Violencia a lo largo de la frontera entre Bangladesh e India

Ranabir Samaddar

Se ha dicho, acertadamente, que el siglo XX será recordado como el siglo de las particiones. Las fronteras partidas, que es lo mismo que decir las fronteras producidas de las particiones de los países (como Corea, la antigua Alemania, India), son fronteras violentas. La presencia militar marca las zonas fronterizas. La partición lleva a la migración forzada –flujos de refugiados y flujos de otros tipos como inmigrantes de comunidades minoritarias abandonadas en sus países natales-. La partición también hace la pregunta del retorno esencial. ¿Tienen los refugiados de partición derecho a volver? Si tienen el derecho a volver, entonces, ¿Cuál es el período de tiempo durante el cual podrán disfrutar del derecho a volver a sus países de origen? También, ¿Habrá algunas condiciones en tanto que sabemos que pueden ser forzados a volver? Este es el prisma en el que podemos aprender las historias de violencia, derramamiento de sangre y desplazamientos masivos en el antiguo Imperio Otomano, Alemania, Palestina, Corea, Irlanda e India. Estas son algunos de los eventos que formaron la historia de la inmigración forzada en el último siglo.

El actual sistema estatal en el sur de Asia, sobre todo el sistema estatal en el subcontinente, es el resultado, en gran medida, de las particiones en las partes orientales y occidentales de la antigua India, marcando el nacimiento de tres estados –India, Pakistán y Bangladesh-. Las fronteras dividiendo estos países son los marcadores de una pasada historia amarga, una existencia actual separada, diferente e independiente y la señal de la integridad territorial de estos estados. La amargura del pasado, la falta, en la actualidad, de una confianza mutua, las preocupaciones en material de seguridad en todos estos estados, al mismo tiempo que la existencia de mil y un vínculos de la era anterior a la partición, hacen únicas a las fronteras del sur asiático. Ellas son las líneas de conexiones informales llenas de odio y desunión y voluminoso comercio informal, líneas securitizadas y militarizadas, una fuerte presencia paramilitar, discordia común, crisis humanitaria, abusos de los derechos humanos y una enorme suspicacia y, aun así, una cooperación informal.

Mientras que la frontera entre Pakistán e India (incluida la Línea de Control) está en el centro de atención mundial, por lo tanto estrechamente vigilada, la frontera en el Este -la frontera entre Bangladesh e India- sigue estando descuidada en términos de atención. Los problemas de seguridad abruman todos los otros valores y problemas igualmente legítimos. La seguridad militar predomina sobre la seguridad humana en las regiones fronterizas. Como resultado de esto, los estados a menudo olvidan que las fronteras no son solo líneas que deben ser vigiladas, también son líneas de gestión humanitaria, porque las fronteras no son líneas son tierras fronterizas –eso quiere decir que son zonas donde vive gente, se dedican a actividades económicas y llevan vidas civiles adaptadas a las realidades de las fronteras-. La seguridad humana en las zonas fronterizas significaría primero la seguridad de la población civil a lo largo de las fronteras.

Algunos de los aspectos de la situación de la migración forzada a lo largo de la frontera entre Bangladesh e India son:

(a) Muchos inmigrantes son acusados a primera vista de entrar ilegalmente y no reciben el debido recurso de ley;

(b) Las fuerzas de seguridad fronterizas, en ambos lados, participan en devoluciones forzosas –métodos extremadamente duros de deportación que resultan en la perdida de extremidades, vidas, dinero y dignidad-;

(c) Las actividades económicas diarias de segmentos de la población, como pescadores que pescan en ríos fronterizos, son severamente obstaculizados resultando en una angustia prolongada;

(d) Detenciones largas e injustificadas en prisiones y subprisiones;

(e) Abusos sexuales descontrolados y Matanzas en tierra de nadie por parte de los guardias de fronteras;

(f) Acoso de inmigrantes injustificado bajo la sospecha de ser terroristas;

(g) Extorsión de dinero de la gente normal presuntamente trabajando en el contrabando;

(h) La ansiedad de los habitantes de los enclaves fronterizos;

(i) Las fronteras que atraviesan pueblos y el consecuente tormento a los habitantes de los pueblos;

(j) El cercado y la electrificación de la valla con alto voltaje;

(k) Abandonar gente por la fuerza en tierra de nadie cuando las fuerzas de seguridad en ambos lados se niegan a aceptarlos;

(l) Comunitarizar los pueblos fronterizos y la posterior matanza de inmigrantes aprehendidos;

(m) El desplazamiento de las fronteras en los ríos

(n) Diferentes tipos de fronteras en diferentes sectores (ríos, vías de tren, demarcaciones no naturales, colinas, etc.)

(o) La existencia de poblaciones sin estado

(p) El tráfico generalizado de trabajadores, sexo, animales y bienes

Cuatro temas principales pertenecientes a los derechos humanos y la protección humanitaria de las víctimas de la violencia fronteriza emergen de estos problemas: (a) la violencia en la frontera y la vida civil alrededor de la frontera entre Bangladesh e India; (b) la vulnerabilidad y la inseguridad de la vida de las personas en los enclaves entre Bangladesh e India, y (c) los derechos de los llamados inmigrantes ilegales, particularmente de las mujeres en las prisiones y los asuntos relacionados con la dignidad, los derechos y las protección humanitaria; y, finalmente (d) las formas en las que las inundaciones, los desastres y la creciente salinidad de la tierra y el agua contribuyen a forzar la migración a través de la frontera.

Para poder apreciar la enormidad de los abusos de los derechos de los emigrantes, tenemos que seguir la perspectiva histórica de la situación actual marcada por las realidades del rechazo, el tráfico, los grupos de personas en una situación de desplazamiento protegido y la violencia de las fuerzas fronterizas. La situación a la que se enfrenta el mundo en la forma de repetidos desastres marítimos en el Mediterráneo, es la misma a la que os enfrentamos en la frontera entre Bangladesh e India.

Ranabir Samaddar has worked on issues of forced migration, the theory and practices of dialogue, nationalism and post­colonial statehood in South Asia. This work has culminated in the much­acclaimed "The Politics of Dialogue", as well as his recent "The Materi­ality of Politics" (2007), and "The Emergence of the Political Subject" (2009) challenging prevailing accounts of the origins of states and signaling a new turn in critical postcolonial thinking. He is currently the Director  of the Calcutta Research Group.