Editorial

Un motivo económico central para la guerra es la explotación de recursos naturales. Es también una característica principal de la "reconstrucción" pos-guerra. Esto es explícito en las alianzas estratégicas de la OTAN o la Unión Europea - aunque es más agradable cuando se justifica diciendo “garantizando la seguridad de suministros". A su vez, es un factor fundamental para el desplazamiento forzado de comunidades indígenas y campesinas en muchas partes del mundo, a menudo llevadas a cabo con gran brutalidad.

En la IRG cuando vemos la especulación de la guerra, también remarcamos el rol de corporaciones que están explotando recursos naturales, que en muchas ocasiones provocan desplazamientos forzados, alimentan conflictos locales, contribuyen a la militarización de comunidades y como lo dice Felix Padel en su artículo sobre la India, posteriormente en muchos casos, el receptor de estos recursos - especialmente cuando son minerales - es la industria de guerra.

Esta forma de especulación de la guerra es un fenómeno mundial, cuyo impacto es sentido en el norte, sur, este, y oeste. Dicho esto, sus expresiones más violentas son sentidas en el llamado "Sur Global" y en particular en aquellos países ricos en recursos naturales.

Sudamérica es una región rica en recursos, mucho se ha comentado de como esto es al mismo tiempo una bendición y maldición. Ricos en recursos significa también "buenos para el explotación". Las economías de la mayoría de los países sudamericanos continúan dependiendo fuertemente de su extracción. Incluso en países de los llamados gobiernos "progresistas" prosigue el desarrollo de políticas económicas dependientes de la extracción y en consecuencia de las corporaciones extranjeras, como argumenta el artículo de El Laboratorio de Paz de Venezuela.

Esta industria impacta la fuente misma de la vida de las comunidades, privándolos de sus propios recursos, militarizando sus comunidades, tratando de dividir comunidades por el soborno de líderes locales, desplazando a su gente, etc. Esto es lo que sucede en Huancabamba, Perú, donde la empresa minera Monterrico, obtuvo concesiones por parte del gobierno peruano para empezar el trabajo de exploración y desarrollo de una gran mina de cobre a cielo abierto llamada Rio Blanco. Como esta industria toca necesidades básicas de comunidades, también significa que en la mayoría de los casos la industria enfrenta grandes resistencias sociales. Este es el caso en Huancabamba, como lo relata la historia en este boletín.

La resistencia a empresas de explotación de recursos naturales ofrece algunos de los mejores ejemplos de luchas sociales hoy en día, y crea la oportunidad de realizar nexos entre los que están enfrentados al lado económico de la guerra y las comunidades locales en resistencia.

El compromiso de la IRG en apoyar luchas noviolentas por el derecho a la vida y contra toda forma de especulación de la guerra significa que la resistencia a esta industria es muy importante y cercana a nuestros principios. Esto apareció con fuerza en nuestra última conferencia internacional en la India, y será parte de nuestro próximo encuentro internacional en Sudáfrica 2014.

Javier Gárate