Venezuela: Militarismo y derechos sociales

Rafael Uzcátegui

Durante el pasado mes de abril fue presentado el Informe 2008 sobre la
transferencia mundial de armas realizado por el Instituto
Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), una
organización independiente fundada en 1966 para investigar en torno a
los problemas de la paz y los conflictos mundiales, haciendo énfasis
en la limitación del armamentismo y la promoción del desarme. El SIPRI
se ha convertido en una referencia para el movimiento pacifista
global, por ejemplo la Internacional de Resistentes a la Guerra con
sede en Londres, y sus resultados son utilizados como insumos para
campañas de múltiples organizaciones de base que denuncian el negocio
alrededor del tráfico de armas, así como su relación con las
violaciones a los derechos humanos.

Entre los resultados del informe se encuentran que el comercio
internacional de armas convencionales aumentó un 21 por ciento en el
período 2004-2008 respecto al anterior, cuando se alcanzó el nivel más
bajo en las últimas cuatro décadas. Estados Unidos continúa siendo el
principal exportador mundial, con el 31 por ciento, y más de un tercio
de sus ventas se destinan al Medio Oriente, donde Israel acapara el 13
por ciento de las transacciones, una cifra superada sólo por Corea del
Sur con dos puntos más. El segundo lugar en el ranking de surtidores
de armas lo posee Rusia, con un 25 por ciento de las ventas totales.
Entre los principales clientes del armamento ruso se encuentran China
(con un 42% de las compras) y la India (21%), desarrollando una
agresiva estrategia de conquista de nuevos mercados, lo cual
incrementó en 200% sus exportaciones a África y un 900% sus negocios
con América Latina. El principal responsable de los números positivos
rusos en nuestro continente han sido los acuerdos comerciales con la
República Bolivariana de Venezuela. Según las cifras reflejadas por el
SIPRI nuestro país ascendió del puesto número 55 al décimo octavo en
la lista de importadores mundiales de armamento militar durante los
años 2004-2008, adquiriendo un total de 2038 millones de dólares, de
los cuales 1944 millones fueron cancelados a Rusia. Estos datos
reflejan una alta erogación de dinero en armamento pesado para un país
que no tiene conflictos bélicos conocidos. Colombia, para comparar,
aparece en el puesto 56 a nivel mundial. Venezuela sólo es superada en
Latinoamérica por Chile, quien figuró en el onceavo lugar.

Uno de los cuestionamientos históricos del movimiento antimilitarista
y pacifista es la cantidad de dinero gastado en las Fuerzas Armadas
respecto a la inversión social. Podemos cruzar la data anterior con la
Ley de Presupuesto para el ejercicio fiscal 2009 para constatar la
relevancia dada al sector castrense respecto a los derechos
económicos, sociales y culturales. Si bien el dinero destinado a los
diferentes ministerios se incrementa durante el año por la vía de los
recursos extraordinarios, las cifras iniciales son reveladoras en
cuanto a tendencias y jerarquías. En la primera versión, aprobada a
finales del año pasado, del monto total destinado a los despachos
institucionales correspondía al ministerio de defensa el 8,7%, el
quinto mayor, superado en orden de relevancia por las carteras de
educación (24,7%), trabajo y seguridad social (12%), educación
superior (11,1%) y salud (9,2%). El dinero destinado al funcionamiento
de las Fuerzas Armadas superaba, entre otros, el presupuesto de los
sectores alimentación, vivienda, agricultura, cultura y deportes. En
esa versión del presupuesto 2009 el monto destinado al Ministerio de
Defensa era de 8.816,6 millones de bolívares fuertes, lo cual
contrastaba con los 5.617,3 millones que serían transferidos a las
misiones sociales. De esta cifra la que poseía mayor carga
presupuestaria era la Misión Alimentación (45 %), seguida de Madres
del Barrio (14 %), “Proyecto Social Especial” (10,7%), Misión Sucre
(8,8%), Fundación Samuel Robinson (5,5 %), Negra Hipólita (4,9%),
Barrio Adentro (3,7 %), Universidad Bolivariana (3,6%), Misión Cultura
(1,1%), Misión Milagro (0,9%), Misión Barrio Adentro Deportivo (0,6%),
José Gregorio Hernández (0,3%), Misión Identidad (0,2 %), Plan Bolívar
2000 (0,2%). Si bien falta comparar estos gastos con períodos
anteriores, llamaba la atención que para la importancia simbólica
concedida anteriormente a la Misión Barrio Adentro, la misma tuviera
en la planificación tan poca relevancia.

Como se recordará esta Ley de Presupuesto, que fue aprobada por la
Asamblea Nacional, fue reformada debido a que fue calculada a un
precio promedio de exportación de la cesta petrolera de 60 dólares por
barril, un monto optimista para la contracción experimentada por la
demanda de crudo a nivel mundial. Dicha reforma parcial fue publicada
en Gaceta Oficial el 26 de marzo, y aunque no se conocen la detallada
exposición de motivos presente en su primera versión, los datos
registrados en la Gaceta refuerzan la tendencia descrita. De la lista
de 27 ministerios, el despacho de Defensa figura entre los 7 primeros
(8.978.331.046 Bs), superando nuevamente a entes que garantizan
derechos sociales. Las diferencias motivan amplio material para la
reflexión. Los gastos del Ejército venezolano duplican los destinados
a la participación, triplican los de alimentación y vivienda, son
cuatro veces mayores que los destinados a la protección del medio
ambiente, nueve veces más grandes que para el sector cultural y doce
veces los dirigidos a la promoción del deporte. La brecha mayor la
constituye la consignada a las comunidades ancestrales: el monto
aprobado para las Fuerzas Armadas supera 58 veces el correspondiente
al Ministerio del Poder Popular para los Pueblos Indígenas.