¿Por qué es la resistencia a la guerra parte central e importante de la lucha queer?

Artículo en El Fusil Roto No 93, agosto 2012, de la edición sobre queer y antimilitarismo.  

Miles Rutendo Tanhira

Steve Biko, un activista anti-apartheid, dijo una vez que los oprimidos aspiran a ser los opresores. Esto es verdad en el caso de los efectos de la guerra contra las minorías, como las personas LGBTI. En la mayoría de los países africanos, por ejemplo, el tema de homosexualidad ha sido utilizado por parte de los políticos hambrientos de poder para convencer a la gente de que la homosexualidad es la causa de su miseria.

En Zimbabwe, por ejemplo, siempre cuando las cosas van mal para los políticos, ellos buscan un tema social altamente emotivo e intentan utilizarlo para hacer sus guerras privadas, y por eso la gente no está interesada en entender la población LGBT y está solamente interesada en la existencia del tema y en la búsqueda de justicia instantánea. Los políticos sienten la necesidad de mantener la sociedad en el estado emocional para que, siempre cuando las cosas no van bien para ellos o sus partidos políticos, puedan invocar el tema de la homosexualidad, para que la gente comparta el mismo odio y miedo que ellos, los políticos.

Los políticos y algunos líderes religiosos escogen el tema que les trae ventaja numérica, mientras que la minoría homosexual se convierte en el blanco perfecto para aquellos que persigan sus guerras personales. Entonces, imponiendo un tema que mucha gente no entiende completamente, y bloqueando cualquier ruta de acceso de información, estos políticos esperan que la gente se movilice a su favor.

Cuando las dinámicas del poder entran en el juego, no hay duda que la guerra produce mucha miseria para los que tienen menos poder. Cuando la gente se polarice en temas de política, raza y cuestiones de género, el vínculo más débil, en este caso la población LGTBI, es la que sufre más en la guerra. Los medios de comunicación, especialmente los que pertenecen al estado, son los primeros que utilizan la retorica homofóbica e historias sensacionalistas sobre la gente LGTBI. La mayoría de los reportajes sirven para incentivar el odio y la violencia.

El discurso del odio contra la población LGBTI es el combustible para el fuego de la homofobia, que de ella hace el blanco la gente que siente que tiene manos libres para ir en contra de las minorías. En esta situación no hay mucha protección, inclusive si las personas LGBTI deciden reportar estos casos a la policía.

La guerra lleva a la opresión e injusticias que se perpetúan contra la gente. Todas las formas de guerra contribuyen a los abusos de los derechos humanos y disminución de los derechos constitucionales, como la libertad de la asociación y la libertad de expresión. Durante la guerra la gente difícilmente encuentra el acceso a las cosas básicas como la comida, agua o sanidad. Homofobia incentivada por el estado tiene efectos muy negativos sobre las condiciones de la vida de la población LGBTI. Cuando se trata del acceso a los servicios de salud, por ejemplo, acaban siendo clandestinos, y muchas personas LGBTI se mueren en el silencio, por culpa del sistema que criminaliza su manera de vivir.

El fundamentalismo gana fuerza en la guerra porque la gente se vuelve más radical sobre las cosas en las que cree; cualquier diversidad se trata con sospecha y se oprime. Aquellos que son disidentes se convierten en blancos. Esto afecta a los activistas quienes intentan hacer su trabajo en un entorno tan hostil. Zimbabwe tampoco se salva de la avalancha de actividades en la Cultura Global de las guerras influenciadas por algunos conservadores americanos que introducen en las iglesias la agenda anti-homosexual, que se nota en toda África. Algunos fundamentalistas religiosos de Uganda quienes abogaban para que los homosexuales se castiguen con pena de muerte también vinieron a Zimbabwe para predicar su gospel del odio.

Tampoco se debería olvidar que los líderes tradicionales también ridiculizan la homosexualidad como una enfermedad occidental y no-africana. Esta homofobia – profundamente arraigada en las prácticas culturales – lleva a la violencia familiar y callejera contra las personas LGTBI y sus aliados.

