sexuales como práctica común en el ejército. Tanto las historias procedentes de Eritrea como las de EE.UU hablan de abusos sexuales. En EE.UU. las mujeres han reconocido abiertamente que han sufrido acoso sexual y violaciones por parte de sus compañeros. Hablando de EE.UU., Joanne Sheehan afirma que si bien muchas mujeres han tenido experiencias traumáticas de acoso sexual, muy pocas quieren hablar de ello, es demasiado doloroso para ellas.

¿Por qué “objetoras de conciencia”?

La pregunta de por qué las mujeres se declaran objetoras de conciencia a pesar de no estar obligadas a servir en el ejército es fundamental en esta antología. La respuesta se encuentra en las organizaciones de mujeres, sus esfuerzos por luchar contra el militarismo y su percepción de la sociedad de la que forman parte. Las historias nos demuestran que las mujeres que forman parte de grupos pacifistas mixtos son las primeras que se declaran objetoras de conciencia, y no aquellas activistas de organizaciones de mujeres, que optan por otras formas de resistencia al militarismo diferentes de la objeción de conciencia.

Las mujeres que forman parte de movimientos mixtos han sentido la necesidad de encontrar su lugar como mujeres, como consecuencia de su percepción del militarismo y sus vivencias como mujeres. La declaración de una mujer como objetora de conciencia nos da la respuesta. La IRG se basaba principalmente en la objeción de conciencia y la insumisión en el sexo masculino. Las mujeres querían formar parte del movimiento pacifista por derecho propio. Así pues, las mujeres de la IRG se declararon insumisas en 1980. Las mujeres estuvieron muy presentes en los encuentros internacionales de la IRG, insistiendo en que el trabajo y la resistencia de las mujeres a la guerra no se basaba simplemente en su interés por ayudar a los objetores de conciencia. Muchas de ellas habían sido víctimas de la invisibilidad en una sociedad predominantemente masculina. En muchos casos, no se había respetado su necesidad de contar con un espacio propio en el que discutir temas desde una perspectiva de género. El análisis feminista muestra cómo tanto la guerra como el militarismo afectan a las mujeres en varias maneras que, en muchos casos, son muy diferentes de las maneras en las pueden afectar a un hombre.

Hilal Demir afirma que tendemos a pensar que el término “objeción” ha surgido en contextos legales como respuesta al servicio militar obligatorio. Continúa su razonamiento explicando que, si las mujeres no tienen que realizar el servicio militar, no pueden objetar a él. Así pues, distingue entre marco legal y un entendimiento más amplio de la objeción. Defiende que las mujeres pueden modificar el significado de términos si los analizan en profundidad. La cuestión es si la objeción de conciencia es la plataforma más adecuada para hacerlo.

Una estrategia de lucha contra el militarismo

Como hemos visto, existen reacciones muy diferentes en los distintos movimientos en los que participan mujeres. Sin embargo, la dinámica interna es sólo uno de los motivos que explican por qué las mujeres se vuelven objetoras de conciencia. Se trata sobre todo de una estrategia dirigida a la sociedad en general. Y es aquí donde se cuestiona si la objeción de conciencia es una buena estrategia para la lucha de las mujeres contra el militarismo. ¿Se trata de un método eficaz para hacer llegar a otras personas el significado del antimilitarismo? ¿O los resistentes a la guerra corren el riesgo de que siga habiendo un problema de entendimiento? ¿Se están perdiendo oportunidades de comunicación porque las mujeres se alejan del movimiento pacifista de base? Quienes han contribuido a la creación de esta antología encuentran más argumentos a favor que en contra de estas declaraciones. Las mujeres turcas defienden que las cuestiones abordadas por las objetoras de conciencia han generado un espacio para el diálogo sobre antimilitarismo. Las mujeres coreanas afirman que las personas que se encuentran fuera del movimiento de objeción de conciencia no entienden por qué las mujeres entran en asuntos militares. No se declaran objetoras de conciencia, sino que han decidido unirse a una estrategia, junto con los hombres, para demostrar el sufrimiento que causa el militarismo, no sólo a los objetores de conciencia, sino también a todo lo que les rodea, incluidas las mujeres.

Así pues, consideramos que las mujeres que han participado en esta antología aportan muy buenos argumentos para declararse objetoras de conciencia. Cynthia Enloe en su prólogo explica cómo las mujeres están investigando abiertamente la presencia del patriarcado en el día a día de los movimientos de objeción de conciencia nacionales e internacionales. Estos movimientos han ayudado a persuadir a algunos hombres para que reflexionen sobre la contradicción existente entre la objeción de conciencia y algunas formas de masculinidad patriarcal.

La mayoría de los ejemplos de mujeres objetoras de conciencia se encuentran en las sociedades más militarizadas. ¿Quiere decir esto que resulta “más fácil” rebelarse contra el militarismo cuando éste está más presente en nuestras vidas, que cuando sus consecuencias son más sutiles? ¿O se trata simplemente de una coincidencia? No podemos estar seguros, pero quizás sea así. Puesto que la militarización de nuestras sociedades afecta tanto a hombres como a mujeres, esperamos que este libro inspire a más mujeres a declararse objetoras de conciencia como parte de una estrategia de lucha contra el militarismo.

Ellen Elster y Majken Jul Sørensen, Internacional de Resistentes a la Guerra