Estrategia antimilitarista ante la profesionalización del ejército español

Alberto Estefanía (Preso por la Paz 1998), Euskal Herria

En la primavera de 1996, tras su acceso al poder, el nuevo ejecutivo del Partido Popular propone acabar en el 2.003 con el servicio militar obligatorio y con la prestación social sustitutoria renovando un ejército mixto con conscripción por uno profesional, en un intento más de desmovilizar el movimiento antimilitarista. De esta forma y gracias especialmente a la insumisión, el fin de la mili está dictado. Sin embargo, como bien es sabido, el horizonte del antimilitarismo nunca ha sido terminar con la conscripción. Así que se hace necesaria una nueva estrategia para seguir caminando hacia un mundo sin guerras y libre de ejércitos.

En febrero del 97, tras haberse cumplido el octavo aniversario de las primeras presentaciones públicas de insumisos, seis miembros del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) acuden al cuartel en el que han sido requeridos para cumplir el servicio militar y, una vez adquirida la condición militar, abandonan su destino. De esta forma nace la Insumisión en los Cuarteles, continuación lógica de la antigua estrategia que persigue el mismo fin -acabar con los ejércitos y las guerras-, utiliza el mismo medio -la desobediencia- y que se va a convertir en un instrumento de denuncia del creciente gasto militar y del proceso de profesionalización.

La insumisión ha sido durante 8 años la forma fundamental de desobediencia al ejercito para conseguir una sociedad desmilitarizada. Con la Insumisión en los Cuarteles se quiere dar un paso más y llevar el conflicto a los militares. Los antimilitaristas que desertan son juzgados en consejos de guerra y condenados a una pena que va desde 2 años y cuatro meses a 6 años de prisión militar.

Repartidos por todo el territorio estatal hay 27 insumisos en los cuarteles. Actualmente seis de ellos están presos en la cárcel militar de Alcalá de Henares, otros están en situación de "busca y captura" o a la espera de ser juzgados. Obviamente la deserción no es el único medio que el MOC está utilizando en su lucha contra los ejércitos; la educación para la paz y para la desobediencia, la objeción fiscal a los gastos militares, la "antigua" insumisión, el asalto a recintos militares, etc. son también herramientas empleadas. Por ejemplo, en estos momentos a parte de los insumisos en los cuarteles, hay 28 antimilitaristas, hombres y mujeres, encausados por realizar acciones noviolentas contra los ejércitos.

El trabajo antimilitarista está teniendo una fuerte influencia en el proceso de profesionalización. Lo que en un primer momento el Gobierno auguraba como un logro político que iba a tener un fuerte respaldo social se ha convertido en un molesto problema. Si bien es cierto que muchos jóvenes se alegran de verse libres de la obligación de hacer un servicio militar o civil, no lo es menos que la profesionalización no cuenta con el apoyo social necesario para cumplir los objetivos propuestos. Y es que en el Estado español existe un evidente divorcio entre la sociedad y el ejército fruto del quehacer antimilitarista desarrollado en las últimas décadas.

Ante esta situación, el Ministerio de Defensa está realizando ingentes esfuerzos para dar una imagen útil del ejército que justifique, por un lado, la sangría que supone a los/as contribuyentes el aumento del gasto militar frente a la reducción de los gastos sociales y, por otro, la propia existencia de aquél. Así, se habla constantemente, como en el resto de los países occidentales, de "misiones de paz" y de "ejército humanitario" y se ha realizado la campaña publicitaria más cara en la historia de las fuerzas armadas españolas para conseguir soldados para el ejército profesional. Sin embargo, las cifras hablan por sí mismas: En el último reemplazo y a pesar de las reducciones ostensibles en los requisitos para acceder al nuevo ejército, sólo se han presentado 1,2 solicitudes por plaza ofertada. Esto, más que nunca, abre la puerta al fracaso de la profesionalización.

Desde el MOC, fracase la profesionalización o se consiga con muchas dificultades, vamos a seguir utilizando la desobediencia para denunciar las situaciones de injusticia que los ejércitos mantienen en el mundo al defender los intereses de los más ricos mientras condenan a vivir en la miseria a más del 80% de la población mundial y para empujar la historia hacia un futuro en paz donde los ejércitos no tengan cabida.
KEM-MOC (Kontzientzi Eragozpen Mugimendua/Movimiento de Objeción de Conciencia. Euskal Herria)