La insumisión: una cuestión de estado

"El acto de la desobediencia, como acto de libertad, es el comienzo de la razón" (E.Fromm) En 1971 Pepe Beúnza fue el primer objetor de conciencia español; ahora visita las cárceles para demostrar su apoyo a los objetores presos que se han negado a realizar el servicio civil que él reclamaba. TOMAS SANCHO, del Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC)-Zaragoza y redactor de Mambrú, revista del MOC, explica cómo la estrategia de la insumisión ha evolucionado.

El termino "insumisión" es la negación de otro: "sumisión". El prefijo "in" ante "sumisión" (del latin: "submissus") en lengua española viene a significar: desobediencia, falta de sometimiento o en clave positiva, parafraseando a E.Fromm, podríamos decir que la insumisión es un acto de libertad.

La población española, hoy en día, asocia la voz "insumisión" con el antimilitarismo, ser "insumiso" es ser antimilitarista. Este significado restringido del término no existía hace unos años, cuando el Movimiento de Objeción de Conciencia puso en marcha la campaña de desobediencia civil que bajo el nombre de "insumisión" es actualmente una pesadilla para el Gobierno español.

El movimiento antimilitarista sale a la luz en 1971 al producirse la detención de Pepe Beúnza, un objetor antimilitarista y cristiano, por negarse a realizar el servicio militar, obligatorio para todos los jóvenes varones. Su detención habia sido prevista. Se desarrolló con rápidez una campaña de solidaridad internacional de gran magnitud. En estos años se reclamaba un servicio civil alternativo al militar gestionado por los propios objetores.

En 1977, con el advenimiento de la actual democracia formal, se decreta una amnistía para todos los presos políticos, incluídos los objetores.

Por entonces en el seno del MOC se produce un debate tras observar la evolución de otros grupos de objetores en Europa occidental -especialmente el caso alemán. La conclusión a la que se llega es que aceptar un servicio civil alternativo al militar implica justificar de un modo indirecto la existencia de la conscripción militar. Sin esta última no se daría el primero. En alemania con un servicio alternativo desde la posguerra y con un importante porcentaje de objetores respecto al contingente militar, el Ejército -y por extensión el militarismo- tan apenas sufre mermas en cuanto a su legitimidad social.

El MOC apuesta por desobedecer el marco legal que el Estado español creó para tratar de integrar la disidencia representada por los objetores de conciencia.

La desobediencia civil promovida por el MOC adquiere distintas formas a lo largo de los años 80 -produciéndose un enfrentamiento cada vez más directo con las instituciones militares. El 20 de febrero de 1989 un pequeño grupo de objetores cargados de razón y coraje, tras una larga preparación, desafían al Ejército negándose a incorporarse en sus filas, a la vez que se niegan a realizar un servicio civil que indirectamente apuntala al militar. Nace la insumisión. Desde aquel día hasta hoy, finales de 1994, más de 10000 jóvenes se han declarado insumisos al militarismo.

El Estado, incapaz de aplicar sus propias leyes -preveen penas de 2 a 6 años de carcel- ha apostado por la represión selectiva (menos de 400 insumisos han sido encarcelados hasta la actualidad).

En los últimos años el Gobierno ha cambiado varias veces el marco legal que afecta a la represión de los insumisos. En 1991 dejaron de juzgarlos los tribunales militares, pues el Ejército sufría un claro desprestigio por ello. Los jueces civiles recibieron con mala gana el papel de ser los verdugos de los insumisos, lo que ha motivado la inobservancia de la ley penal entre los magistrados más progresistas (algunos han absuelto a los insumisos, otros han puesto penas simbólicas lejos de los 2 a 6 años previstos por la ley).

La represión, pese a su caracter selectivo y minimizado, ha supuesto un fuerte desgaste político para el Gobierno. Por esta razón, en 1993, el PSOE decide "endulzar" el encarcelamiento de los objetores.

El sistema penitenciario español establece tres graduaciones de los presos: el primer grado (tan sólo se pueden relacionar con los demás presos una hora al día, el resto del tiempo lo pasan en una "celda de aislamiento"), el segundo grado (conviven con el resto de los presos dentro de la cárcel) y el tercer grado (durante el día salen a trabajar o estudiar, por la noche están obligados a dormir en la cárcel, los fines de semana no acuden a dormir). Los objetores inicialmente estaban en segundo grado, pero en 1993 se decide su paso automático al tercer grado.

Este "regalo" gubernamental es percibido por el MOC como una "manzana envenenada" que pretende neutralizar su crítica antimilitarista, pués la sociedad civil no percibe con la misma nitidez la represión que supone el tercer grado, y a la vez sirve al Gobierno para intimidar a los jovenes -no desaparece la represión, simplemente se suaviza.

En este nuevo contexto la respuesta política del MOC ha consistido en agudizar la desobediencia civil extendiéndola al tercer grado. El 12 y 13 de diciembre de 1993 un grupo de insumisos encarcelados en régimen de tercer grado no acuden a dormir en sus cárceles. Los objetores permanecen encerrados en lugares públicos (universidad, parroquias, sindicatos, grupos vecinales,...) lanzando un reto al Estado: o represión seria (segundo grado) sumiendo el coste político consiguiente, o solución política (desaparición de la conscripción, reducción del gasto militar,...).

A lo largo de dos semanas la policía detuvo a los insumisos, pero entre tanto la prensa escrita nos dedicó sus editoriales, nos invitaron a programas de radio y aparecimos en las pantallas de televisión (a pesar de la censura).

Paralelamente el número de jóvenes que desean acceder al estatuto legal de objetor aumenta vertiginosamente. Existe una relación directa entre el inicio de la campaña de insumisión en 1989 y el aumento del número de objetores. En 1993 supusieron un 30% de los jóvenes llamados por el Ejército. En 1994 seguramente superará el número de soldados. La campaña de insumisión ha permitido publicitar la posibilidad de objetar.

El actual sistema militar español, fundado en el reclutamiento masivo, tiene sus días contados y el Gobierno es consciente de ello. Cuanto más aceleramos el proceso de cambio estructural militar, desde la insumisión, más disfunciones presentará el nuevo modelo militar al construirse de un modo precipitado.

El movimiento antimilitarista podrá aprovechar dichas disfunciones para continuar avanzando. Tras más de 20 años de duro trabajo el antimilitarismo en España ha logrado situarse en el primer plano del debate social. Durante 1994 más insumisos han desobedecido el tercer grado, en la actualidad casi 200 ocupan las cárceles de un estado que -en teoría- consagra la libertad ideológica. Buena parte de la sociedad española está escandalizada al contemplar a los insumisos como presos de conciencia.

La desobediencia civil al tercer grado es el último capítulo de una historia que comenzó de un modo muy distinto, cuando Pepe Beúnza en 1971 reclamaba un servicio civil. Ahora Beúnza visita las cárceles con objetores presos, objetores que se han negado a realizar el servicio civil que Pepe Beúnza reclamaba.

En 1971 la postura de Pepe era útil -permitía hacer critíca antimilitarista. Hoy en día el sistema pseudodemocrático la ha engullido, por esta razón ha sido necesario reinventar la objeción de conciencia, a través de la insumisión y después esta última mediante la desobediencia al tercer grado. En el futuro tendremos que continuar renovando la desobediencia civil -ya estamos debatiendo al respecto- desde la base de la democracia directa.

En un mundo dominado por la injusticia económica, la degradación medioambiental y la violencia estructural estamos obligados a nadar contra corriente.

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