La corrupción y el tráfico de armas

El negocio de la comercialización de armamento a nivel mundial cuenta sus ganancias en los miles de millones de dólares y sus costos en vidas humanas. Representando alrededor del 40% del total de la corrupción, se puede argumentar que este tipo de comercio es uno de los mas perniciosos, pues influye de manera muy importante en la manera en la que nuestros gobiernos operan: haciendo de la guerra una opción preferente en perjuicio de la diplomacia y asegurándose de que se gasten miles de millones de dólares en armas que frecuentemente no necesitamos. El comercio mundial de armas perpetua, hace mas letales y en ocasiones incluso provoca tanto conflictos como represión.

Se estima que el gasto militar a nivel mundial ascendió a un total de $1,77 billones en 2014, es decir, a más de $250 por cada persona en el planeta. Esto representa una reducción del 0,4% respecto al año anterior y aproximadamente un 2,3% del PIB mundial.El gasto militar en Asia y Oceanía aumentó en un 5% en 2014 y en un 62% entre 2005 y 2014, llegando a los $439 mil millones en ese último año. El gasto de China es el segundo mas alto en el mundo (sólo por detrás los EE.UU. cuyo gasto militar asciende a casi la mitad del gasto total a nivel mundial). Corea del Sur es el décimo gasto militar más grande, luego de haber aumentado su gasto en un 2,6% a partir del año 2013. Japón es el noveno.

Incluso durante la crisis financiera mundial entre los años 2007 y 2012 el gasto en armamento aumentó en un 24%. Podría decirse que Grecia fue arrojado al precipicio fiscal por dos convenios corruptos de miles de millones que firmó con Alemania.

El comercio de armas pequeñas tiene un valor de al menos $ 8,5 mil millones al año, sin embargo, su efecto letal es mucho mayor que el que la suma sugiere. Se estima que cada año alrededor de 526.000 muertes violentas son producto de guerras y asesinatos a nivel mundial. La inmensa mayoría de estas muertes son causadas por armas pequeñas.

Aunque resulta evidente que es una dimensión importante de la defensa nacional, una herramienta de la política exterior y uno de los ámbitos que contribuyen (aunque su real dimensión se exagere) a la economía; el comercio de armas, grandes y pequeñas, tiene profundas repercusiones adicionales en el mundo: desde la habilitación, exacerbación y perpetuación de conflictos y represión, a la corrosión de la democracia.

Las transacciones de armamento se extienden a través de un continuo que abarca desde la legalidad y la ética oficial, o el comercio formal, a los mercados grises y negros, a los que me refiero como el Mundo de las Sombras.

En la práctica, los límites entre los tres tipos de mercados son borrosos, a menudo se entrelazan y son interdependientes. Con el soborno y la corrupción siendo el lugar común, hay muy pocas transacciones de armas que no implican ilegalidad, a menudo a través de intermediarios o agentes. Muchos traficantes de armas, que prestan servicios tanto a las grandes empresas de defensa como a los gobiernos, operan también en los mercados negros y grises.

Joe Roeber calcula que el comercio de armas representa casi el 40% de la corrupción en la totalidad del comercio mundial. El Departamento de Comercio de Estados Unidos, tras estudiar por 5 años las transacciones corruptas en las que se han implicado a empresas estadounidenses, encontró que la mitad de estas se llevaban a cabo en el sector de la defensa.

¿Por qué es el comercio de armas tan susceptible a la corrupción?

Roeber argumenta que el comercio de armas está intrínsecamente conectado a la corrupción. La propia estructura del comercio explica la prevalencia y la naturaleza de la corrupción que lo caracteriza. Contratos que representan ganancias muy altas, son pactados por un número muy reducido de personas detrás de un velo de clandestinidad impuesto por razones de seguridad nacional: éstas son las condiciones perfectas para una corrupción galopante.

Las consecuencias de esta corrupción y los esfuerzos por ocultarlas incluyen la corrosión de las instituciones democráticas y el Estado de Derecho, tanto en los países que importan como los que exportan, una mayor inestabilidad en los Estados frágiles, costos y oportunidades perdidas, especialmente en relación con el desarrollo socioeconómico y, a menudo, un debilitamiento de la seguridad nacional, que, se supone, la compra y venta de armas debería fortalecer.

Los involucrados en el comercio de armas ejercen una enorme influencia política a través del fenómeno conocido como la puerta giratoria: el movimiento de personas entre posiciones en el gobierno, la política, el ejercito, las agencias de inteligencia y las las empresas del sector armamentístico. Las consecuencias de este son una distorsión en la formulación de políticas públicas - no sólo en el aumento de los conflictos bélicos en perjuicio de la diplomacia, sino también en decisiones de política exterior y política económica. Una dimensión fundamental de estos acuerdos es el vínculo que existe entre las empresas de defensa, los traficantes de armas y los partidos políticos: el comercio de armas juega un papel crucial en su financiación.

