Insumisión en los cuarteles

Kontzientzia Eragozpen Mugimendua

Pedro y Roberto miraron a su alrededor al entrar en el cuartel. ¿Cómo diablos habían podido acabar así? Bueno,ópensaronó ya nos habían advertido que hacerte insumiso es algo duro, pero el tener que adoptar un aire marcial mientras tratas de descifrar lo que significan los ladridos del sargento, eso ya es demasiado!

La verdad es que se lo están tomando con buen humor, como si formaran parte de una historia surrealista. Seguirán jugando a los soldados durante algún tiempo, antes de declararse insumisos ante "su" capitán, rechazando las órdenes y negándose a realizar el servicio militar.

De este modo, están siguiendo la estrategia que el MOC diseó- en su último encuentro de verano, de cara a evitar las nuevas formas de represión previstas para los insumisos. Las penas de prisión han sido sustituídas por una forma más "sutil" de castigo, que de hecho resulta no sólo mucho más dura, sino también más difícil de utilizar políticamente por el movimiento: La inhabilitación, la pérdidad de derechos cívicos.. De acuerdo con el nuevo Código Penal, sólo irán a la cárcel aquéllos que se nieguen a hacer el servicio militar una vez se hayan incorporado a filas.

La cárcel ha demostrado ser, a lo largo de los últimos años, una forma de represión realmente contraproducente para el Estado. Por eso, la idea consiste en retar al Estado a volver a utilizarla, o bien a que tenga que reconocer que no tiene sentido seguir defendiendo la conscripción.

Sin embargo, está claro que dicha defensa no forma parte de las actuales prioridades del Gobierno. Por supuesto, el camino hasta la completa abolición de la conscripción habrá de ser aún largo, pero existen pocas dudas de que la conscripción se desmorona en toda Europa. Esta es la razón de que en el MOC pensemos que esta nueva idea de "insumisión en los cuarteles" no va a ser la solución a todos los problemas del momento presente, por muy efectiva que resulte en contra de la "represión de baja intensidad" a la que nos enfrentamos.

Dentro de lo que es un debate que estamos seguros compartimos con antimilitaristas de muchos otros países, muchos de nosotr@ss creemos que deberíamos dejar de centrar nuestra lucha en el servico militar, incluso antes de que éste desaparezca. Y no se trata sólo de que optemos por otros "temas" a los que dedicar nuestras campañas. Se trata más bien de que empecemos a aprender de los errores que hemos cometido y a superar posibles inercias.

Ha llegado el momento de que los movimientos de objeción hagan una evaluación de la herencia que les ha dejado el sistema de la conscripción, por lo que se refiere a métodos y esquemas de funconamiento.

En la práctica, y más allá de nuestras declaracioes teóricas, seguimos siendo organizaciones predominatemente masculinas; no nos hemos terminado de librar de una cierta tendencia a adoptar una ética e incluso una estética de mártires; muchas veces damos demasiada importancia a la corrección y coherencia de nuestra acción a nivel personal, dejando de lado el análisis de sus consecuencias globales en términos políticos; de cara a preservar nuestra "respetabilidad" como organizaciones, en ocasiones hemos llegado a compromisos con el poder hasta el punto de aceptar como principio básico la idea de que la obligación moral de contribuir de algún modo al bienestar de la comunidad se corresponde de alguna manera con un supuesto derecho del Estado a imponer a las personas algún tipo de servicio obligatorio. Lo cual puede ser, desde luego, un tema de discusión muy interesante, pero aún así supone un punto de partida muy peligroso, en estos tiempos en que muchos gobiernos están considerando seriamente la posibilidad de establecer un servicio social obligatorio.

Teniendo todo esto en cuenta, somos igualmente conscientes de que uno de los objetivos de las actuales tendencias gubernamentales en toda Europa es el de conseguir una transición pacífica a la profesionalización. Su otra gran prioridades, a nuestro entender, el lograr que la población sienta la necesidad de la defensa militar, y de las fuertes inversiones en alta tecnología militar que en este momento se llevan a cabo.

En consecuencia, tenemos que tener presente que no nos podemos permitir el lujo de caer en la tentación de dejar morir en paz a la conscripción. Debemos hacer que nuestras campañas tengan un impacto social contra el aparato militar en su globalidad, insistiendo en que no se trata sólo de que nos neguemos a participar en la mili, sino de denunciar también los intereses militares que abogan por su abolición. Por nuestra parte, centraremos nuestros esfuerzos en presentar todos los nuevos casos de insumisión como un reto al intento de justificación de los ejércitos que se esconde tras conceptos como "intervención humanitaria", "seguridad", "control de crisis" o "mantenimiento de la paz".

No será fácil cambiar. Es posible que haya quien piense que, con la abolición de la conscripción, simplemente ha pasdo ya el tiempo de luchar. Otra gente lo planteará como una simple cuestión de reenfocar la lucha hacia la objeción fiscal, la educación para la Paz o las alternativas de defensa. Pero es todo bastante más complicado. Esto no es una reflexión abstracta, sino que parte de nuestra práctica diaria de lucha, en la que sabemos lo que estamos haciendo, y estamos razonablemente satisfechos con ello. Pero nos hallamos ante un proceso abierto de discusión, y necesitaremos que nuestras mentes también estén abiertas, para que debates y experiencias similares de todo el mundo nos ayuden a encontrar nuevos caminos en la lucha por la desmilitarización.
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