Luchas por el derecho al sustento

La inmensa mayoría de la gente se ve hoy reducida a ser un pequeño engranaje de una maquinaria descomunal, en la que el sistema establecido quiere consumidores, no ciudadanos libres. En consecuencia, los ciudadanos de a pie, tanto si viven en estados autoritarios como en democracias, se ven sometidos a injusticias y violencia, sobre todo allí donde se impone el “desarrollo moderno”.

Diversas comunidades y las formas de violencia a las que se enfrentan

  • Comunidades sometidas a violencia de Estado, violencia organizada, violencia de “vigilantes”, normalmente sin el “debido proceso legal”;

  • Comunidades sometidas a “violencia desarrollista” después del “debido proceso legal”; por ejemplo, el nexo Estado-mundo empresarial que intenta apropiarse de los recursos naturales, nacionales y minerales;

  • Violencia en nombre de la religión, la etnia, creencias, ideología;

  • Comunidades sometidas a violencia sutil, con los oprimidos a menudo tan condicionados que ni siquiera se dan cuenta de que son víctimas de la violencia.

Es evidente que la mayoría de personas aman la paz y querrían evitar la lucha, y que sólo recurrirían a la resistencia cuando no les dejan otra opción. También hay que tener en cuenta que las comunidades, antes de enfrentarse a cualquier forma de violencia y quedar dentro de la definición de “comunidades afectadas”

  • se encuentran normalmente envueltas en una lucha diaria por la pura supervivencia

  • no han recibido ningún tipo de formación en la filosofía, la ciencia o el arte de la noviolencia

  • viven pacíficamente hasta que alguna forma de agresión de Estado o empresarial les golpea de improviso

  • su respuesta es refleja y no estratégicamente planificada

  • se enfrentan a los recursos y al poder del nexo Estado-mundo empresarial.

Actualmente, hay comunidades en todo el mundo que se hallan inmersas en luchas por el derecho a la vida, al sustento, la justicia y la paz. Las más veces se enfrentan a fuerzas muy poderosas como el ejército estatal o fuerzas paramilitares, multinacionales, grupos militantes organizados, legislación vigente, medios de comunicación hegemónicos, tecnócratas, intereses creados, un grupo vociferante que se aprovecha del statu quo, etc. Se trata, por lo tanto, de un combate muy desigual. Aquellos que luchan entre la espada y la pared, porque desafían el statu quo, con todos sus pensamientos y acciones, se ven sometidos a la vigilancia más intensa y son normalmente tildados de “antisistema”, “antipatrióticos”, “retrógrados”, etc.

Estas comunidades, para poder mantener una lucha eficaz y duradera, tienen que recurrir a la resistencia no violenta para combatir la violencia y la opresión.

Noviolencia

La expresión “noviolencia” puede parecer que implique una simple “ausencia de violencia”. Tanto los teóricos como los practicantes de la noviolencia defenderían que se trata de un proceso proactivo, positivo, vanguardista y potencialmente enriquecedor para sus participantes. Puede ser un viaje evolutivo si se recorre como un medio hacia unos fines sin comprometer los valores.

A menudo, se da una tendencia entre aquellos que combaten la injusticia para intentar hallar soluciones militantes rápidas (con frecuencia violentas) a la violencia de Estado contra el pueblo desarmado, o a la violencia que surge del nexo Estado-mundo empresarial contra las comunidades tradicionales, o incluso problemas sistémicos profundamente arraigados. Puede no prestarse mucha atención a los medios a los que se recurre en estas luchas, pues a menudo se trata de luchas a vida o muerte para las comunidades afectadas. A los puristas y teóricos les podría resultar muy fácil oponer objeciones a estas luchas. A menudo no tienen la menor noción de la gravedad de la lucha a vida o muerte en la que se hallan inmersas algunas comunidades amenazadas, y por ello se permiten emitir juicios desde su cómoda posición sobre una lucha que consideran que “no da la talla” desde el punto de vista purista de la noviolencia. En el otro extremo, los activistas que “representan” a los oprimidos muchas veces no adoptan ellos mismos formas violentas de acción, pero sí que alientan o incitan a los “otros” oprimidos a oponer una resistencia violenta. Ellos también disfrutan del lujo de sostener posturas radicales sin tener que ponerse en la línea de fuego. Ambas posturas presentan un obvio problema de base.

Sería una farsa ponerse a juzgar las acciones reflejas de estas comunidades afectadas. El punto de partida para ellas sería muy probablemente una simple “ausencia de violencia”. A medida que empiezan a entender el problema al que se enfrentan, cuando pueden conceptualizarlo y tratarlo de una forma técnica, la formación y el apoyo material que pueden brindar a su lucha los simpatizantes conscientes y no afectados, puede evolucionar hacia un sólido programa estratégico de resistencia no violenta. Este proceso puede adoptar la forma de un viaje evolutivo. Este viaje podría ayudar a las comunidades afectadas a ir más allá de lidiar con el problema inmediato, local, para desarrollar una actitud más consciente, proactiva y enfocada en cuestiones de mayor alcance y a más largo plazo.

Sea cual sea el resultado de una lucha, es de absoluta importancia que se libren estas luchas no violentas, no sólo porque contribuyen a un orden más justo, sino también porque refuerzan la democracia y siembran las semillas para que siga viva la revolución.

Swati Desai

Traducción: Matias Mulet