Muchos definieron Zimbabwe como un país militarista: la fuerte presencia de los policías armados y soldados en las esquinas, combinado con el reclutamiento de los jóvenes en los campos nacionales de servicios juveniles es una clara evidencia de esto. La mayoría de los jóvenes que pasan por el entrenamiento militar son militantes del partido gobernante y están entrenados a perpetuar terror contra cualquiera con opinión disidente. Como el premio para el “trabajo” que hicieron se les dan manos libres para atacar a la población LGBTI como si fuera un acto de patriotismo. La ideología del partido en poder culpa la oposición por pedir que se impongan sanciones al país, porque las sanciones llevan sufrimiento al país. Esto ha logrado que en mucha gente se invoque una rabia hacía la oposición como la fuente de su miseria y, porque la oposición está patrocinada por el Occidente, también se considera que tenga simpatías para la agenda LGBTI. Este vínculo entre las sanciones, la oposición y la homosexualidad ha sido mencionada demasiadas veces, y ha causado que la población LGBTI fuera blanco del odio y de los ataques.

La guerra y el militarismo imponen las normas y papeles de género, y castigan aquellos que los rompen, así que la población LGBTI es excluida y atacada. Esto se evidencia en la militarización del deporte, lo que causa efectos adversos contra algunas personas LGBTI que lo practican. Los equipos deportivos patrocinados por el ejército atraen a los jóvenes, y una vez entran en ellos, automáticamente se tienen que involucrar con las fuerzas armadas. Esto es especialmente cierto para las mujeres jóvenes a las que les gusta el fútbol. Estas mujeres son forzadas a que se comporten y vistan de manera socialmente aceptada, y aquellas que transgreden las fronteras, se castigan severamente y se echan fuera del equipo y del ejército.

Aparte de la violencia sexual y la doméstica, las mujeres también sufren otras formas de la violencia de género antes, durante y después de los conflictos bélicos. Por ejemplo las mujeres podrían no tener el acceso a los servicios de la salud reproductiva en los tiempos de crisis, y las mujeres y las comunidad LGBTI puede experimentar el retroceso en sus derechos sexuales

Según los informes, una de las consecuencias del militarismo es el uso de la violencia sexual para mostrar el poder sobre los demás. El militarismo tiende a privilegiar una forma particular de la masculinidad agresiva, y por eso la violación es frecuentemente utilizada como una táctica de guerra, para asustar y humillar las mujeres y sus comunidades. La violencia sexual en las situaciones de conflictos y de post-conflicto se utiliza para imponer las jerarquías del género y las jerarquías políticas. Por otra parte, la violencia en la pareja es otra forma de ejercer control – especialmente cuando el abusador nota que pierde el poder en otros aspectos de su vida. Acceso a las armas ligeras, entrenamiento militar, o estar expuesto a la violencia intensa y trauma en las situaciones de conflicto, puede exacerbar la violencia en la pareja, con impunidad para los miembros del ejército en casos de violencia contra las mujeres, violaciones perpetuadas por los miembros de las fuerzas de mantenimiento de la paz, y también la violencia y el abuso sobre las mujeres que viven y trabajan en las bases militares y sus vecindarios. Los gobiernos militarizados también pueden utilizar la fuerza contra sus propios ciudadanos, pueden suspender el estado de derecho en el periodo de “emergencia”, o utilizar las leyes “antiterroristas” para oprimir los movimientos pro-democráticos o silenciar los defensores de los derechos humanos. Las instituciones como la policía, organizaciones de apoyo, lugares de culto, medios de comunicación, escuelas, y también el sistema legislativo, también se pueden militarizar para que las líneas entre lo militar y lo civil se hagan inciertas.

La comunidad LGBTI ha sido la que ha sufrido las consecuencias del aumento del militarismo en Zimbabwe. La estrategia de instalación del miedo en los corazones y las mentes de las masas bajo la máscara del mantenimiento de la paz y seguridad es por si misma una amenaza a la coexistencia pacifica porque frecuentemente acaba en violaciones de los derechos de las minorías.

Miles Rutendo Tanhira es defensora de los derechos humanos, activista para los derechos de las personas LGBTI, activista para la paz y feminista. Miles también tiene pasión por la fotografía y otras maneras creativas de expresarse contra las injusticias. Actualmente, Miles es Oficial de Información y Comunicación en Gays y Lesbianas de Zimbabwe (GALZ), organización afiliada a la IRG.