Campaña del Mes: Alianza Ambiental de Paz Oak Ridge – Paren las bombas

Antecedentes

En abril de 2009, el presidente Barack Obama declaró en Praga que implicaba a EEUU en una visión de un mundo libre de armas nucleares. Su visión fue bienvenida casi universalmente, y, finalmente, premiada con el Premio Nobel de la Paz.

Desde entonces, ha quedado claro que la visión del presidente no está provocando un cambio en la política nuclear de EEUU. En vez de esto, las cosas se han puesto, como dice Alicia en el País de las Maravillas, curiosas curiosas. El camino a un mundo libre de armas nucleares, cree al parecer el presidente, pasa primero por el mayor aumento en inversión en armas nucleares en la historia – el presupuesto para la producción de armas casi se doblará, hasta los 13000 millones de dólares, en los próximos cinco años.

El dinero será gastado en “aumento de la extensión de vida” de las ojivas nucleares. En el caso del W76, la nueva ojiva modificada tendrá un nuevo nombre (W76-1) y una nueva capacidad militar. En efecto se trata de una arma nueva.

Pero el mayor aumento es para “modernizar” la infraestructura de producción de armas nucleares de EEUU, incluyendo una nueva instalación minera de plutonio en Los Alamos, Nuevo México (llamada CMRR-NF), una nueva instalación secundaria de producción de uranio enriquecido en Oak Ridge, Tennese (llamada UPF), y una nueva planta en Kansas City en Missouri para confeccionar componentes no-nucleares que controlan la fusión y el disparo de armas nucleares. Se trata de un completo nuevo complejo de armas nucleares con un coste de más de 8000 millones de dólares.

No existe una legitima necesidad militar o de seguridad para producir nuevas armas, extender su vida o construir nuevas instalaciones de producción. EEUU pueden fácilmente mantener reservas fiables mientras se reduce el arsenal al negociar tratados de control de armas. No existe una justificación política que obligue a la expansión de la capacidad de producción. El reciente tratado START fuerza a EEUU a desmantelar cientos de cabezas nucleares y a fijar un tope de 1600 bombas. Existe un amplio consenso de que una reserva de 1600 cabezas es más que suficiente para disuadir a cualquier agresor disuadible. Entonces, si no es una necesidad militar o reocupación por la seguridad, ¿Qué motiva la nueva carrera armamentística? Los beneficios.

La campaña

En 1998, la Alianza Ambiental de Paz de Oak Ridge (OREPA por sus siglas en inglés) lanzó la campaña “Paren las Bombas” para oponerse a la construcción de la bomba en la planta Y12 en Oak Ridge, Tennessee. En Y12 se enriquece el uranio que alimentó la bomba de Hiroshima y después se fabricó la termonuclear secundaria de cada ojiva del arsenal de EEUU. Hoy en día está mejorando activamente la cabeza nuclear W76. La campaña “Paren las Bombas” de OREPA ha trabajado para fortalecer la oposición mediante educación, organización y movilización. La campaña de base ha usado “cada herramienta en la caja de herramientas”. El personal y miembros de OREPA han servido en directorios oficiales federales y de estado, han participado en audiencias públicas formales y sesiones informales de trabajo; han hecho trabajo de apoyo legal en Washington, DC; e incluso han tomado las calles y han sido detenidos en actos de resistencia civil noviolenta, varios cientos de ellos en la última década.

OREPA trabaja en cooperación con otros grupos en EEUU por medio de la Alianza de Responsabilidad Nuclear. A lo largo de los años, la campaña “Paren las Bombas” se ha ocupado de la realidad económica alrededor de las armas nucleares. En reuniones públicas, trabajadores y benefactores corporativos de la producción de armas nucleares, declaran rutinariamente su fidelidad a EEUU y su orgullo en mantener la postura nuclear por el interés en la seguridad. Nunca mencionan cuánto dinero están sacando del negocio de la bomba, pero el gerente general a lo largo de los últimos quince años ha disfrutado de un salario multimillonario. ¿Las empresas? Bechtel, Babcock y Wilcox, la Universidad de California, el gigante de la ingeniería URS, Northrop Grumman y Honeywell, por nombrar sólo a las principales. Cada emplazamiento mantiene a numerosos pequeños contratistas. Recientemente la Administración Nacional de Seguridad Nuclear anunció planes para consolidar algunos contratos en las instalaciones de producción, reduciendo la competencia, consolidando los conocimientos, y aún más importante para los contratistas, ¡maximizando los beneficios!

La realidad económica en muchas de las comunidades de producción de armas son bien evidentes. Los emplazamientos fueron desarrollados muchas veces en secreto, para construir armas nucleares, y las comunidades que se desarrollaron alrededor de ellos mantienen este enfoque, porque es lo que saben hacer y para lo que son pagados. Como estos lugares han tenido una gran huella en la economía regional, han ejercitado una influencia desproporcionada en Washington, DC y están bien posicionados para proteger sus ganancias incluso ante la incertidumbre económica. Así, son testigos de la duplicación del presupuesto para armamento nuclear al mismo tiempoque se anuncia un congelamiento de la mayoría de gastos en el área
no-militar.

Los esfuerzos para detener las nuevas plantas de producción de armas nucleares son permanentes. OREPA continua educando, organizando y movilizando, en las calles y en las oficinas de los que toman las decisiones. Los activistas de base están ganando impulso en Kansas City por medio de una serie de acciones este verano, y en Los Alamos están montando una oposición multifacética al CMRR-NF.

Para más información:

http://www.stopthebombs.org/