Manifiesto a favor de la paz en Angola

"El pueblo angoleño desea un paz duradera, justicia social, un buen gobierno y el derecho a la nacionalidad, además del respeto mutuo ante las diferentes personas y culturas que forman el projecto de la Nación Angoleña. Éstos son los principios fundamentales sobre los que establecer un análisis común por parte del pueblo angoleño. En esencia, son los cimientos necesarios para una revisión profunda del concepto de la nación y para valorar la cuestión de la ciudadanía angoleña, además de una visión consensuada de Angola y de su curso hacia el futuro.

Desgraciadamente, la guerra sigue siendo un arma empleada contra el pueblo angoleño. Al tiempo, quienes detentan el poder saquean las riquezas del país, en asociación con aventureros venidos de fuera y con otros países. El petróleo, los diamantes, y los ingresos que reportan, son la principal fuente de codicia de gobernantes, oposición armada y multinacionales del petróleo, concretamente. Todo bajo la mirada complaciente de países como Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Brasil, Rusia, Portugal y Sudáfrica. En lugar de perseguir intereses económicos y políticos, estos países deberían convertir sus esfuerzos en una plataforma de valores para así contribuir a la reconciliación de los angoleños. La guerra de Angola sólo llegará a su fin cuando la sociedad civil, las personas en general se den cuenta de que el conflicto angoleño no puede resolverse militarmente. Es preciso que se conciencien de la realidad de un proceso de destrucción del son objeto, para así luchar por su vida y por su dignidad. En este sentido, algo incluso más peligroso es que el silencio de las armas en el contexto angoleño no implicará de ninguna manera el fin de la guerra: las mentalidades, especialmente la de políticos regidos por los intereses personales, están más armadas que los ejércitos que las sirven. En el caso de Angola, la paz siempre ha sido concebida como el fin de los combates, como el desarme y la desmovilización de los soldados. Esta visión, especialmente alentada por determinadas instituciones extranjeras y por ciertas emociones internas, es poco más que un tranquilizante para quienes desesperadamente buscan una paz real. Y una fiesta para quienes se sirven de la paz inmediata para aprovecharse y ubicarse estratégica y políticamente en la administración de las riquezas angoleñas. Hemos llegado a la fase límite de sufrimiento, humillación social y perversión total en el uso del poder. De ahí nuestra conclusión -- difícil, por elemental y evidente, a pesar del consensode que nosotros, el pueblo angoleño, deberíamos desarrollar un análisis común de las causas y del impacto del conflicto político y militar al que nos enfrentamos. Es fundamental que nosotros, el pueblo angoleño, reconozcamos con coraje y determinación que todos somos responsables, ya sea activamente o por pasividad, de la devastación militar y política y del caos económico y social que vive el país. Asimismo, debemos ser capaces de reconocer los graves errores y abusos cometidos por nosotros mismos a lo largo de nuestra historia. Nosotros, el pueblo angoleño, deberíamos asumir plena responsabilidad a la hora de buscar la solución a nuestros problemas. No podemos seguir echándole la culpa de nuestros males a la herencia colonial y/o a terceras partes. Eso es autocompasión y la manera de darnos a nosotros mismos un certificado de incapacidad que traslada sistemáticamente la cuestión de la resolución del conflicto nacional a la intervención extranjera. Antes de que la sociedad angoleña se encuentre al rojo vivo, debemos actuar con perseverancia, de una forma pacífica, valiente y moderada, para así rescatar el tesoro más buscado y merecido por los angoleños: la paz que nace del diálogo. El pueblo angoleño defiende una paz conseguida así, mientras que los violentos asumen que la guerra es la única vía para llegar a la paz, incluso aunque esto signifique que una parte de la nación será humillada por la otra, y es que esta guerra no tiene ningún sentido del patriotismo.

Consecuentemente, nosotros, los ciudadanos angoleños, exigimos:

  • Que el gobierno, UNITA y el FLEC cumplan con el inmediato cese al fuego en todo el territorio nacional,
  • La urgente apertura de canales de comunicación eficaces entre las partes beligerantes, con la mediación de la sociedad civil organizada,
  • La inmediata apertura de vías humanitarias para asistir a las personas afectadas por la guerra, especialmente en las zonas rurales.
  • Que el gobierno y UNITA, en responsabilidad compartida, incluyan en sus presupuestos militares la asistencia a los necesitados, en lugar de traspasar las cargas de su propia guerra contra la nación angoleña a la comunidad internacional.
  • La elaboración y el calendario de conversaciones de paz entre el gobierno (MPLA), la oposición armada (UNITA y FLEC) y la sociedad civil organizada, para hallar la solución a las causas del conflicto angoleño.
  • El establecimiento de mecanismos para que los angoleños sean incluidos y puedan participar sin riesgos a su seguridad en el Proceso del Diálogo Nacional por la Paz en todo el país,
  • Que el gobierno y UNITA incluyan en sus presupuestos militares los fondos necesarios para construir la paz con patriotismo y dignidad. Porque, si existe suficiente dinero para sostener la guerra, también debe existir suficiente dinero para lograr una paz real. Estamos resueltos a luchar con perseverancia y determinación por nuestras demandas, y a trabajar con ahínco por la consecución de una paz duradera en Angola, con una visión patriótica de la justicia social y la igualdad nacional. Luanda, junio de 1999"

Contactos en Angola: "Manifesto para Paz em Angola",

GARP (Grupo Angolano de Reflexão para a Paz),

C.P. 6095 Luanda -- República de Angola,

Fax +244 2 -- 340409 or 394865;

E-- mail: fivilopes@hotmail.com or dantonzi@ebonet.net

Organizadores y lista de apoyos (Nombre, edad, ocupación):

  • Daniel Ntoni-- Nzinga (53, pastor);
  • Carlinhos ZASSALA (52, profesor enseñanza superior);
  • Ana da Concecion Pedro Garcia (41, sindicalista/economista..);
  • Gaspar João Domingos (38, pastor evangélico);
  • Francisco Filomeno Vieira Lopes (44, economista sonangol);
  • Rafael Marques (28, periodista);
  • N. Luisa C. Rogeiro (31, periodista).

Este manifiesto recibe el apoyo de la Internacional de Resistentes a la guerra / War Resisters' International