La élite a cargo de la seguridad nacional ejerce un enorme poder mientras se enriquece, ya que opera en una especie de universo jurídico paralelo en el que rara vez se tienen que enfrentar a las consecuencias de sus acciones que a menudo son ilegales. A modo de ejemplo: de las 502 violaciones a los embargos de armas de la ONU que hemos documentado, únicamente dos dieron lugar a acciones legales y únicamente una derivó en condena.

He tenido experiencia de primera mano con esta industria en Sudáfrica, en donde una naciente democracia fue profundamente socavada por un acuerdo de armas con valor de $10 mil millones, de los cuales $300 millones fueron destinados a sobornos pagados a altos cargos políticos, funcionarios y mi propio partido, el Congreso Nacional Africano.

Asia ha sufrido mucho a manos del comercio de armas, como víctima y como perpetrador. En el continente se han librado guerras para asegurar que los países productores del Norte Global no carezcan de demanda de cada vez más y más armamento. Mientras, internamente, la mayoría de los países asiáticos han visto como el autoritarismo, los regímenes militares y, aún en las democracias, el clientelismo capitalista, han ayudando a las industrias armamentísticas locales a florecer. El continente ha visto como se ha comprado armamento mucho más allá del necesario para cubrir las necesidades de los países compradores.

Los EE.UU. gasta casi tanto en defensa como el resto del mundo en su conjunto. Su negocio de armas se basa en un círculo de patrocinio entre empresas de defensa, grupos de presión, legisladores, la Casa Blanca y el Pentágono (donde el 84% de los oficiales retirados en el año 2010 entró en altos cargos ejecutivos con las mismas empresas a las que habían adjudicado contratos durante sus carreras).

Este sistema de soborno legal tiene numerosas consecuencias perjudiciales: un estado de guerra perpetuo, golpes de estado y otras formas de debilitamiento de los países clientes, así como un gasto masivo y antieconómico en casa. Esto se evidencia con el F35, un avión de combate que le costó al contribuyente estadounidense cerca de un billón de dólares, pero que es irrelevante tanto para los tipos de conflictos en los que EE.UU. está involucrado como para los que es probable que se involucre por generaciones.

Otro ejemplo es la presión política ejercida sobre Corea del Sur para comprar armamento estadounidense. Durante la década de los años 2000, el país gastó 4.5 mil millones de dólares en un avión estadounidense que era más caro y menos capaz que sus rivales, ya que Estados Unidos dejó en claro que Corea del Sur se vería privada de apoyo político y que se le impediría el acceso a una amplia gama de tecnologías militares. Peor aún es la forma en la que los EE.UU. sigue fermentando antagonismo y conflicto en la región en beneficio de su propia posición global y el bienestar de su complejo industrial militar.

Y los fabricantes de armas europeos no son mejores. La empresa alemana Ferrostaal pagó más de €1.1 mil millones en sobornos en 16 países diferentes, incluyendo más de €42 millones a un agente en Corea del Sur que tenía antecedentes penales por soborno y del que se sabe tenía también estrechas relaciones con políticos de alto nivel en el país.

En los últimos años la industria de defensa de Corea del Sur ha trasladado su atención de sus propias necesidades internas a la exportación, sobre todo a países de la región. Las exportaciones del país asiático han aumentado de $144 millones en 2002 a $ 3,6 mil millones en 2014, con un aumento medio anual del 31% en los últimos cinco años. El impacto de este crecimiento, impulsado por la cooperación tecnológica con los EE.UU., fomenta a la vez la desestabilización de la región y el ulterior afianzamiento de una mentalidad militarista. Corea del Sur también ha vendido armas a un devastado Irak, a una problemática Indonesia, una beligerante Turquía y un Azerbaiyán que abusa regularmente de los derechos humanos de sus ciudadanos, por nombrar sólo algunos.

Fundamentalmente, la venta de armas conduce inevitablemente a un "blowback" - el fenómeno en el que las armas se vuelven en contra de los que las proporcionan - en un círculo vicioso de cada vez más armas y un número creciente de conflictos. El espacio para la paz se reduce constantemente mientras que las ganancias para los productores de armamento se amplían.

El comercio de armas es asombrosamente poco regulado porque no hay voluntad política para controlarlo. Nos corresponde a nosotros hacer que los mayores traficantes de armas de todos, nuestros líderes políticos, cambien sus formas a través de boicots, tanto políticos como económicos, protestas y acciones directas. Porque si nos limitamos a aceptar el status quo como inmutable, el comercio de armas continuará para hacer del mundo un lugar más pobre, un lugar menos democrático, un lugar más corrupto, y un lugar más peligroso.

Andrew Feinstein es el autor de "El Mundo de las Sombras: el comercio mundial de armas de fuego desde dentro". Una película basada en el libro se estrenará a principios de 2016. Andrew es ex miembro del Parlamento por el CNA en Sudáfrica y es actualmente director ejecutivo de la Corruption Watch, Reino Unido en Londres.

Traducción. Manuel Torres Arias.